Fernando Aramburu
Fernando Aramburu pressenta “Maite”, su nueva obra.

Fernando Aramburu tiene una capacidad especial para ir más allá de la epidermis social de sus personajes. El autor donostiarra ha construido un currículo literario a base de mujeres y hombres heridos por el entorno en el que desarrollan sus existencias normalmente frágiles y quebradizas. Un conjunto de individuos que malviven sus respectivas rutinas afectivas; lo hacen de una manera rotunda, impactante y en continua hemorragia sentimental.

Desde Patria, Aramburu se ha convertido en uno de los narradores españoles con mayor proyección popular, merced a su habilidad para adentrarse en los períodos más conflictivos del País Vasco, cuando el paro y la banda terrorista ETA ahogaban las tímidas esperanzas de un pueblo que no veía una salida valida para escapar del oscuro túnel en el que se vertebraba su realidad.

Tras un tiempo sin someter su imaginación a los rigores memorísticos de su tierra natal, Fernando Aramburu presenta Maite (Tusquets Editores): un viaje a San Sebastián encuadrado en el conflictivo año de 1997, cuando el concejal Miguel Ángel Blanco fue secuertado y ejecutado por los terroristas de ETA. Allí es donde se reúnen dos hermanas separadas por lustros de silencio y distancia geográfica, todo para cuidar a la madre de ambas, a la que le ha dado un íctus que le impide realizar sin ayuda las tareas cotidianas más sencillas.

Fernando Aramburu
Fernando Aramburu desarrolla “Maite” en 1997, en San Sebastián.

La paradoja de vivir en un mundo caótico, donde la muerte campa a sus anchas y la crueldad se cuela diariamente en las relaciones humanas, ejerce su influencia en la mente de Maite y de Elene; así como en la psique de sus vecinos, sus amigos y el resto de sus familiares. La historia de ellos es un poco la de San Sebastián, cuando las detonaciones atronadoras de las armas acallaban la conciencia sensible y misericorde de los que se oponían al imperio del terrorismo.

La realidad produce infinidad de monstruos subjetivos a través de las palabras de Fernando Aramburu, y las consecuencias de convivir con la crueldad innecesaria que provoca un comportamiento exraño y sangrante en el conjunto de los protagonistas de la novela.

FERNANDO ARAMBURU DESCUBRE LOS MIEDOS, LAS INCERTIDUMBRES Y LOS SECRETOS INCOFESADOS DE UN GRUPO DE MUJERES ENFRENTADAS CON LA REALIDAD

Los engranajes literarios de Maite poseen la fuerza magnética de las atmórferas lorquianas, propensas a los espacios espectrales; como sucedía, por ejemplo, en La casa de Bernarda Alba. Aunque en la citada obra de Federico García Lorca, las hijas de la austera y dictatorial Bernarda Alba parecían estar presas de cara al exterior; la imposibilidad de rebelarse contra los dictámenes morales de su progenitora es lo que realmente crea los invisibles grilletes de las jóvenes.

Fernando Aramburu concita esos lazos invisibles, en forma de palabras nunca expresadas en alto, de diálogos enquistados en la ansiedad aterida de quienes desean descargar una culpa longeva, de reproches que nunca llegaron a materializarse en sonidos comprensibles.

Maite y su hermana Elene son dos desconocidas como adultas, pero aún subyace la llama compartida de la niñez y de la juventud, cuando las muescas del resentimiento hundieron su sulfuro imparable. Un mal sentimental que encuadra igualmente a su madre enferma.

Fernando Aramburu
Fernando Aramburu obtuvo una enorme popularidad con “Patria”.

No resulta gratuito el hecho de que la trama de Maite coincida en el tiempo con el secuestro y asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco, a manos de la banda terrorista ETA. Este brutal homicidio significó un antes y un después en la reacción de la sociedad española hacia la existencia del terrorismo. Las numerosas manifestaciones y el movimiento de “manos blancas” provocaron el principio del fin de la sanguinaria banda terrorista abertzale, mientras los personajes de la novela de Aramburu asisten, ante estos históricos clamores de libertad en pos del pacifismo, desde el epicentro mismo de los acontecimientos.

Maite es una mujer sensible, compasiva y atenta; pero está atrapada en un miedo colectivo y unas tradiciones asumidas de manera obsesiva, que le impiden tomar partido y luchar contra las injusticias de su entorno más próximo. La anheada metamorfosis de esta protagonista, cual una Nora libertaria, supone un elemento dramático de enorme carga existencial; ingrediente que genera el magnetismo escénico de un libro enigmático, plagado de privacidades cómplices.

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