Bob Dylan, el filósofo letrista

El legendario cantautor norteamericano, premio Nobel de Literatura en 2016, presenta "Filosofía de la canción moderna" (Editorial Anagrama): una recopilación de ensayos relativos a sesenta canciones de distintas partes del mundo y diferentes épocas, en la que Dylan deja volar su imaginación y recuerdos, al calor de los versos de las tonadas dan título a cada capítulo.

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Bob Dylan
Bob Dylan diserta sobre algunos de los temas que más le han llamado la atención, a lo largo de su carrera como músico

Bob Dylan hace mucho tiempo que dejó de ser un simple músico, para convertirse en algo mucho más extenso desde el punto de vista de la actividad cultural.

La hondura lírica que presentan los hits más señeros del creador nacido en Minnesota (y cuyo nombre artístico intenta emular las gestas versificadas de Dylan Thomas), normalmente emulsionada por una estela folk de naturaleza beat y con aspiraciones a gozar de un trono privilegiado en el universo de John Steinbeck, explica la razón por la que el autor de Man Gave Names to All the Animals es en estos momentos un pensador valorado y reconocido, quien mueve sus obras con sello propio y palabras de vaporoso enraizamiento.

Después de las excelentes sensaciones dejadas con la publicación de sus memorias (Crónicas, volumen uno), la editorial Anagrama pone a disposición de los lectores Filosofía de la canción moderna: un mosaico voluntariamente heterogéneo de ritmos y estilos en formato de ensayo y sueños varados, en los que subyace la elaboración de una atmósfera determinante e inspiradora, que acompaña sensitivamente a las rimas imaginadas de cada uno de los temas escogidos por Robert Allen Zimmerman.

De Little Richard a The Clash, de Elivs Presley a Dean Martin, la lista de los nombrados es extensa (sesenta, en total) a lo largo del libro esculpido por un Dylan casi dogmático. Un texto dividido en cartas dirigidas a la parte sensitiva del receptor, a las que acompaña un material gráfico de enorme trascendencia visual (150 fotografías), desplegado con la intención de introducir a los interesados en el corazón popular de las épocas a las que hacen referencia los distintos epígrafes que componen esta gramola esmaltada con una capa de colores vintage y nostálgicos.

Bob Dylan
“Filosofía de la canción moderna” es más un diario de emociones, que un estudio serio sobre la música popular

Sin complejos y con una mordacidad afilada, Bob Dylan se acerca a cada canción desde la perspectiva de alguien que se plantea dejar volar la fantasía con las letras que analiza, para penetrar poco a poco en el contexto histórico y social en el que los hits fueron concebidos.

De esta manera, la sensación que da es la de un fabulador sobre composiciones ajenas, al cual se le permiten algunas reflexiones contundentes, como las relativas a las rimas facilonas y a la posibilidad de que una sola sílaba fuera de lugar sea capaz de lastrar una song de brillantez inusitada, y con aspiraciones a convertirse en un himno mítico y generacional.

BOB DYLAN TIRA DE IRONÍA CREATIVA PARA ANALIZAR CADA UNA DE LAS CANCIONES

Sorprende la ambición que estimula un título como Filosofía de la canción moderna; ya que, dicho sin las debidas limitaciones geográficas y temporales, se antoja demasiado grandilocuente. Esto salta a la vista al comprobar que el cancionero elegido por Bob Dylan no cumple con el pacto previsto en la portada, al anular décadas y estilos; por no hablar de muchos artistas señeros que se quedan en el tintero de la imprevisible memoria del Nobel de Literatura en 2016.

El cantautor de Minnesota se limita a concitar a los músicos que le han llamado la atención, sin atender en la mayoría de las ocasiones a la trascendencia que estos han podido tener en el acerbo popular.

Entre los errores más llamativos del libro se encuentra el hecho de que BD no sale de Norteamérica y Reino Unido (salvo por la inclusión del italiano Domenico Modugno y su Volare) para congregar lo que él considera el escurridizo conjunto de la “canción moderna”. Un derrape intelectual de notables consecuencias, que se ve aumentado ante la no aparición entre las páginas de estelares grupos y solistas tan deslumbrantes e icónicos de la música planetaria del siglo XX como Queen, The Rolling Stones, The Beatles, David Bowie, Elton JohnPink Floyd. Todo un hándicap que convierte el libro en un simple muestrario algo deslavazado de memorias individuales, y para nada susceptibles de ser pilares reconocidos de un campo tan volátil como el de la filosofía de la canción moderna.

Filosofía de la canción moderna
Bob Dylan es, a su vez. objeto de estudio a través de sus letras

El comienzo del libro con Detroit City, popularizada por la voz de Bobby Bare, sirve al responsable de Like a Rolling Stone para iniciar el curso ensayístico con las evocaciones que le provocan los versos de esta song escrita por Danny Dill y Mel Tillis. Un recurso que le permite, después de tres fotografías del momento, contar cómo era la urbe Detroit en 1963, cuando Bare grabó los compases de esta tonada.

Ese mismo esquema se repite una y otra vez; aunque, en algunas ocasiones, los comentarios reflexivos vengan atenuados por un empeño en exhibir las transformaciones sociales que acompañaron a determinados temas musicales, más que por relatar las virtudes y defectos de las rimas que visten sus coreadas letras.

Tales propósitos, consistentes en viajar a través de las décadas subidos a lomos de líricas ejemplarizantes, queda un poco escaso y artificial; sobre todo al comprobar que una de las canciones más modernas que incluye Dylan es London Calling, de The Clash, fechada en el ya lejano 1979. La eclosión del punk británico parece animar levemente el espíritu creativo del ganador del premio Nobel, a pesar de que se refiere al movimiento musical como un importante exponente de la rebeldía juvenil, dirigido contra el sistema aburguesado de unos años setenta altamente estimulantes desde el punto de vista contestatario.

El paso de la era de los pantalones campana a los ochenta marca el fin del avance conceptual y argumentativo de Filosofía de la canción moderna, mientras que las décadas de los cincuenta y sesenta se llevan la mejor parte. Un frenazo en seco que impide un mínimo enfoque de las efervescentes jornadas de la electrónica, el house, el rap y el tecno, aparte de los sincopados años noventa; y que deja en el más completo de los olvidos a los informatizados acordes del siglo XXI.

Más información en

https://www.anagrama-ed.es 

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