El conde de Monte Cristo se hace mujer

"Revenge" es el título de la adaptación libre que dirige Phillip Noyce

Los acantilados de la conciencia de Edmond Dantes fueron golpeados con fuerza tras su injusto encarcelamiento, en una olvidada cárcel francesa. Hasta ese momento, el hombre había sido un marino sencillo, amante de las sensaciones simples que le proporcionaban una rutina mediada por el agua salada y su pasión declarada hacia su prometida Mercedes. Pero todo cambió el día en que fue encadenado y silenciado entre las paredes de un lóbrego penal. Así era la historia que Alejandro Dumas padre (en colaboración nunca corroborada oficialmente con el servicial Auguste Maquet) publicó en 1844, bajo el título de El conde de Monte Cristo.

La historia del serial versa sobre una joven que desea vengar la muerte de su familia

Cerca de dos centurias después, y tras numerosas versiones cinematográficas y televisivas en el archivo memorístico de los seres humanos contemporáneos, el veterano cineasta australiano Phillip Noyce (Nueva Gales del Sur, 1950) rescata la inolvidable novela del literato, para confeccionar una versión levemente inspirada en el texto original; y que se acoge al nombre de Revenge. Dos capítulos producidos por la cadena estadounidense ABC conforman el díptico que contempla este ejercicio de trasvase argumental, con el que el realizador de Peligro inminente reivindica la vigencia de una historia sublime; a pesar de que el travestismo en que la ha envuelto sea de los que esconden la identidad de manera bastante preocupante.

Christa B. Allen encarna a la protagonista, Charlotte Grayson

La fuerza del relato del creador de Los tres mosqueteros reside -en cada párrafo, en cada línea, en cada palabra pronunciada- en el carácter indómito de su personaje principal: Edmond Dantes. Desde sus inicios algo ingenuos en su Marsella natal, el lector toma partido por un individuo de noble espíritu; amargado por la envidia de los que pensaba sus amigos; envuelto en unas intrigas políticas de las que él mismo nunca fue partícipe; perdido en una Francia que ardía por los cuatro costados y que se debatía entre el pasado esplendor imperialista de Napoleón y un futuro desalentador, con una monarquía restauradora propiciada por las tropas que habían ocupado la nación.

Noyce es conocido por sus filmes de acción

El autor de Salt olvida a Dantes y entrega el argumento de su obra a una joven del momento actual, que se introduce entre los supuestos colegas y parientes que acabaron con su familia tiempo ha. Mike Kelly firma así un guion traicionero, que intenta asociarse –de manera algo falsa- a la grandeza de El conde de Monte Cristo. La Charlotte Grayson que encarna Christa B. Allen (Los fantasmas de mis ex novias) bien podría ser la representante de una venganza mafiosa; pero es difícil imaginarse que similares motores fueron los que auspiciaron el ajuste de cuentas que orquestó en su día el decimonónico marino marsellés.

La novela original fue publicada en 1884

Mucho más cercanas a su modelo han sido las adaptaciones anteriores sobre la narración de Dumas y su acólito. En 1922, el séptimo arte ya se sintió seducido por este texto de aventuras, donde en realidad lo que se expone es la evolución del comportamiento humano ante los ataques externos (en un sentido casi a lo Ortega y Gasset). Emmett J. Flynn fue el responsable de esa película, en la que el carismático John Gilbert encarnaba a Edmond Dantes. Ya en la época del sonoro, el británico Robert Donat fue el elegido para doblegar la naturaleza apaleada y salvaje del protagonista diseñado por don Alejandro, en El conde de Monte Cristo (Rowland V. Lee, 1934). Por la parte de los compatriotas, el atlético Jean Marais ha sido el Edmond más recordado, tras su caracterización en Le Comte de Monte Cristo (Robert Vernay, 1954). Una versión más en formato de celuloide, la recientemente estrenada como La venganza del conde de Monte Cristo (Kevin Reynolds, 2002) completan el material cinematográfico más destacable soportado por el inmortal relato.

Una de las versiones más fieles ha sido la realizada en 1998 por Josée Dayan

No obstante, es en la televisión donde se hallan dos de las mejores traducciones a imágenes en movimiento del texto impreso por entregas (18 en total). El más que destacable trabajo de David Green, en 1975, sirvió para que Richard Chamberlain demostrara que lo suyo era vestir su carrera con papeles de épocas precedentes marcados por el desánimo social; algo que el actor hizo con notables resultados con la ayuda de un reparto en el que estaban Tony Curtis, Trevor Howard y Donald Pleasence. Proveniente del país de La Marsellesa, la miniserie de 1998 El conde de Monte Cristo exhibió la verosimilitud de un improbable Edmond Dantes recreado por Gérard Depardieu. Sin embargo, la solvencia dramática de la estrella gala fue precisamente la que otorgó a esta producción, dirigida por Josée Dayan, parte de sus mejores valores artísticos.

Richard Chamberlain dio vida a Edmond Dantes en 1975

Phillip Noyce parece pensar que la obra de Dumas necesitaba un lavado de cara generacional, que le quitara las arrugas. Pero, la verdad es que la creación dumasiana luce un rostro terso de por sí, una viveza eterna de emociones universales en sus acciones, una inconmensurable humanidad inmutable suspendida sobre las cabezas de cada uno de sus personajes… ¿Qué más da que se desarrollara en la Francia de las postrimerías napoleónicas, si su funcionamiento se centra en la ecuación química que enlaza sus innumerables virtudes?

La adaptación de 1934, firmada por Rowland V. Lee, es de las más celebradas en el séptimo arte
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