John Irving retrata su odisea hispana
John Irving viaja al corazón de México con su última novela: Avenida de los misterios. Una narración entre el pasado y el presente, que en mayo asaltará las librerías españolas y de Latinoamérica traducida por Tusquets Editores, dentro de la Colección Andanzas.
Las palabras saltan por los desperdicios de Oaxaca, mientras un chaval llamado Juan Diego captura la letras al vuelo del halcón. El entonces niño extrae la savia intelectual y sensitiva de las frases impresas en inglés y español ocultas en esa caverna de inmundicia, presididas por los fantasmas ausentes de don Miguel de Cervantes y de William Shakespeare.
Allí, en la biblioteca de los olvidos carcomidos por las ratas y las cucarachas, el protagonista de Avenida de los misterios quita las máscaras a las deserciones existenciales, como si agarrara fuertemente la sensación de soñar al aire de las fantasías de otros seres: mentes totalmente desconocidas y amigables para él.
En ese universo de figuras difusas es donde John Irving asienta su pluma de Ulises voluntario, para crear un libro con esencias nostálgicas y geografías circulares. Un texto con alma de máquina en el tiempo y vitalismo reflexivo, en el que el autor de El mundo según Garp desborda una prosa herida por los recuerdos, y arañada por la tristeza de las pérdidas irremediables.
JOHN IRVING BUSCA SU MUSA ENTRE LOS ESCOMBROS
El paisaje se puede cortar con la desesperación del hambre y las caídas a los abismos de la soledad, mientras el pequeño Juan Diego patea el basurero con su hermana Lupe: una niña que es capaz de leer la mente. Una madre prostituta y un padre ausente identifican el inexistente núcleo familiar de los críos, lo que deja a los jóvenes en el desierto de la invisibilidad futura.
A partir del retrato de ese personaje bautizado con nombre de apóstol (cojo de un pie, y sin mayor placer que el de intentar leer todos los párrafos que encuentra entre latas abolladas y recipientes inservibles), el literato nacido en New Hampshire construye un entramado dramático que engrosan un jesuita y una prostituta, los cuales acompañan a JD a Iowa: tierra de promisión, donde el héroe hallará su Ítaca en forma de libros.
Sin embargo, esa es solo una parte del argumento. La otra muestra a Diego convertido en un writer de cincuenta y cuatro inviernos, asentado en USA y con el deseo implícito de completar una travesía hasta Filipinas. Precisamente, en ese accidentado traslado, el inventor de relatos toma contacto con una madre y su hija, que le harán comprender un poco mejor el sentido de su círculo vital (justo como dirían Simba y Sir Elton John).
Con constantes flashbacks, el ganador de un Oscar por el guion de Las normas de la casa de la sidra dibuja un alterado mapa humano, en el que hay un sitio especial para la pobreza; y donde el elemento principal puede resumirse en el anhelo por escapar de la marginación a través de la cultura.
Un sueño que Juan convierte en realidad con valentía y sacrificio, aún a costa de borrar su ADN como individuo.
Vídeo de presentación de Avenida de los misterios, por John Irving. Random House of Canada
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