
Frederick Forsyth falleció el pasado 9 de junio de 2025; pero, antes de morir, el popular autor de Chacal regreso al sombrío y maquiavélico universo de Odessa: la peligrosa organización de antiguos dirigentes nazis huidos de la justicia, que protagonizó su best-seller El archivo de Odessa, en 1972. Un traslado a las entrañas diabólicas de las conspiraciones ultraderechistas asociadas con el culto al Tercer Reich y a la esvástica que lleva por título La venganza de Odessa (Plaza & Janés), y que ha contado con la ayuda del también novelista Tony Kent.
La trama de esta obra póstuma de FrF retoma la existencia del personaje del periodista de investigación Peter Miller, cinco décadas más tarde del texto original. El hombre que intentó destapar los entresijos del grupo clandestino conocido como Odessa en el lejano 1963, en 2023, ya es un profesional jubilado; el cual ha cuidado de su nieto Georg, tras la desaparición de su hijo y de su nuera en un extraño y trágico accidente. El reputado informador se retiró, en parte, para salvaguardar a sus seres queridos de las acciones criminales de los componentes de Odessa; pero, en el momento en que transcurre la historia, el otrora valeroso investigador se ve en la tesitura de plantar cara a tan amorales personajes, ya que su nieto se mete de lleno en los laberintos de esta organización nazi para dar a conocer sus destructivos planes.
Entre los siniestros propósitos de los neonazis se encuentra colar a alguien en el sillón de La Casa Blanca, un puesto que permitiría reorganizar las tesis del partido liderado por Adolf Hitler, aunque amoldado a los tiempos del imperio tecnológico, la desinformación y la batalla sin cuartel contra la inmigración y las libertades fundamentales.
Forsyth y Kent moldean bajo semejantes coordenadas un libro entretenido y asfixiante, en el que los constantes giros y revelaciones mantienen al lector atento y en alerta. Una fórmula basada en una prosa fluida y una acción vertiginosa, donde se exponen determinadas y sutiles identificaciones con la realidad.
FREDERICK FORSYTH Y TONY KENT MUESTRAN QUE LAS IDEAS DEL ANTIGUO TERCER REICH SIGUEN MUY PRESENTES EN LA ACTUALIDAD POLÍTICA
Las imágenes que han llegado este fin de semana desde la urbe de Minneapolis, en Estados Unidos, donde un grupo de agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) golpea salvajemente y dispara hasta diez veces a Alex Jeffrey Pretti (enfermero de 37 años), remiten directamente a uno de los mensajes más espeluznantes incluidos en el argumento de La venganza de Odessa. Una línea argumental que tiene en el miedo y la persecución uniformada sus principales axiomas.
Según el relato conformado por Forsyth y Kent, la ideología nazi se cuela por los resquicios más inesperados, como son las redes sociales. En el cosmos del lenguaje binario y los algoritmos de ecuaciones sesgadas, la ultraderecha heredera de los postulados de Hitler y sus correligionarios contagia su dogmatismo y odio hacia las libertades fundamentales, y lo hace en base a consignas sencillas y violentas, siempre en consonancia con una exposición de videojuego macabro.

Pese a los intereses literarios de La venganza de Odessa, la narración contiene elementos de análisis de índole casi visionaria, que entroncan directamente con el auge de la extrema derecha en el mundo. El odio hacia la inmigración de personas pobres (nunca lanzan protestas contra los inmigrantes que poseen un capital notable) es comparable al caldo de cultivo que propagó la Alemania nazi para juntar a los que Hitler y los suyos calificaban de “patriotas”, cuando culpaban a los judíos de todos los males de la economía teutona en el período de entreguerras.
Esta teoría de efecto agresivo es una de las armas más comunes entre los componentes de Odessa, y la utilizan en cuanto tienen ocasión. Con la criminalización de los que llegan en pateras, escondidos en camiones o a pie y deshidratados por caminos interminables se intenta enfrentar a los autóctonos con los extranjeros. Una batalla en la que los propulsores de las consignas supremacistas dispersan sus discursos sobre el caos que se avecina, tesis avaladas con datos falseados.
En 1963, Peter Miller no pudo acabar con Odessa; pero, pese al tiempo transcurrido, la situación no pinta mucho mejor para los propósitos de su nieto Georg…
Más información en