The Avengers nacieron en contraposición a La Liga de la Justicia

The Avengers nacieron en contraposición a La Liga de la Justicia

Vieron la luz a principios de los sesenta como respuesta a La Liga de la Justicia de DC Comics, y desde entonces The Avengers han protagonizado multitud de páginas de tebeos de Marvel, en una especie de concitación de estrellas de viñetas. Stan Lee y Jack Kirby idearon aventuras por doquier, en las que los héroes tenían los nombres de Iron Man, Avispa o El Increíble Hulk, grupo de elite señera contra el que los malvados de turno poco tenían que ofrecer.

Joss Whedon es el encargado de la adaptación del cómic

Joss Whedon es el encargado de la adaptación del cómic

Entrado el siglo XXI, y con la escasez de guiones originales que adeuda Hollywood, Los Vengadores tienen la oportunidad de saltar de las hazañas de pluma e imprenta a la pantalla grande. Joss Whedon, un ferviente admirador del serial en papel a quien los aficionados al género fantástico asociarán con Buffy Cazavampiros, es el responsable de este proyecto, que -de llevarse a cabo- podría reunir un reparto de los de quitar el hipo taquillero. Samuel L. Jackson (en la piel de Nick Furia), Robert Downey Jr (como Iron Man), Sacarlett Johansson (embutida en los ropajes de La Viuda Negra), Chris Hemsworth (caracterizado como Thor) y Chris Evans (transmutado en el Capitán América) son algunos de los nombres que se barajan para dotar de físico a este equipo de superhéroes de relumbrón. Para acabar, una sorpresa: tal vez, Lou Ferrigno sea el encargado de poner voz o grito peleón a Hulk para esta adaptación cinematográfica.

La agente Danna Scully, de Expediente X, tendrá que lidiar ahora con las ocurrencias de un compañero algo más pesado que el agente Fox Mulder: Johnny English.

Gilliam Anderson, como la agente Scully

Gilliam Anderson, como la agente Scully

El espía que caracterizó el cómico Rowan Atkinson hace ahora siete años regresa a la pantalla grande; aunque en esta ocasión cambia el director original Peter Howitt por el marcadamente literario Oliver Parker (Dorian Gray). El humorista que se dio a conocer internacionalmente con los personajes de Mr. Bean y de Black Adder está en estos momentos haciendo realidad su sueño de despejar dudas sobre la secuela de Johnny English, un asunto que le ha dado más de un quebradero de cabeza a este amante de los coches potentes y la vida lujosa. De hecho, la estrella televisiva vio peligrar su carrera -según las malas lenguas, tuvo que pasar por las manos de algún que otro especialista de la mente- tras las negativas para dar marcha a este proyecto, destinado a devolverle a la popularidad perdida en este tiempo de ausencia de interpretaciones realmente significativas.

Johnny English comenzó sus aventuras en 2003

Johnny English comenzó sus aventuras en 2003

Un reparto de caras conocidas (además de Anderson y Atkinson, se podrá ver a Dominic West y a Rosamunde Pike, entre otros actores) y una trama que gravita sobre los intentos de asesinar a un mandatario de origen chino son los datos más sobresalientes de un filme que llegará a las salas del planeta –si la adversidad no lo impide- en 2012.

Cartel de la exposición

Cartel de la exposición

La luz grisácea de París se cuela por las bóvedas de cristal del Grand Palais, iluminando con su aparente frialdad la magna obra de Claude Monet (1840-1926). Titulada con el nombre del artista, la muestra que coordina el presidente de la Reunion de Musées Nationaux (Guy Cogeval) se aloja –hasta el próximo 24 de enero- en las dos plantas del señero complejo situado en los Campos Elíseos. Espacio en el que el visitante podrá descubrir la singularidad y calidez del que se ha considerado precursor del Impresionismo, un hombre con aspecto afable que guardaba en su mirada la sabiduría de los grandes maestros, los que sabían imprimir las telas sin que si quiera se notara la pincelada.

Monet, el gran paisajista del XIX

Monet, el gran paisajista del XIX

La gran mayoría de los que conocen el trabajo de Monet destacarían sin duda su capacidad como paisajista, enamorado de la insinuación y de los componentes oníricos de una Normandía sin la sangre vertida en la Segunda Guerra Mundial, un Londres envuelto en nieblas pertenecientes a un misterio de naturaleza espectral o una Venecia plagada de canales imprecisos, de aguas desbordadas de imaginación y cromatismo lumínico. El hombre que inmortalizó los nenúfares sobre los estanques era un experto en descomposición, tanto de paleta como de la escena en sí. Y eso queda reflejado en esta exposición que, a modo de repaso por ejes temáticos y conceptuales además de cronológicos, recoge la grandeza y sobriedad de alguien que supo dar una evolución a la pintura semejante a la experimentada en otras épocas, como la renacentista.

Claude Monet con su imponente barba

Claude Monet con su imponente barba

Tanta pasión por los pinceles se transformó en una producción realmente intensa, lo que ha llevado a la organización a dividir la muestra en dos partes, la primera en el mencionado Grand Palais y la segunda en el Museo de l’Orangerie, donde se puede contemplar la labor del pintor en el terreno de la ornamentación.

Imagen aérea del Grand Palais, en París

Imagen aérea del Grand Palais, en París

Desde hacía treinta años, Claude Monet no era objeto de una retrospectiva como la que ahora se presenta en el centro mismo de la Cuidad de la Luz, motivo por el que se espera una afluencia masiva de visitantes, deseosos de circular -aunque sólo sea de manera figurada- por los callejones del París modernista y beodo del siglo XIX y por los aún frondosos bosques de Fontainebleau; para recostarse y descansar al final del trayecto en el jardín Giverny, diseñado por el propio artista.

Ante tal ejercicio de esfuerzo por acercarse a una de las personalidades más indiscutibles y compactas de la historia del Arte, sólo queda una propuesta humilde y pretendidamente alejada de un medio informático como el de este blog, conformado  a base de código binario. Si usted tiene la oportunidad de embarcarse con dirección a la urbe del Sena y pagar los 18 euros de la entrada (variaciones con crucero y atracciones turísticas entre 35 y 45), póngase ante una de las grandes telas colgadas. Mírela un momento y luego cierre los ojos. Recree entonces interiormente la imagen y verá que cobra vida, porque Monet –como decían los entendidos que le conocieron- no pintaba la naturaleza, sino que la recreaba. Una vez hecho esto, comprenderá que en el Impresionismo está la clave del tan publicitado 3D.

Los nenúfares fueron uno de sus grandes temas

Los nenúfares fueron uno de sus grandes temas

Antes de acabar, sería bueno puntualizar una pega a la muestra. Los que busquen el cuadro Impresión, sol naciente, que dio nombre al movimiento impresionista, no lo encontrarán; ya que el Musée Marmottan no lo ha prestado para la ocasión. No obstante, los que lo echen de menos, lo podrán contemplar próximamente en otra exhibición, esta vez dedicada a Monet en las colecciones privadas.

Rodillas pertenecientes a la serie Bilders, atribuída a Wolfgang Breurs

Rodillas pertenecientes a la serie Bilders, atribuída a Wolfgang Breurs

Recopilar recuerdos cotidianos, formando un museo paralelo… Podría parecer que, ante tal sentencia, el artista germano Hans-Peter Feldmann (Düsseldorf, 1941) se ha dedicado durante años a adicionar pragmatismo obsesivo al Arte; anulando supuestamente la parte emocional y vaporosa en la que se refugian muchos de sus compañeros de los fogonazos, la paleta, el lienzo y el puzle de corta y pega.

Dollarbill With Red Nose

Dollarbill With Red Nose

Conceptualista por derecho propio, el creador de la tierra de Goethe invita a descubrir sus anhelos de coleccionista sui generis, de malversador de lo primigenio, en una magna exposición -comisariada con efectividad por Helena Tatay- que el Centro de Arte Reina Sofía ha programado en Madrid, desde el 22 de septiembre al 28 de febrero de 2011.

Portrait With Strange Eyes

Portrait With Strange Eyes

Cerca de cien propuestas de mestizaje incierto y literal componen el paseo o rastreo por el mercadillo de Herr Feldmann. Zapatos de tacón de aguja que harían las delicias de Jessica Alba o Carla Bruni, álbumes de fotos debidamente retocadas con la técnica pre-photoshop del collage o sofás de muelles retorcidos y estampados polvorientos son algunos de los objetos que se atrincherarán en la vista de los que deambulen por los pasillos del antiguo hospital de San Carlos.

Striking a Pose

Striking a Pose

Las piezas cotidianas de este amigo de la manipulación de tijera y pegamento promueven el acercamiento a una pasión artística que comenzó en 1968, cuando Feldmann presentó en sociedad sus libros llamados Bilders (Imágenes), unos manuales en los que recogía todas las escenas que estampó el objetivo de su cámara. Pero sería injusto reducir el carácter multidisciplinar de este hijo de Düsseldorf a la mera definición de fotógrafo, ya que pocas cosas en el cosmos figurado de la plástica le han sido ajenas.

Dos niñas, 1999, cortesía de la galería Konrad Fischer, Düsseldorf

Dos niñas, 1999, cortesía de la galería Konrad Fischer, Düsseldorf

Es cierto que las propuestas escénicas del autor de las Time Series (visiones de hechos aparentemente insignificantes, que dan una clara idea sobre la vital importancia de la intrahistoria) no son excesivamente novedosas; y que existen múltiples huellas coetáneas en artistas de la talla de Rauschenberg, Ed Ruscha o su compatriota Gerard Richter. Pero la fuerza de sus creaciones y lo compacto de su cuidada metodología, así como el discurso probatorio de la calidad de sus acciones, pusieron merecidamente a Feldmann en el Olimpo de los artistas teutones durante más de dos décadas (lugar de corte celestial en el que todavía continúa). Enfrentarse a la realidad transformada por el ojo de este mago de la rutina diaria es algo conveniente para sobrevivir en un universo en el que sólo existen certezas; y si es en versión mercantilista, mejor que mejor.

El cocinero, el ladrón, su mjer y su amante; una de sus obras más conocidas

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante; una de sus obras más conocidas

Hace años, el ex pintor galés Peter Greenaway (1942) se convirtió en el azote creativo de la industria audiovisual. Sus teorías no dejaban indiferente a nadie y gozaban de un cierto crédito entre los seguidores del llamado cine de autor, que veían en él una especie de vidente sobre el incierto futuro del séptimo arte. Pero el tiempo parece haber domesticado a esta fiera inquieta, que clamaba en el desierto cuando demandaba un lenguaje fílmico propio, alejado del habitual peso de la narrativa hablada en los guiones.

John Gielgud, en "Los libros de Próspero"

John Gielgud, en "Los libros de Próspero"

Atrás quedan los mayores logros en formato del celuloide de Greenaway, que comenzaron con la exquisitamente matemática y analítica El contrato del dibujante (1982); y continuaron con El vientre de un arquitecto (1987), Drowing by Numbers (1988), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), The Baby of Mâcon (1993) o The Pillow Book (1996). Sin olvidar, la que es sin duda su apuesta más arriesgada hasta el momento; a la vez de su película más personal y destacable: Los libros de Próspero (1991). Los fotogramas que desgranaban estas producciones no tenían desperdicio. Análisis de tipo aritmético, cromático, de desdoblamiento continuo de realidades en la misma pantalla o de falso puritanismo por sus abundantes desnudos (el artista británico fue el primero en conseguir mostrar el cuerpo en cueros del genial y entonces octogenario Sir John Gielgud; aparte de grabar también contundentes integrales de Helen Mirren, Brian Denehy, Don Henderson, Ewan McGregor, John Standing, Ralph Fiennes y del casi nonagenario en esa época Bert Svenhuijsen, entre otros), cualquier clase de interpretación -física o espiritual- era posible para comprender una obra que gozaba de una incuestionable belleza visual y auditiva, este último aspecto merced -en gran medida- al trabajo de Michael Nyman.

Gielgud protagonizó su primer desnudo frontal con Greenaway

Pero los años no le han sentado bien a las musas del director galés, y su capacidad para sorprender se empezó a ver apagada desde que sus teorías fueron superadas. Su empeño en rodar en alta definición ya no es futuro, sino presente; y sus personajes alardeando de genitalidad no espantan ni levantan suspicacias en un mundo en el que están Spencer Tunick y el abuelito del porno, Shigeo Tokuda. Todo ha cambiado, y Greenaway ha regresado a su primera inspiración: la pintura. Así, tras la deslavazada y bastante decepcionante La ronda de noche (2007), el cineasta filma en estos momentos Goltzius And The Pelican Company, sobre las peripecias del creador holandés Hendrik Goltzius, quien en el siglo XVI se dejó la piel para publicar un libro ilustrado del Antiguo Testamento. Quizás, esta película ni se pase por los circuitos internacionales  -como ya ocurrió con las últimas entregas de Las maletas de Tulse Luper y Peopling The Palaces At Venaria Reale-, pero está bien resaltar las últimas aventuras de un hombre que se atrevió a reivindicar una revolución -aunque sofocada por los acontecimientos- en esto del cine.

"Ronda nocturna", la última película estrenada de Greenaway

"Ronda nocturna", la última película estrenada de Greenaway

Kevin McCarthy contra los alienígenas, en La invasión de los ladrones de cuerpos

Kevin McCarthy contra los alienígenas, en La invasión de los ladrones de cuerpos

Nunca fue una de esas estrellas que copaban portadas de revistas, pero el rostro de Kevin McCarthy (Seatle, Washington, USA, 1914- Massachussetts, 2010) es de esos de los que cualquier persona puede recordar sin esfuerzo en alguna película o serie de televisión. Su pelo prematuramente blanco, su rostro de los de sonrisa franca y su físico atlético fueron sus señas de identidad, para meter la cabeza en una época en la que Hollywood se vanagloriaba de ser catalogada como la industria del star system.

Aunque sus intenciones eran las de destacar en el terreno dramático, este vástago de familia acomodada no logró colarse por el portalón de la fama retribuida con algún Oscar; teniendo que conformarse con llamar la atención por la entonces concebida puerta de atrás: la de la serie B. La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegle, 1956), basada en el célebre relato de Jack Finney, inmortalizó a McCarthy entre los que amantes de la ciencia ficción. Atrás quedaban sus intentos de ser considerado como un actor especializado en textos clásicos, ya que el género fantástico comandó las palancas de su nave profesional. Las vainas alienígenas regalaron al hermano de la escritora Mary McCarthy una popularidad de la que nunca se desprendería; aparte, le brindaron en bandeja papeles con enjundia, como el del remake de La invasión de los ladrones de cuerpos (Phillip Kaufman, 1978), Piraña (Joe Dante, 1978) o el de la versión cinematográfica de En los límites de la realidad (varios directores, 1983).

Puede que la muerte de Kevin McCarthy no merezca para los encargados de los informativos ni unos segundos en pantalla, pero los aficionados a la imaginación y a la existencia de mundos más allá del planeta azul –aunque sólo sea desde el punto de vista del celuloide- no olvidarán que este intérprete les asustó admirablemente, en un pasado que se puede revivir a tiro de DVD.

Cartel de la película

Cartel de la película

Ayer, el festival de Toronto (Canadá) se transformó en un mundo destruido, apocalíptico. El responsable fue el director Brad Anderson (El maquinista), quien presentó en sociedad el filme Vanishing on 7th Street: una visión destructiva del planeta Tierra, animada con pizcas de misterio y terror.

Hayden Christensen intentando no desaparecer

Hayden Christensen intentando no desaparecer

La trama gravita en torno a cuatro personajes, supervivientes de una devastadora e inesperada anulación de la Humanidad. Entre los que han conseguido escapar –de momento- de la muerte por desaparición imprecisa están un reportero de televisión –al que encarna el actor Hayden Christensen, más conocido como el joven Darth Vader de La venganza de los Sith– y una mujer que busca desesperadamente a su bebé –a la que pone rostro la británica Thandie Newton-. Las calles desoladas por la devastación, y las ciudades ajenas a cualquier vestigio de vida, son los escenarios por los que transcurre una película que causa sorpresa y una agradable sensación de asfixia.

Claude Chabrol deja huérfana a la Nouvelle Vague

Claude Chabrol deja huérfana a la Nouvelle Vague

Con la muerte de Claude Charbrol (Paris, 1930- 2010), la Nouvelle Vague pierde a su cineasta más popular en taquilla, con permiso del también fallecido François Triffaut. De oronda figura y eterno puro entre los dedos, Chabrol fue un creador al que no le preocupó en exceso la experimentación técnica que quitaba el sueño a muchos de sus compañeros de filas, ni la reinvención de lo que el grupo vanguardista al que pertenecía se empeñaba en llamar el séptimo arte. La naturalidad con la que maestros de la talla de Alfred Hitchcock –sobre el que el propio Chabrol escribió un ensayo desde las páginas de la revista Cahiers du cinéma– tocaba la fibra sensible de todo ser viviente era lo que más ansiaba alcanzar el por entonces joven realizador. Dicen los que le conocían, que el autor de La flor del mal escogía los rodajes de sus películas apoyándose en la guía Michelín -el comer bien fue uno de sus pecados confesables en cualquier reunión ante la Prensa-; y que se expresaba verbalmente con la visceralidad  que exhibía su mirada inquieta, casi psicótica, desbordada… Esas pupilas a punto de estallar fueron las responsables de la mejor disección, a base de fotogramas, que se ha llevado a cabo de la clase media francesa; una burguesía acomodada y aburrida de sus etiquetas que ocultaba bajo la alfombra los vicios perversos de las conciencias culpables, de los asesinatos silenciados por un estilo de vida carente de excesos febriles.

Fotograma de Madame Bovary

Fotograma de Madame Bovary

Todo comenzó en 1958, cuando Chabrol presentó internacionalmente su filme El bello Sergio , con el que inauguró su carrera tras las cámaras. A partir de ese personaje que regresaba a una tierra de La Marsellesa cambiada menos en la tonalidad tricolor de su bandera, el director apuntaló una senda profesional trillada de tipos mezquinos, tan humanos que casi dañaban la visión moralista y éticamente salvable de los descendientes de Adán y Eva. Barbazul (producción que el creador dedicó, en 1963, a la figura de Landrú), El carnicero (1970) o La ceremonia (1995) son algunas de las obras más sobresalientes en su oscuridad de este vástago de farmacéutico, que asistió al mayo del 68 con los guantes blancos de quien ve los toros desde la barrera.

El carnicero (1970)

El carnicero (1970)

El cine de Chabrol nunca ha sido incendiario por particularmente innovador; aunque, si se profundiza un poco en las reflexiones que vierten sus fotogramas, se puede atisbar una visión tan actualizada del comportamiento de los terrícolas que lo convierte en eterno por imperecedero, pese a no ser particularmente transgresor y revolucionario. Al contrario que muchos de sus camaradas del “acción” y “corten”, Chabrol siempre confió sus largometrajes a intérpretes con tablas; y en concreto a bellas y poliédricas musas en las que apoyar la fuerza escénica de sus personajes femeninos. Por un lado, Stéphane Audran se convirtió en su fetiche en la pantalla durante el tiempo que duró el matrimonio entre ambos (1964-1980). Luego, tomó el relevo con fiereza y salvajismo Isabelle Huppert, quien sólo ejerció de actriz y nunca de esposa en la vida real.

Cartel de Bellamy, filme no estrenado aún en España

Cartel de Bellamy, filme no estrenado aún en España

Llegado a los ochenta años, el tiempo había sido generoso con el trabajo del grabador de La sangre de otros (1978) y Madame Bovary (1991); ya que nada había logrado oxidar su material con los líquidos corrosivos de lo  anticuado o pasado de moda. Para muestra, un botón: ¿No hay mucha similitud entre los comportamientos de los protagonistas de Match Point, de Woody Allen, y muchos de los tipos aparecidos en las cintas sobre la distorsión aburguesada de Chabrol?

Eterno Chabrol

Eterno Chabrol

Vitalista hasta el último aliento, el cofundador de la Nouvelle Vague aún tiene por estrenar en España Bellamy, un filme policíaco cuyo elenco artístico lo encabeza Gérard Deparideu. Y los que se acercaron a las salas para ver Gainsbourg (Joann Sfar, 2010) pudieron ver al director haciendo un cameo, con su puro y su exportada mirada hambrienta de emociones. Quizá, valga una frase de Chabrol para definir su paso por el séptimo arte: “Soy comunista, pero esto no quiere decir que haga películas relativas a las cosechas de tirgo”. Así era el cine de este maestro de la escena, de los placeres prohibidos y las penitencias rotuladas con un simple “The End”.

Pareja profesional

Pareja profesional, en plena faena

Matt Damon y el veterano Clint Eastwood vuelven a verse las caras en Hereafter, tras su intensa y deportiva colaboración en Invictus. En esta ocasión, la estrella de la saga de Bourne se pliega a las exigencias de Harry, el Sucio como director para meterse en la piel de un americano azotado por una experiencia al borde de la muerte. Este angustioso y existencialista sentimiento, cercano a la luz blanca, une al rubio norteamericano con una periodista francesa y a un estudiante inglés. Juntos intentarán resolver un misterio que trae de cabeza al ser humano desde que accedió al pensamiento abstracto.

El estreno en España está previsto para el próximo mes de enero de 2011, y supondrá un refrigerio tenebroso ante lo que puede convertirse en la película más polémica en la extensa filmografía de Eastwood: Hoover. El acercamiento, aparentemente sin velos distorsionadores ni  maqueos conservaduristas de por medio, a la vida de J. Edgar Hoover –el mandamás del FBI durante el conflictivo periodo de lucha contra el comunismo- promete encender la mecha de los que aún idolatran a este poderoso individuo, poseedor de un pasado más que sombrío. Clint promete no pasar por alto los episodios relativos a la supuesta homosexualidad y travestismo que salpicaron la biografía del otrora respetable y temido ciudadano Hoover. Y lo hará con el convincente rostro de Leonardo DiCaprio, en lo que supone un ejercicio titánico de caracterización.

Cartel oficial de La otra hija

Cartel oficial de La otra hija

Kevin Costner deja de bailar con los lobos y regresa a la pantalla grande con el guionista de Rec, Luis Berdejo, como director. El sex symbol de los ochenta y parte de los noventa se ha dejado seducir por el cineasta criado en San Sebastián, con una historia basada en un relato del escritor de misterio John Connelly. En ella, se narran los problemas de un autor de éxito recién divorciado, que debe ganar terreno con sus dos hijos. Para ello, el hombre de pluma fácil se traslada con sus retoños a una casa escondida en el bosque. Pero, en medio de la maleza y el ulular de los búhos y lechuzas, no están tan solos como pensaban: una presencia extraña y sobrenatural les acecha.
Ivana Campo, la expresiva niña de El laberinto del fauno, completa el reparto con el protagonista de El guardaespaldas y el niño perdido de El intercambio.
El largometraje tiene previsto su estreno en España el próximo mes de octubre.