Robert Frank alimenta el interior del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) con sus imágenes, libros y películas. Elementos reunidos en torno a la muestra Caso de estudio.

La institución ubicada en la urbe del Turia se adentra en las obsesiones en blanco y negro de este suizo pigmentado por la cultura norteamericana, el cual reside en los paisajes eternos de Nueva Escocia.

El objetivo de Frank ha captado las sinuosidades opacas y diamantinas de las mujeres y los hombres contemporáneos, adormecidos por las civilizaciones deformadas y los espejismos existenciales.

Robert Frank es capaz de captar las atmósferas emulsivas de cualquier escenario/ Foto: IVAM y Robert Frank

Robert Frank es capaz de captar las atmósferas emulsivas de cualquier escenario/ Foto: IVAM y Robert Frank

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Allen Ginsberg asalta las librerías españolas con la edición de “Kaddish” (Anagrama, Panorama de narrativas): un extenso poema dedicado a su madre.

Allen Ginsberg publicó el volumen en 1961

Allen Ginsberg publicó el volumen en 1961

Las lamentaciones escritas suelen estar humedecidas en el tintero de los recuerdos.

No es que las palabras sean las mejores aliadas para enjugar las lágrimas, pero sí confeccionan bálsamos capaces de aplacar el dolor que agrieta los huesos del esqueleto; aparte de sofocar el virus que astilla el calcio de la sensibilidad irritada.

Precisamente, de rabia desbordante y plumas suicidas, Allen Ginsberg (Newart, Nueva Jersey, 1926- Nueva York, 1997) bien podría considerarse un experto.

El poeta estadounidense, adalid de un grupo generacional curtido en las derrotas sociales y las batallas literarias, siempre anduvo a tientas por los dogmas de la religión de su niñez: el Judaísmo.

Una espiritualidad heredada que sirvió al autor para construir su propio kaddish (plegaria tradicional hebrea, que normalmente se utiliza para ensalzar el nombre de Dios), aunque alimentado con las experiencias magulladas que vivió al lado de su madre, Naomi Livergant Ginsberg (aquejada de una enfermedad mental, y muerta el 9 de junio de 1956).

Allen Ginsberg tomó el título de "Kaddish" de una célebre plegaria de la religión judía

Allen Ginsberg tomó el título de “Kaddish” de una célebre plegaria de la religión judía

El fantasma de su progenitora y las imágenes traslúcidas de esta mujer, quien le influyó más si cabe que su padre (el también poeta Louis Ginsberg), fueron los motores que iluminaron al entonces joven Allen en la elaboración de Kaddish.

Una obra de curso nostálgico y reflexivo en la que el responsable de Aullido deshace los nudos de su alma, los eslabones ocultos de su poliédrica personalidad.

ALLEN GINSBERG Y SU ORACIÓN

Urbano y polisémico, este libro del natural de Nueva Jersey tiene la forma simbólica de un amplio río existencial, jalonado por múltiples afluentes; en los que AG licua su problemática filosofía activa, ubicada sobre los pilares sobrios y meridianos de maestros imaginarios como Walt Whitman.

Encerrado voluntariamente en el Beat Hotel de París, el norteamericano inició su discurso fúnebre en diciembre de 1957, y lo concluyó en la urbe del Empire State, en 1959.

Una singladura de anfetaminas como principal savia rectora que dio como resultado un volumen imprescindible, cadencioso en su evolución; además de arañado por rimas arrancadas a los abismos infernales, nostálgicos paraísos de esencias consanguíneas.

Pese a estar inspirado en el recuerdo de su progenitora, Allen Ginsberg evitó las referencias directas a la muerte

Pese a estar inspirado en el recuerdo de su progenitora, Allen Ginsberg evitó las referencias directas a la muerte

Cada verso de Kaddish es un desgarrón en el pulso de Ginsberg, como si las frases contribuyeran a evitar la desintegración del escritor; y modelaran la figura de un rapsoda sin intelectualidades caducas, eternamente comprometido con la fuente de las desilusiones esperanzadoras.

Narrativo en su desarrollo, el trabajo del amigo de Bukowski y Kerouac alcanza la plenitud creativa con un lenguaje directo y espinoso, sin elementos ajenos al mensaje que procura transmitir.

Oratoria tan acerada que produce heridas profundas en la retina, tan valiente como el kamikaze que estrella su avión contra la superficie rocosa de una montaña.

"Kaddish" se convirtió en obra de teatro a principios de los años setenta

“Kaddish” se convirtió en obra de teatro a principios de los años setenta

No hay nada más que decir y nada por lo que llorar”, sentencia Irwin Allen Ginsberg en Kaddish; y, con la razón de los cerebros en continuo estado de brillantez, el público asiente cual convidado de piedra.

No en vano “probablemente, se trate de la voz poética más extraordinariamente influyente en Estados Unidos desde Walt Whitman”, como dijo en una ocasión Bob Dylan.

Palabras de reconocimiento sincero a un rapsoda en busca de respuestas, elevado a las alturas del universo con los acordes sinuosos de una plegaria maternal.

Allen Ginsberg no oculta su admiración en "Kaddish" por el poeta Walt Whitman

Allen Ginsberg no oculta su admiración en “Kaddish” por el poeta Walt Whitman

Más información en http://www.anagrama-ed.es

El museo capitalino albergará, a partir del 27 de julio, una muestra sobre la metrópoli británica/ Photo Credits: "Girl Holding Kitten", Bruce Davidson y Magnum Photo

El museo capitalino albergará, a partir del 27 de julio, una muestra sobre la metrópoli británica/ Photo Credits: “Girl Holding Kitten”, Bruce Davidson y Magnum Photo

El Támesis contempla como testigo silencioso los cambios en la urbe del Big Ben. Así ha sido durante siglos de convivencia mediada por la naturaleza y por la acción de los hombres y mujeres; y seguirá constituyendo una realidad inmutable, hasta que el polvo del asfalto y el hormigón agoten su compromiso con los herederos de Adán y Eva. La metrópoli del otrora imperio más poderoso por extensión en el planeta Tierra (solamente comparable a las posesiones españolas en tiempos de Carlos I y Felipe II) acomoda su imagen poliédrica según generaciones y centurias. Aunque, la sutileza de sus contornos, de sus luces inspiradoras y de su atmósfera sutil y envolvente hacen que la capital de Gran Bretaña esté continuamente poniéndose máscaras de carnaval, como si en su metamorfosis intentara colmar de igual manera las aspiraciones de los viajeros de paso y de los inquilinos permanentes.

"Waiting In Trafalgar Square For The Coronation Parade Of King George VI", Henri Cartier-Bresson, 1937/ Photo Credits: Henri Cartier-Bresson, Magnum Photos

“Waiting In Trafalgar Square For The Coronation Parade Of King George VI”, Henri Cartier-Bresson, 1937/ Photo Credits: Henri Cartier-Bresson, Magnum Photos

A esa capacidad para ser todo o nada, costumbrismo o pasarela itinerante, historia de piedras sangrantes o guion de monumentos de prestancia turística, Ítaca de soñadores impenitentes o desierto de desesperación y actitudes mendicantes, es a la que acude la Tate Britain para la concepción de la más que atractiva exhibición bautizada como Another London. International Photographers Capture City Life, 1930- 1980, que estará disponible al público en la institución, desde el próximo 27 de julio hasta el 16 de septiembre.

"King's Cross London", de Wolfgang Suschitzky, 1941/ Photo Credits: W. Suschitzky

“King’s Cross London”, de Wolfgang Suschitzky, 1941/ Photo Credits: W. Suschitzky

Un total de 180 obras dejan constancia de la excitante fisonomía de una city en la que confluyen riqueza y caridad, barrios residenciales y zonas de albergue marginal, iglesias de recio anglicanismo y catedrales de ideología católica que habrían vestido de urticaria los huesos de Enrique VIII, cárceles de abolengo custodiadas por cuervos y tarimas de ideología revolucionaria de absentismo capitalista. Cualquier estilo y forma de pensar tiene cabida en un enclave que pasa por ser el más poblado de la vieja Europa, y cuyas arterias (tanto las anchas como las estrechas) transitan sin descanso autobuses de rojo desafiante, rayano con las preferencias cromáticas de una sección de la Factory.

"London 1966", de Milon Novotny/ Photo Credits: Milon Novotny

“London 1966”, de Milon Novotny/ Photo Credits: Milon Novotny

La antigua Londinium romana se erige como la auténtica protagonista y estrella de una muestra en la que los fogonazos tienen la sabiduría y el prestigioso encuadre de personalidades del arte de la cámara como Bill Brandt, Henri Cartier-Bresson, Robert Frank, Dora Maar o Irving Penn. Las retinas de estos peregrinos de miradas profundas, y musas carentes de localismos y estereotipos, conforman un conjunto en el que es posible atisbar conexiones de jolgorio patrio (Parliament Square: Princess Anne’s Wedding Waiting Her Pass By, tomada en 1973 por Martine Franck), concordia de signo humanístico (como representa Al Vandenberg en Untitled, de 1975), nostalgia de crepusculares despedidas en la conciencia paisajística (King’s Cross, de Wolfgang Suschitzky, 1941) o sencillez y ternura de signo ocular más que llamativo (Girl Holding Kitten, de Bruce Davidson, 1960).

"Lyons Corner House Tottenham Court Road", de Wolfgang Suschitzky, 1934/ Photo Credits: W. Suschitzky

“Lyons Corner House Tottenham Court Road”, de Wolfgang Suschitzky, 1934/ Photo Credits: W. Suschitzky

Amoldado a semejantes perspectivas creativas, el recorrido por las salas del centro, construido en la cuna de muchas de las narraciones de Charles Dickens y del excelso teatro de William Shakespeare, habla con diálogo de acentos diversos de un lugar cómplice; de hojas de almanaque inmortalizadas en un chispazo de formulación química; de recuerdos teñidos por las tinturas de reflejos somnolientos; de blanco y negro que reclama a gritos su devoción por una vida nunca apagada, eternamente consensuada a través de una combinación de objetivo, encuadre y zoom.

"Roxy 4 From The Punk Series", de Karen Knorr & Olivier Richon, 1976/ Photo Credits: Knorr and Richon

“Roxy 4 From The Punk Series”, de Karen Knorr & Olivier Richon, 1976/ Photo Credits: Knorr and Richon

En 2012, Londres se sumerge en su gloriosa silueta de ninfa agasajada con las Olimpiadas, con sus rascacielos apelmazados en el distrito financiero y su cosmopolitismo innegable con sabor a East End, Victoria Station, Trafalgar Square o Piccadilly Circus. Pero, ¿acaso es más real esta visión propia del siglo XXI que la que Bresson desnudó en el albor de los años treinta, o la que pudo esgrimir Davidson en plena época hippy?

"Untitled", de Al Vandenberg, 1975/ Photo Credits: Al Vandenberg Photo: Tate

“Untitled”, de Al Vandenberg, 1975/ Photo Credits: Al Vandenberg Photo: Tate

Más información, horarios y entradas en http://www.tate.org.uk