Mark Rothko tinta París

Mark Rothko es uno de los protagonistas de la temporada artística otoñal en la Cuidad de la Luz, con la retrospectiva de su trabajo que alberga el imponente edificio de la fundación Louis Vuiton. La muestra reúne 115 obras del creador letón, nacionalizado estadounidense, que van desde sus inicios en la figuración costumbrista, a sus célebres bloques compactos de color, con los que elevó la profundidad dramática de la abstracción norteamericana.

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Mark Rothko
Mark Rothko intenta dialogar con los espectadores, en el interior de la fundación Louis Vuiton.

Mark Rothko se suicidó en su estudio neoyorquino asediado por una trágica depresión, agravada por sus problemas de alcoholismo. En esos momentos de silencios anhelados, el maestro del expresionismo abstracto se sentía perdido y profundamente decepcionado, al pensar que sus propósitos plásticos habían sido malinterpretados por la mayor parte del público y de la crítica especializada.

Las sensaciones por delante de la razón, el diálogo por encima de las comprensiones de cuño unilateral, las reflexiones como motores de las proyecciones pigmentadas… Los pinceles de Mark Rothko incendiaban sus pelos oleosos para revelar caminos sorprendentes de conversaciones necesarias entre la obra y quien la contempla, como si establecieran una liturgia mística que confluía en un lenguaje desnudo de artificios, y carente de aparatosos resortes intelectualizados y elitistas.

Me convertí en pintor porque quería llevar la pintura al nivel del drama humano, de la música y de la poesía“, confesó en una ocasión el propio Rothko, para insinuar que sus imágenes no eran más que rieles sobre los que aposentar la locomotora del pensamiento colectivo e individual; vías destinadas a proponer un viaje apasionante, y a plantear algunas de las cuestiones trascendentales que diseñan el existencialismo como filosofía activa, y cambiante según las épocas y las costumbres.

Mark Rothko
Mark Rothko nunca quiso que sus obras se convirtieran en objetos meramente estéticos.

Debido al éxito de sus bloques cromáticos, el artista nacido en Letonia, en 1903, observó cómo el mundo del mercado del arte no aceptaba como válidas sus conexiones con la condición dolorosa de los hombres y mujeres del siglo XX; y confería a sus cuadros un significado meramente estético: elemento superfluo, que no era en realidad más que la llave para adentrarse en otra clase de diálogos eternos.

La fundación parisina Louis Vuiton recupera el pulso visceral del legado de Mark Rothko; y lo despliega cronológicamente en el interior de su edificio capitalino, proyectado por el arquitecto Frank Gehry. Un laberinto de pinceladas emotivas y aceradas, que exhiben el paso de la figuración realista del creador letón a la abstracción de índole anímico, con sus deformadores rectángulos de gradación cromática.

MARK ROTHKO ESTABLECE EN PARÍS UNA CENTRAL DE CONVERSACIONES SORPRENDENTES, ENTRE LOS PIGMENTOS Y LOS SERES HUMANOS

Las 115 pinturas colgadas en la fundación Louis Vuiton dejan constancia de la evolución plástica de Mark Rothko, aunque sus diferentes etapas vitales no establecieron dependencia alguna entre lo representado en los lienzos y las propias experiencias del autor.

El mecanismo creativo del maestro de la abstracción se nutría sobre todo de las inquietudes que este observaba en su entorno más inmediato, y las transformaba en narraciones escondidas tras paletas pigmentadas de ocres carnosos, negros atomizadores, blancos vaporosos, azules espectrales, rojos sublimados, verdes tenebrosos y amarillos vivificadores.

Establecer un mecanismo para elaborar un efectivo lenguaje del sentimiento a través del color, como resaltó el también pintor Robert Mothertwell, es lo que prima en la construcción de cada lienzo y pieza ideada por MR. Y el resultado es un conjunto pictórico de relevancia atemporal, en el que es posible localizar el significativo dramatismo del hombre que trasladó a sus secuencias la carga lacerante del Holocausto nazi, y la angustiosa persecución que sufrió en su niñez.

Mark Rothko
Mark Rothko no era objeto de una retrospectiva en París desde 1999.

Entre las principales atracciones de la exposición montada en las salas de la fundación Louis Vuiton se encuentra la posibilidad de disfrutar de la deslumbrante sala Rothko, de la colección Phillips, en Washington D.C.; o de los murales Seagram, pertenecientes desde 1969 a la Tate Modern de Londres.

El esfuerzo llevado a cabo por los responsables de esta cita parisina permite a los espectadores pasear por las entrañas convulsas de un creador empeñado en cambiar el discurso que se establecía con respecto a sus obras, y que propagaban voces supuestamente autorizadas desde distintos ámbitos intelectualizados (por ejemplo, Rothko modificó progresivamente los colores de sus bloques cromáticos, para que no fueran asociados a ideas simplistas de felicidad, esperanza e ilusión).

Como único requisito para visitar la muestra ubicada en la urbe del Sena, la presencia invisible de MR incita a sentarse tranquilamente durante unos minutos frente a cualquier obra de su autoría que encienda la curiosidad de quien la contempla, y establecer una charla sin palabras precisas y sin distorsiones de racionalidad equivocada.

Esa la fórmula para alcanzar la máxima de que los silencios importan.

Nota: La exposición de Mark Rothko estará abierta en la fundación Louis Vuiton de París hasta el 2 de abril de 2024.

Más información, entradas y horarios en

https://fondationlouisvuiton.fr

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