William Kentridge resulta vencedor en el Premio Princesa de Asturias de la Artes de 2017, por la fuerza de su revelador trabajo en contra de la segregación racial que asoló Sudáfrica hasta 1992.

El artista de Johannesburgo ha dedicado su carrera a denunciar las situaciones de injusticia social, normalmente relacionadas con la terrible realidad que padecía la población negra en la tierra de Nelson Mandela.

Dibujos, películas documentales, escenas de arte y estudio, collages, marionetas e instalaciones; el jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes ha destacado la capacidad dramática adherida a las creaciones multimedia del hijo del abogado Sydney Kentridge.

William Kentridge siempre ha enlazado la calidad de sus propuestas con necesidades sociales/ Foto: Louisiana Channel

William Kentridge siempre ha enlazado la calidad de sus propuestas con las necesidades sociales de su país/ Foto: Louisiana Channel

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Pello Irazu se adueña del Guggenheim de Bilbao con sus obras, surgidas de las obsesiones por encontrar el lenguaje propio de la plástica en los dominios de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida.

El artista nacido en Andoáin (Guipúzcoa) es objeto de una intensa retrospectiva de sus trabajos a lo largo de tres décadas, en las que ha avanzado en su percepción de la figuración sin artificios.

La muestra podrá contemplarse en el museo de argentaria presencia, hasta el próximo 15 de junio de 2017.

Pello Irazu combina sensaciones contrarias en sus obras de líneas precisas/ Foto: "La tierra que duerme", Guggenheim de Bilbao, VEGAP, Bilbao, 2017

Pello Irazu combina sensaciones contrarias en sus obras de líneas precisas/ Foto: “La tierra que duerme”, Guggenheim de Bilbao, VEGAP, Bilbao, 2017

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Carrie Fisher falleció ayer en un hospital de Los Ángeles, tras no superar el ataque cardíaco que sufrió en un vuelo hace unos días.

La actriz había regresado a la actualidad cinematográfica con el estreno de la nueva saga de Star Wars, producida por Disney y diseñada por la mente fetichista de J. J. Abrams.

Antes de morir, la hija de Debbie Reynolds pudo finalizar su participación en el noveno episodio de La guerra de las galaxias, ataviada como una Princesa Leia con legañas de pasados gloriosos y añorados.

Carrie Fisher estuvo siempre perseguida por el éxito de su personaje en "Star Wars"

Carrie Fisher estuvo siempre perseguida por el éxito de su personaje en “Star Wars”

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Brie Larson vio su carrera catapultada de un plumazo, cuando la pasada madrugada esta joven californiana subió a recoger el Globo de Oro a la Mejor Actriz Protagonista en la categoría de Drama, por La habitación. El filme, que será estrenado en España el próximo 4 de marzo de 2016, narra la relación al borde de la locura entre una madre y su hijo de cinco años.

Brie Larson dota de trágica presencia a Joy "Ma" Newsome, la progenitora de "La habitación"

Brie Larson dota de trágica presencia a Joy “Ma” Newsome, la progenitora de “La habitación”

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Photo Credits: El Terrat

Photo Credits: El Terrat

Entre las manos de un buen cómico de dramaturgias, los papeles pequeños pueden transformarse en documentos testimoniales con apariencia de verdades absolutas. Poco importa el tiempo del que gocen en la trama general las aportaciones de estos escultores de la ficción, ya que las tripas de los hombres y mujeres de los libretos quedan al descubierto cuando uno de ellos moldea el personaje que la ha caído en suerte. Incluso, si la interpretación constara de una simple mirada desnuda y sincera, un trabajador con aroma a lavanda de escenario sería capaz de transmitir, a través de tan sólo unas décimas de segundo, un completo arcoíris de sensaciones, especialmente diseñado para el público receptor. Juli Mira (Alcoy, 1949) es uno de estos privilegiados con armadura engrasada mediante emociones: un señor de las tablas que siempre suele llegar al límite sin redes protectoras, encaramado a un oficio que ha amado desde su primera juventud.

Photo Credits: TV3

Photo Credits: TV3

Pese a que no pudo dedicarse por entero a la ilustre ocupación de Francisco Rabal y Fernando Fernán-Gómez hasta cumplir los treinta y nueve años (antes estuvo, por cuestiones de la vida, dos décadas en un banco de su ciudad), Juli ha sabido ganar el terreno perdido en la espera; y lo ha hecho con la rapidez y la constancia de los espíritus hambrientos de bambalinas y camerinos.

Photo Credits: Juli Mira

Photo Credits: Juli Mira

Voz y sentimiento

La inexistencia de datos públicos relativos a sus bolos amateurs (que los hizo subido, entre otras plazas, a las tablas del prestigioso teatro alcoyano La Cazuela) provoca que sea La portentosa vida del pare Vicent (Carles Mira, 1978) el título inaugural en el currículo del valenciano, un historial que pronto fue creciendo en categoría y versatilidad. Tarea que el intérprete alicantino acometió con destreza y disciplina, a partir del cargo de doblador que obtuvo en 1989 (cuando fue contratado por los estudios en la cita materia correspondientes al recientemente desaparecido Canal Nou).

Como el padre de Jaime Gil de Biedma, en "El cónsul de Sodoma"

Como el padre de Jaime Gil de Biedma, en “El cónsul de Sodoma”

Allí, en las alforjas verbales del canal autonómico valenciano, Mira se topó con las técnicas de las estrellas más polivalentes, almas inmortales de un Hollywood de campanillas doradas y estelas de enciclopedia. Y así, mientras ponía el timbre traductor a gente como Marlo Brando, el vecino de Vicente Blasco Ibáñez comenzó a forjar -con herraduras autodidactas- su carrera como actor profesional.

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Quizá sea su entrañable encarnación del tío Ramonet, en Gràcies per la propina (Francesc Bellmunt, 1997) uno de los pilares que sustentó su crédito como un rostro de presencias cercanas, de las que conmueven y enrabietan a las audiencias a gusto del director, de las que en cada escena procuran ofrecer la electricidad sensible de un arte consistente en la verosimilitud.

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Tramontana (Carlos Pérez Ferré, 1991), Los años bárbaros (Fernando Colomo, 1998), Entre las piernas (Manuel Gómez Pereira, 1999), El mar (Agustí Villaronga, 2000), El harén de Aníbal (Enric Navarro, 2002), Rojo intenso (Javier Ellorrieta, 2006), Las voces de la noche (Salvador García Ruiz, 2003), La vida abismal (Ventura Pons, 2007), Eskalofrío (Isidro Ortiz, 2008), Enloquecidos (Juan Luis Iborra, 2008); y, por encima de las demás, La isla del holandés (Sigfrid Monleón, 2001) y El cónsul de Sodoma (Sigfrid Monleón, 2009)… Muchas han sido las pieles cinematográficas por las que el paisano de Camilo Sesto ha dialogado con la fantasía. Epidermis cambiante que el mediterráneo también ha lucido en televisión, caracterizaciones esparcidas por seriales tan conocidos como Hospital central; Arroz y tartana;Cartas a Sorolla; 23-F: El día más difícil del Rey; o la existencialista Cuéntame cómo pasó.

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Aunque, tal vez, sea en el vivo y el directo del teatro donde Juli exponga mejor su coreografía precisa y sincrónica de voz e imagen, de vulnerabilidad y talento, de desgarro y maestría adquirida. En esas tesituras, el colega gremial del igualmente valenciano Antonio Ferrandis ha dejado una huella singular, que bien puede sintetizarse en dos montajes de los que hielan la retina y enrojecen las palmas. Uno de ellos es sin duda el de El Rey Lear, de William Shakespeare, que escenificó Gerardo Vera en Madrid, durante la temporada 2007-2008. Amparado en una adaptación del genial Juan Mayorga, el inolvidable Juanjo Casellas Marcos del serial La Riera dio la réplica al protagonista (Alfredo Alcón) en la parte del conde de Gloucester (vasallo nobiliario con naturaleza visionaria, que acompaña al monarca maltratado por el amor no correspondido). Mientras que el otro tiene a Valle-Inclán como motor sustancial. En concreto, se trata de la escenificación de Las Comedias bárbaras que versionó Bigas Luna, en 2003 (y que participó en la Bienal de Valencia). Mira estuvo entre los noventa actores que bailaron orgiásticamente sobre la bestial decadencia de don Manuel (Juan Luis Galiardo), dentro de una obra que levantó espolones en la censura conservadora, y que sumió a la escena española en una atmósfera de libertad necesaria y aleccionadora.

Photo Credits: Teatro Español

Photo Credits: Teatro Español

 

 

En una imagen del filme "Un Barrage contre le Pacifique", película de Rithy Panh basada en un texto de Marguerite Duras, en la que Grass encarnó el papel del Padre Bart

En una imagen del filme "Un Barrage contre le Pacifique", película de Rithy Panh basada en un texto de Marguerite Duras, en la que Grass encarnó el papel del Padre Bart

Si el cine, el teatro y la televisión se nutrieran únicamente del talento, de esa extraña aleación química que hace que un actor entre en estado de trance sin apenas dejar constancia de su esfuerzo, solamente importando lo que un personaje puede transmitir -sin trampa ni cartón-: Vincent Grass (Bruselas, Bélgica, 1949) sería una de esas estrellas que acapararían portadas de revistas y reseñas en las secciones de espectáculos de los rotativos más destacados del planeta. Él es una muestra palpable de que la fisicidad interpretativa no tiene necesariamente que pasar por los salones de cirugía estética, ni que para desbordar la salvaje locura que conlleva la caracterización hasta los tuétanos se deba estar en permanente pose de excitación colectiva.

Durante sus años de estudios en la institución londinense Lamda interpretó obras como "The Plain Dealer", de Writcherley

Durante sus años de estudios en la institución londinense Lamda interpretó obras como "The Plain Dealer", de Writcherley

El arte que acredita este compatriota del genial hombre orquesta de la escena Frederik Varmelle -así como del dramaturgo Albrecht Rodenbach y de la musa hollywoodiense Audrey Hepburn– es de los que dejan el buen sabor de boca de las experiencias enteramente bañadas en la más absoluta credibilidad, siempre tocado con la varita casi mágica de la normalidad (palabra de anhelada connotación que todo aspirante a ponerse ante una cámara, o delante de un patio de butacas, ansía concitar). Y lo mejor de todo es que Grass ha cosechado este vino de sabias maneras -a lo largo de su fogueada carrera- con papeles muchas veces de apenas unas líneas, secundarios de sudada humanidad o bestial apariencia, que dan fe de la calidad atesorada por este “nice guy” de aspecto semejante -en sus fisuras cutáneas- a algunos de los genios de la industria audiovisual con acento francés y nostálgica ciudadanía, como los inmortales Michel Serrault y Jean Gabin.

A Vincent le van los personajes al límite, violentos y viscerales, como el de Pete de "Dernière Station avant le désert", según el libreto de Lanie Robertson

A Vincent le van los personajes al límite, violentos y viscerales, como el de Pete de "Dernière Station avant le désert", según el libreto de Lanie Robertson

Nacido en un país de escasa tradición cinematográfica, y contados alardes internacionales desde el punto de vista escénico (salvo algunas excepciones, como lo muestra el trabajo de Chantal Akerman, Agnès Varda, los hermanos Dardenne o André Delvaux), Vincent –quien en 1992 colaboró con Jean-Pierre y Luc Dardenne en el filme Je Pense à Vous– fue un niño educado para continuar la tradición familiar de naturaleza musical. Pero, sus sueños escapaban a los pentagramas y a las danzas clásicas -en las que sus hermanas despuntaron cual estrellas del ballet de altura-. Era la época de los cincuenta y comienzos de los sesenta, y Grass fue consciente desde muy temprana edad de que lo suyo era la actuación. Por lo tanto, a esa diosa de mil rostros y millones de almas dedicó sus esfuerzos profesionales.

A principios de los sesenta tocaba la guitarra en la banda Crash (en el centro), que hacía versiones de grupos como The Beatles

A principios de los setenta tocaba la guitarra en la banda Crash (en el centro), que hacía versiones de grupos como The Beatles

Entre cartones de nouvelle vague y rebeldía de mayo del 68, el belga veinteañero tomó la decisión de salir de su patria y dejarse amoldar por unos aires más cosmopolitas; ante lo cual fundó –junto a dos compañeros- una banda de rock que respondía al nombre de Crash. Guitarrero en esencia, el Grass moderno y de las patillas alargadas se empapó de letras en inglés, y de canciones al estilo de sus adorados The Beatles. La banda no tuvo muchas primaveras de existencia ni actuaciones en monumentales estadios de fútbol, pero su periplo sirvió para que el joven actor en ciernes manejara con mayor soltura el idioma de Oscar Wilde y George Bernard Shaw; lo que le animó a probar suerte en la escuela londinense Lamda (London Academy of Music and Dramatic Art). Allí, Vincent despuntó en los montajes estudiantiles de El rey Lear, de Shakespare; Woyzeck, de Büchner; o Los persas, de Esquilo. En todos ellos, el flamenco exhibió una capacidad de empatía con cada uno de sus roles de ficción que sorprendió a los asistentes a las funciones; unas revelaciones escénicas en las que había bastante de sus lecciones recibidas tras su paso por los escenarios belgas, en obras como Misterio bufo, de Darío Fo; o El castillo, de Franz Kafka.

Una de sus primeras apariciones en el cine francés fue en "La Provinciale", de Claude Goretta, con Nathalie Baye

Una de sus primeras apariciones en el cine francés fue en "La Provinciale", de Claude Goretta, con Nathalie Baye

De esta manera, después de recoger el diploma en la prestigiosa institución de la urbe del Támesis y volar de nuevo a su tierra; algo cambió en el interior de Vincent Grass, y ya no cabía la posibilidad de dar marcha atrás: el gusanillo de la interpretación había anidado en sus huesos y en su ánima, y nunca más iba a desprenderse de ellos.

Hizo de Guillaume Apollinaire en el musical "Et nos Amours..."

Hizo de Guillaume Apollinaire en el musical "Et nos Amours..."

Asentado provisionalmente en el suelo sobre el que se levantan los pilares de la nueva Europa, el titulado profesional de la actuación se dio cuenta de que no podía permanecer por mucho tiempo en una cuna demasiado deficitaria en cuestiones artísticas (teatrales, televisivas y cinematográficas, que no pictóricas, ni arquitectónicas, ni literarias, ni escultóricas).

Vincent brilló con su parte de Charley en "La muerte de un vajante", de Arthur Miller, que escenificó con Victor Lanoux (sentado a la izquierda)

Vincent brilló con su parte de Charley en "La muerte de un vajante", de Arthur Miller, que escenificó con Victor Lanoux (sentado a la izquierda)

La facilidad en el natural de Bruselas para coleccionar idiomas fue -en sus intenciones creativas- como una llave de apertura a ajenas culturas (dominaba el francés, el inglés, el holandés y se defendía en alemán). Pero el Viejo Continente pre-tratado de Schengen hacía difícil que alguien no británico pudiera trabajar con garantías en Inglaterra. Por este motivo, entre las salidas posibles que barajó, la de Francia se le antojó como el destino más acertado; sobre todo para alguien que anhelaba ganarse los garbanzos con la declamación de textos ante públicos diversos.

La facilidad para comunicarse en inglés ha permitido a Grass trabajar en series británicas como "Hornblower", donde encarnó al capitán Forget

La facilidad para comunicarse en inglés ha permitido a Grass trabajar en series británicas como "Hornblower", donde encarnó al capitán Forget

1975 fue el año en el que el otrora pupilo de Maurice Béjart recaló en París, con muchas metas que cumplir y contados padrinos que le fiaran audiciones sustanciosas. La city del Sena era un lugar plagado de oportunidades; aunque, para los que no se llamaban Alain Delon, Jean-Paul Belmondo o Jean-Louis Trintignant, era bastante complicado hallar algún árbol con merecidas longanizas colgando de sus ramas. Y Grass siempre fue consciente de ello. A tal efecto, comenzó a moverse por todos los terrenos de la actuación; sin importarle lo más mínimo si se trataba de papeles en películas, montajes teatrales, cortometrajes o series de televisión. Precisamente, la pequeña pantalla y los escenarios de cartón piedra contribuyeron a forjar el currículum de Vincent. Eso y colaboraciones episódicas en filmes del tipo de Le conscrit (Roland Verhavert, 1975) o el célebre largo bélico De Dunkerque a la victoria (Umberto Lenzi, 1979).

Aquí, como el arzobispo de París, en el filme "Le Roi Danse", de Gérard Corbiau

Aquí, como el arzobispo de París, en el filme "Le Roi Danse", de Gérard Corbiau

Los ochenta convirtieron al belga en un habitual de las pantallas de televisores y salas de proyección.  Seriales del pelaje de la producción británica Crossings (como Schmidt) o Las aventuras de Guillermo Tell (en la piel de Bailli) se multiplicaban en su historial, mezclados con cintas de mediática importancia como Mamá Drácula (Boris Szulzinger, 1980), Enigma (Jeannot Szwarc, 1983) o El complot (Agnieszka Holland, 1988). Junto a estos contratos, el ex componente de Crash comenzó una carrera en el doblaje que le llevaría -en décadas posteriores- a ser la voz en el idioma de Molière de Hugo Weaving, en Matrix, y de John-Rys Davies, en El señor de los anillos, entre otros hitos.

Su espíritu aventurero le llevó a particpar en proyectos incluso de factura canadiense, como la serie de televisión "Race for the Bomb". Es el que está sentado detrás más cercano al objetivo de la cámara

Su espíritu aventurero le llevó a particpar en proyectos incluso de factura canadiense, como la serie de televisión "Race for the Bomb". Es el que está sentado detrás más cercano al objetivo de la cámara

Los noventa transcurrieron por una senda similar a la ochentera, con Grass desgranando su talento para la caracterización en cintas del tipo de Pétain (Jean Marboeuf, 1993), Merci La Vie (Bertrand Blier, 1991) o Mi vida en rosa (Alain Berliner, 1997). Sin embargo; algo pareció moverse en la conciencia del buen gusto de los productores, con respecto a las dotes de Vincent con la llegada del nuevo milenio.

Su caracterización en el cuerpo del doctor Cornelius, en la superproducción de "Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian", le supuso interpretar su primer papel en un blockbuster

Su caracterización en el cuerpo del doctor Cornelius, en la superproducción de "Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian", le supuso interpretar su primer papel en un blockbuster

En la década de 2000, el actor ya se había convertido en una de las voces más celebres de la tierra de La Marsellesa, con trabajos tan recordados de doblaje como el de la serie norteamericana Fraggel Rock. No obstante, a él lo que más le continuaba atrayendo era actuar; mostrando su físico, con sus virtudes y miembros corporales puestos al servicio de una historia; de un personaje, con sus soledades y sus experiencias, con sus fracturas y debilidades… Sin tirar nunca la toalla, Vincent aceptó, por ejemplo, con los ojos cerrados cuando Roland Joffé requirió su presencia para Vatel (encarnó al padre de Martin en 2000) o en el instante en que el polémico Peter Greenaway le dio el visto bueno para hacer del progenitor de Isabella Rossellini, en Las maletas de Tulse Luper. Episodio 2 (2003). No obstante, la brevedad de estos roles causó algo de desilusión en las aspiraciones de reconocimiento del belga capitalino. Aunque el séptimo arte no iba ser tan injusto con este hombre portentoso en el terreno de la caracterización, como para negarle la mínima oportunidad. Y semejante alternativa le vino en forma de blockbuster hollywoodiense, con el papel del simpático y comprensivo doctor Cornelius, en Las crónicas de Narnia (Andrew Adamson, 2008). Grass bordó su parte, aunque le supo a poco después de que los focos de la promoción apagaron sus destellos.

El doctor Cornelius de "Las crónicas de Narnia" es uno de los pocos tipos "buenos" que jalonan su extenso currículum

El doctor Cornelius de "Las crónicas de Narnia" es uno de los pocos tipos "buenos" que jalonan su extenso currículum

Sin embargo, anteriormente a El príncipe Caspian, la pantalla grande ya le había regalado una pequeña golosina que llevarse a los labios. Fue en una colaboración limitada por el segundero, pero no exenta de una hondura de la que carecen muchas creaciones destinadas a los protagonistas. En concreto, Vincent Grass lució su aparente facilidad para meterse en la faz más oscura de un ser humano en la película Change Moi Ma Vie (Liria Bégéja, 2001); y los resultados fueron espeluznantes.

Sin embargo, Vincent se siente más cómodo interpretando a "real bastards", como el Pete de "Dernière Station avant le désert"

Sin embargo, Vincent se siente más cómodo interpretando a "real bastards", como el Pete de "Dernière Station avant le désert"

En un plano similar a su papel en la obra de Bégéja puede situarse uno de los más completos ejercicios de virtuosismo escénico que se le ha permitido ejercer al instructor de Caspian sobre un escenario. Arropado con un simple mono vaquero y unos calzones largos de color rojo, el intérprete belga volcó vitriolo con su encarnación del salvaje Pete, en la obra Dernière Station Avant Le Désert, de la dramaturga norteamericana Lannie Robertson (según la adaptación de Gilles Segal y la dirección de Georges Werler). Él y sus compañeros de reparto arrancaron la admiración del público congregado en el parisino Théâtre Cachan, del 12 al 16 de enero de 2010. Un experimento sobre las tablas que permitió al compatriota de Tintín convencer a los responsables de la famosa serie Braquo, para que le incorporaran en la piel de un sádico mafioso de origen flamenco, que hacía numerosas fechorías en la segunda temporada (de próximo estreno en Francia, en Canal+).

Actor de incuestionable y eficaz método, Grass es un todoterreno cuando se introduce en la psique de su rol

Actor de incuestionable y eficaz método, Grass es un todoterreno cuando se introduce en la psique de un rol

Décadas quemadas, lustro a lustro, han contemplado a Vincent Grass dándolo todo para poder subsistir haciendo lo que más le gusta: dotar de vida, voz, maneras y comportamiento a los más variados individuos, que surgen de los cerebros en ebullición de guionistas y dramaturgos. Tantos años peleando en la retaguardia le han hecho acreedor de esperanzar un futuro de escenarios y disfraces de camerinos; porque él nunca pugnó por plasmar una estrella en el Hall of Fame, sino simplemente por ser valorado en lo suyo, en la justa medida, sin las redes de los esteticistas del universo del espectáculo vendiendo paja y humo… siempre calzando el equipaje de personajes al límite, esforzados, profundos y desbordantes.

Los amplios conocimientos y recursos del actor belga cuando se sube a un escenario o se pone delante de una cámara reclaman papeles en los que pueda dar rienda suelta a su faz más emocional

Los amplios conocimientos y recursos del actor belga, cuando se sube a un escenario o se pone delante de una cámara, reclaman papeles en los que pueda dar rienda suelta a su faz más emocional