
Tracey Emin (Londres, Inglaterra, 1963) podría estar impulsada por la energía explosiva de los espíritus libertarios de muchos de los artistas pertenecientes a las vanguardias de finales del siglo XIX y principios del XX. La creadora británica ha vertebrado a través de su potente obra, sometida en todo momento a los vaivenes de los contextos eclécticos y las mixturas enriquecedoras, un mundo reflexivo y con eternas paradojas existenciales; en el que los espacios de lo público y lo privado difuminan sus fronteras clásicas, para ofrecer un escaparate de escenas íntimas y asfixiantes en su cotidianeidad, que muestran profundas grietas emocionales sin pudor alguno.
La Tate Modern londinense acoge en su interior, hasta el próximo 21 de agosto, una colección extensa y desconcertante de los cuarenta años de trayectoria artística de Emin, en la que se pueden contemplar algunas de las piezas más famosas de la artista nacida en Croydon (barrio al sur de la urbe surcada por el Támesis), junto a un puñado de escenas elaboradas hace poco tiempo, y nunca vistas en anteriores exposiciones.
El recorrido propuesto, plagado de incursiones sensisitivas, lleva por título A Second Life, en referencia hacia el universo oculto, nunca secreto, en el que se ha movido la autora de My Bed desde principios de los ochenta.
A Second Life toma como punto de partida narrativo y escénico la icónica instalación nominada My Bed, con la que TE estuvo nominada al prestigioso Turner Prize. Esta obra se compone de una habitación destartalada y abierta a interpretaciones, efímera y alentada por una sensación de abandono y sincretismo mortuorio; un cuarto clandestino que adquiere su línea argumental a través del sexo sin consecuencias amatorias. Las sábanas arrugadas, los preservativos sembrados en el suelo, el hastío de una mañana o noche que nunca termina, el cansancio de un hedonismo asumido y voluntario… esas impresiones acuden a la mente del espectador como flashazos de una modernidad desdibujada, hundida en el barro de la conciencia hambrienta de sentimientos, y sin ganas de esconderse a los demás.
TRACEY EMIN CONVIERTE LA TATE MODERN EN UN FIGURADO VIAJE EXISTENCIAL HACIA SUS PROPIAS OBSESIONES, MIEDOS Y VULNERABILIDADES
El elemento femenino adquiere en A Sesond Life un altavoz elocuente e imaginativo, para hacerse entender y reclamar un poco de comprensión humana. Mientras los mensajes de la extrema derecha intentan atacar con vehemencia dictatorial los planteamientos relativos a la igualdad de género y a la libertad de las mujeres para escoger su propio destino, Tracey Emin eleva barricadas artísticas, con la idea de que la guerra todavía no está ganada, y de que es necesario poner freno a los que quieren amordazar la furia desatada de quienes se niegan a callar ante la violencia machista; a la vez de pronunciar discursos estéticos contra los violadores de la integridad femenina.
Los neones que alimentan los trabajos de Tracey Emin revelan la incoherencia de una sociedad que se deja llevar únicamente por las imágenes ilusorias y por los tradicionalismos populistas, sin profundizar en los auténticos comportamientos y en los problemas que atenazan las entrañas de los seres humanos. Esa necesidad de gritar su disconformidad con un punzón, una cámara o un pincel hizo que Emin fuera incluida en el grupo de artistas británicos alejados de lo políticamente correcto; un movimiento que produjo algunas de las mejores expresiones plásticas en las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo XX.

La atmósfera que la Tate Modern sintetiza mediante las secuencias de satén y esparto generadas por la imaginación de TE insufla el aroma de una sucesión de preguntas y de planteamientos de humanidad reivindicativa e intimista. Por los recovecos de las paredes nucleares de la institución londinense se concentra un sinfín de historias de amor cansino y urgente, las cuales conversan con las piezas que desenmascaran los traumas insalvables de una mujer que clama por su suprevivencia en un mundo hostil y agresivo.
El uso del cuerpo femenino como una herramienta (Tracey Emin suele introducir su anatomía y sus obsesiones en las obras que salen de su mente) se asienta sobre las líneas intrincadas de las pasiones de medianoche y madrugada que colman los relatos memorísticos (esculpidos, pintados, fotografiados y grabados) de la autora británica. El resultado es un simulado plató de sensaciones perversas y desoladoras, en el que priman las consecuencias de un dolor poliédrico que se nutre de una fuerza implacable, atrevida e irreductible.
Nota: Tracey Emin. A Second Life estará en la Tate Modern londinense hasta el próximo 21 de agosto de 2026.
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