Arthur MillerArthur Miller expuso la pscosis colectiva del "mccartismo", emulada por los juicios de "Las brujas de Salem".
Arthur Miller
Arthur Miller expuso la pscosis colectiva del “mccartismo”, emulada por los juicios de “Las brujas de Salem”.

 

Arthur Miller vivió en primera persona el agobio y le persecución judicial de la que fueron objeto las personas de ideología catalogada como comunista, durante la época del llamado “macartismo“. Expoleado por la destrucción de cualquier signo de apariencia marxista que existiera en Estados Unidos, el senador republicano Joseph McCarthy hizo de la nación de la barra y estrellas un lugar de pesadilla y delación generalizada entre 1950 y 1956, con la connivencia de los tribunales de justicia. Una situación que, a tenor de las palabras del actual presidente de USA (Donald Trump), no descartaría revivir si tuviera la oportunidad de hacerlo; según declaró en el reciente discurso de celebración de los 250 años de la independencia estadounidense, en el que animó a la lucha sin cuartel contra los opositores a sus medidas supremacistas y carentes de preceptos democráticos.

Durante los duros años que transcurrieron entre 1950 y 1956, la mente del dramaturgo Arthut Miller ideó la excepcional obra titulada Las brujas de Salem (tambíén conocida como El crisol). El texto fue publicado en 1952, y su primera representación teatral tuvo lugar en 1953. Tal fue la fuerza inspiradora de ese viaje a la neurosis desplgada por los puritanos en la región de Salem (Massachusetts), en 1692, que el libreto ganó un prestigioso premio Tony.

El argumento de Las brujas de Salem hace referencia a los juicios que se llevaron a cabo en Nueva Inglaterra en el siglo XVII, cuando unas jóvenes (lideradas por la delirante Abigail Putnam) acusaron a numerosos de sus vecinos de prácticas de hechicería. Las autoridades eclesiásticas se hicieron eco de las falsas acusaciones; y, al final, catorce mujeres y cinco hombres fueron sentenciados a muerte, por medio de unos casos que la imaginación pervertida de unas adolescentes habían creado de principio a fin.

Arthur Miller
Montesquieu debería estar más presente en la actualidad judicial española, a través de su libro “El espíritu de las leyes”.

 

Lo que parece algo pretérito, lo vistió Miller con los ropajes alegóricos de una actualidad hiriente y amenazante. Sin embargo, cabría preguntarse, ¿no es posible entrever ciertos paralelismos entre lo sucedido en Salem con algunos signos de actuación judicial, circunscrito a las altas instancias, en la España de este siglo XXI? Los casos llevados ante los tribunales con los únicos indicios de recortes de periódicos que intentan erosionar la resistencia del gobierno de Pedro Sánchez, y los cuales no están sufiientemente contrastados, y la aparatosa doble velocidad en las investigaciones judiciales en función de la línea política de los imputados han llevado al CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) a preguntar sobre la fiabilidad y confianza de los ciudadanos en la justicia española. Frente a semejantes aventuras de significancia irregular como la descrita con acusaciones populares en entredicho, términos como el de lawfare han saltado a la palestra de manera protagónica.

En una sutil correlación con las denunciantes de Las brujas de Salem y con los perros de presa del macartiusmo; los delatores, a los que impulsan muchas veces oscuros intereses políticos o económicos, consiguen en muchas ocasiones qye los juzgados avalen lo que al final busca únicamente la aniquilación del contrario, de cualquiera que piense de forma diferente a los que lanzan la piedra al estanque de las cortes penales. Un camino que en esta época conlleva el agravio añadido de los juicios mediáticos.

ARTHUR MILLER Y MONTESQUIEU COINCIDIERON EN LA NECESIDAD DE UN SISTEMA JUDICIAL INDEPENDIENTE E IMPARCIAL , POR ENCIMA DE LAS IDEOLOGÍAS

En la reciente encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), los españoles preguntados mostraban su desconfianza en el sistemca judicial; y, sobre todo, en su supuesta independencia de la política. Ante resultados como estos, la palabra lawfare es un dardo conceptual efectivo, posible y razonable.

El término lawfare saltó del estamento militar a los dominios de las togas, para designar “las acciones judiciales emprendidas como parte de una campaña en contra de un país o grupo“, según el diccionario de la Universidad de Oxford. Esto entra directamente en conflicto con las teorías del filósofo, pensador y jurista ilustrado Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, y de su célbre texto El espíritu de las leyes.

Arthur Miller
Román Gubern estudió, en una línea menos alegórica que la de Arthur Miller, la pesadilla del macartismo.

 

Esta obra, publicada en 1748, supuso el establecimiento del esqueleto de los sistemas democráticos, con una división de poderes que se ha aceptado como la mejor manera de convivencia institucional en la época contemporánea. El autor dieciochesco marcó, con un razonamiento incuestionable y un sentido lógico y pragmático de alto nivel analítico, las fronteras entre el poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial; siempre inspirado en las experiencias previas en países como Gran Bretaña, y en los escritos de intelectuales como John Locke y Henri de Saint-Simon. El tiempo transcurrido desde la publicación inicial de El espíritu de las leyes debería haber engrasado con eficacia la maquinaria de los gobiernos democráticos; pero semejante aseveración no está tan clara en estos días de resurgimiento de la extrema derecha.

Las acciones del gobierno de Donald Trump en Estados Unidos en pleno tercer milenio, con la constante vulneración de los derechos fundamentales de las personas inmigrantes y de algunos de sus oponentes políticos, sumadas a las decisiones y movimientos un tanto extraños de algunos jueces españoles (por ejemplo, la manifestaciones de los magistrados contra la ley de amnistía a los encausados por el procès, ataviados con las togas y a las puertas de los tribunales; o la surrealista retitada del pasaporte a la esposa del presidente del Gobierno, por una más que improbable fuga), hacen reflexionar sobre dónde residen las teorías de Montesquieu en la actualidad, de necesaria convivencia para el buen funcionamiento institucional.

Vaivenes como los señalados suponen unas muescas abiertas en las entreñas de la desconfianza ciudadana hacia los estamentos encargados de la división de poderes, que Arthur Miller ilustró en Las brujas de Salem, con el tema candente de las acusaciones populares infundadas, sobre todo cuando son aceptadas en los juzgados sin las debidas comprobaciones (algo que ocasiona los inveitables juicios mediáticos, casi más lacerantes que los oficiales). Ante las injurias de hechicería vertidas en la obra del responsable de La muerte de un viajante cabe atisbar un cierto efecto de espejo en las delaciones de la época del macartismo y en las denuncias interesadas en base a recortes que provocan juicios cuanto menos extravagantes.

Bajo tales coordenadas dogmáticas, no estaría mal recordar los abismos a los que se asoma la sociedad contemporánea, sobre todo si no reflexiona con el análisis profundo de obras tan trascendentales como Las brujas de Salem y El espíritu de las leyes.

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *