Hierba, un cómic sobrecogedor

La creadora surcoreana Keum Suk Gendry-Kim es una de las autoras del momento, por "Hierba" (Reservoir Books): una emotiva novela gráfica carente de colores, que narra el sufrimiento de una joven coreana durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue obligada a servir como esclava sexual de los militares del ejército imperial nipón.

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Hierba
Hierba muestra la cruda realidad de una mujer que fue obligada a trabajar como esclava sexual

Hierba (Reservoir Books) diseña cada uno de sus cuadros con la amargura de los infiernos tenebrosos e infrahumanos. Cada una de las imágenes que componen esta electrizante novela gráfica se encuentra moldeada por los dolorosos recuerdos de Lee Ok-Sun: una superviviente del horror programado por las autoridades militares del ejército imperial japonés, cuando fue obligada a servir como esclava sexual de los oficiales y soldados que participaron en la guerra del Pacífico.

La pesadilla duró tres años, en los que la protagonista resistió escapando a duras penas -y solo a nivel mental- de la violencia física y psíquica de la que fue objeto a cada segundo; un recurso que la trasladaba a un estado de trance voluntario, casi como si estuviera muerta ante los abusos constantes a los que la sometían los hombres uniformados, que se creían dueños del cuerpo y la vida de la entonces joven Lee Ok-Sun. Tales memorias, experimentadas en el demoniaco universo de las palizas intimidatorias y el sexo forzado, nutren las páginas de Hierba: una obra de especial energía emotiva y reivindicativa, con que la ilustradora y dibujante surcoreana Keum Suk Gendry-Kim intenta exhibir las penalidades de las denominadas eufemísticamente “mujeres de consuelo“.

Desde la primera secuencia, la historia se tiñe de una atmósfera trágica, con Lee Ok-Sun como epicentro dramático incluso en su niñez, cuando esta tuvo que abandonar la escuela para ayudar a sus padres. Debido a su origen extremadamente humilde, la pequeña fue vendida por sus progenitores a otra familia, que maltrataba a la chica; hasta que los padres adoptivos la entregaron a las fuerzas de ocupación, procedentes de Japón.

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Hierba muestra el horror vivido por las denominadas “mujeres de consuelo”

Tras su ingreso en los insalubres harenes militares del país nipón, la aldeana comprueba rápidamente el salvajismo de sus captores, que la violan sin el menor rasgo de humanidad o misericordia. Una situación que lleva a Lee Ok-Sun a afrontar una realidad insoportable, imposible de olvidar; y que Keum Suk Gendry-Kim cubre de negro en sus momentos más bestiales, para no herir la sensibilidad de la víctima y de los parientes de esta.

HIERBA RECONOCE EL SUFRIMIENTO DE LAS “MUJERES DE CONSUELO”

Resulta particularmente sorprendente que, pese al tiempo transcurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades japonesas todavía no hayan mostrado disculpas oficiales hacia las esclavas sexuales del ejército imperial. Un tibio comunicado, desmentido posteriormente por el primer ministro, y el reparto de una cantidad de dinero a las supervivientes de semejante infierno han sido los únicos pasos seguidos por el país del Sol Naciente a nivel institucional.

Hierba se convierte así en el mejor recordatorio para estas mujeres ultrajadas y maltratadas sin compasión, muchas de ellas ya fallecidas en la actualidad. Una obra cuyos dibujos exhiben las heridas sin cicatrizar de sus protagonistas, las cuales debieron padecer igualmente el desprecio de sus propios compatriotas y familiares, al considerarlas manchadas por perder su virginidad. Un escenario de crueldad excesiva y amargura ilimitada, que Lee Ok-Sun narró con determinación a Keum Suk Gendry-Kim, para que la dibujante surcoreana lo convirtiera en un relato visual y emotivo, capaz de remover la conciencia de millones de lectores en todo el mundo.

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Hierba se convierte en un testimonio artístico de gran valor humano

Con dibujos sencillos y algunas veces deslavazados, Hierba orquesta una sucesión de viñetas elaboradas con pasión y empatía. Un mosaico de diálogos y escenas impactantes, sobre los que planean los castigos de los captores, las prohibiciones explícitas a las víctimas de hablar su propia lengua, la asunción impuesta de responder a nombres japoneses, la norma de ser complacientes con sus “clientes”, los intentos de suicidio, los embarazos ocultos, las fugas infructuosas… Todo un compendio de habitáculos existenciales tenebrosos, esculpidos en el Averno ideado por los carceleros de unas prisioneras sumidas en tonalidades oscuras, a las que no se les permitía ni soñar.

Un mundo de atmósferas psicóticas, al que Keum Suk Gendry-Kim le otorga similar contundencia artística a la concitada en obras tan celebradas como Persépolis, de Marjane Satrapi, y Maus, de Art Spiegelman.

Más información en

https://www.penguinlibros.com

 

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