Ruben Östlund repite Palma

El cineasta sueco se alzó el pasado fin de semana con la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, por la película "Triangle of Sadness" ("El triángulo de la tristeza"). Ruben Östlund repite la gesta, después de que en 2017 le fuera concedida su primera Palma de Oro, por el film "The Square". De nuevo, un largometraje en clave de sátira social le vale al creador nórdico el reconocimiento unánime del jurado.

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Ruben Östlung
Ruben Östlund reúne un reparto con actores de varias nacionalidades, encabezado por el estadounidense Woody Harrelson (en la imagen)

Ruben Östlund acredita un feeling especial con el Festival de Cine de Cannes. Como Rafa Nadal con Roland Garros y John Williams con los Oscar de Hollywood, el director sueco ha recibido los mayores reconocimientos profesionales en el Palacio de Festivales y Congresos de Cannes; no en vano, ya cuenta en su currículo con dos Palmas de Oro (el máximo galardón en el mencionado certamen), una por la vertiginosa y brillante The Square (2017)), y la última obtenida el pasado fin de semana, por la película Triangle of Sadness (El triángulo de la tristeza).

Los ocho minutos de ovación, que recibió la movie tras su proyección, invitaban a pensar que semejante reacción del público se traduciría finalmente en un premio importante; y eso que la competencia era bastante contundente, con títulos tan singulares como Decision to Leave, de Park Chan-Wook, y Crimes of the Future, de David Cronenberg. Sin embargo, la obra relativa a las contradicciones sociales de unos humanos de laboratorio marino firmada por Östlund marcó profundamente las preferencias del jurado, presidido por el actor francés Vincent Lindon.

Un crucero para superricos, en el que participa una conocida pareja de modelos icónicos y admirados, es el escenario escogido por para desarrollar un guion plagado de contradicciones existenciales, en el que se cuela una sutil crítica a las desigualdades clasistas, engrandecidas después de la crisis pandémica del coronavirus. Y eso que muchos políticos se niegan a aceptar el distanciamiento entre ricos y pobres a nivel planetario (entre las declaraciones más sorprendentes a este respecto se encuentran las efectuadas por el gobierno de la Comunidad de Madrid, al negar la pobreza en las calles de la Villa y Corte).

Ruben Östlund
Ruben Östlund desarrolla el argumento de “Triangle of Sadness” en un crucero de lujo

Cada secuencia de Triangle of Sadness roza el esperpento, para descubrir una realidad hedonista y criticable por exclusivista y marginadora, la cual no dista mucho del universo de derroche y falta de conciencia solidaria que define el cosmos de los multimillonarios y de las fortunas más cuantiosas.

Este apego al dinero está también sujeto en la cinta al análisis de la belleza y la importancia de las apariencias, tema personificado por la pareja de modelos conformada por los guapos y exitosos Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean). Ellos dan pie al relato de vanidad crematística y física, mientras se pasean por un barco de lujo chabacano y regado con conversaciones intrascendentes.

RUBEN ÖSTLUND SABE QUE EL SER HUMANO NO TIENE INTENCIÓN DE CAMBIAR

Cuando el coronavirus mantenía a la gente encerrada en sus casas, y los enfermeros y personal hospitalario eran agasajados con aplausos espontáneos, algunos analistas se lanzaron esperanzados a cuestionar si los hombres y mujeres saldrían mejor tras la tragedia pandémica. Sin embargo, cuando las medidas de protección se relajaron y el índice de mortalidad comenzó a bajar, la realidad subyacente demostró que los ricos habían multiplicado su patrimonio en el periodo de encierro e incertidumbre sanitaria, a base de operaciones bursátiles e inmobiliarias de carácter especulativo; mientras la mayoría de los ciudadanos se habían empobrecido con la inevitable crisis asociada a la ralentización económica y al caos humanitario. Según los informes aportados por las organizaciones sin ánimo de lucro, la brecha social entre ricos y pobres se agrandó en la época de la COVID, aumentando el poder adquisitivo de los que tenían más capital. Un dato bastante decepcionante, en cuanto a soñar con una mejora del comportamiento de la raza humana en el tecnológico siglo XXI.

Tales reflexiones le sirven a Ruben Östlund para montar un cuento extraño y sorprendente, donde el principal escenario es un trasatlántico con una atmósfera cercana a la del Titanic antes del naufragio: desafiante por su armazón de patio de recreo para tipos con la cuenta corriente con dígitos mareantes en el saldo, y espectacular en cuanto a la actitud narcisista de individuos estilosos, de perfección física notable y dudoso trasfondo interior.

Ruben Östlund
“Triangle of Sadness” muestra una realidad hedonista y vacua

El punto de vista utilizado por el ingenioso cineasta de The Square (cinta en la que sometió al bisturí analítico al mundo del arte contemporáneo) recuerda vagamente al usado por Federico Fellini en 1985, en la divertida película Y la nave va. No obstante, mientras la fórmula activa usada por Fellini era el del surrealismo orquestado por el divismo operístico, Östlund se centra en desplegar una serie de secuencias sacadas voluntariamente de contexto, con el mundo de los multimillonarios como leitmotiv. Un conjunto de gags humorísticos, sometidos a los comportamientos excesivos de personajes superficiales y dionisiacos.

Los veintidós meses de postproducción que dieron origen a Triangle of Sadness dan una ligera idea del milimétrico ejercicio fílmico que exhibe el largometraje: un espectáculo con el espíritu vaporoso de Wes Anderson, solapado por un esquema argumental que evoca al salvajismo social contenido en High-Rise (tanto el de la novela de J.G. Ballard, como el de la adaptación al cine efectuada por Ben Weatley).

El inglés Harris Dickinson (Trust) y la modelo y actriz sudafricana Charlbi Dean (Una entrevista con Dios) encarnan a la pareja protagonista: dos jóvenes y exitosos modelos, envidiados por todo bicho viviente y aclamados por masas de admiradores. Junto a ellos, el estadounidense Woody Harrelson (Zombieland) se encarga de caracterizar al peculiar capitán Thomas Smith: el hombre que fija el rumbo del crucero de superricos en el que viajan los roles de Dickinson y Dean.

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