Amélie Nothomb imagina a Jesús

La escritora y aristócrata belga se acerca al Nuevo Testamento desde una perspectiva desmitificadora e iconoclasta, en "Sed" (Editorial Anagrama): una novela narrada por un Jesús de Nazaret lleno de incertidumbres, que afronta los momentos que antecedieron a su muerte con un profundo sentimiento de confusión razonable.

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Amélie Nothomb
Amélie Nothomb retrata a un Cristo sumido en un doloroso laberinto conceptual

Amélie Nothomb nunca ha sido una mujer domesticada por los dogmatismos espirituales de carácter evangélico. Según su peculiar bisturí intelectual, las Sagradas Escrituras se convierten en celosías de protección, destinadas a mantener en secreto las tesis ajenas a los pronunciamientos eclesiásticos, con respecto a la existencia terrenal de Jesús de Nazaret y sus apóstoles.

Tales rejas del entendimiento han dado alas a la responsable de Metafísica de los tubos para ir más allá de las palabras de los evangelios, solo con el propósito de hundir su figurada pluma en el turbulento cauce de una época tintada por paletas umbrías; aunque sembrada también por claridades cegadoras, desde el punto de vista de las creencias religiosas.

Sin rescatar antiguas polémicas, centradas en los cuestionamientos de la naturaleza divina de Jesús de Nazaret, Amélie Nothomb se interesa en Sed (Editorial Anagrama) por la potente imagen del hombre que llegó a convertirse en Cristo; al que retrata en el momento en que asumió con angustia y determinación los prolegómenos que antecedieron a su Pasión de llagas sanguinolentas, y a su amargo fallecimiento en la Cruz.

Una obsesión desplegada por la literata belga para conocer los resortes internos que movían al joven carpintero, a la hora de decidir someterse a un futuro tan desapacible; siempre adherida a los imaginados pensamientos del hijo de María, verbalizados a través de inventadas conversaciones que el Mesías mantuvo en silencio y en penumbra con Dios, su padre.

Con una prosa desprovista de elitismos, y permeada por un voluntario lirismo aliñado con ligeros toques de humor, la creadora nacida en Bruselas se introduce en las insondables contradicciones que -según ella- debió de experimentar Jesús, y que el texto reproduce a base de elocuentes reflexiones sobre la muerte y la resurrección, escenificadas a través de la lucha entre el cuerpo y el alma.

Amélie Nothomb
Amélie Nothomb siempre elabora obras de profundo e inspirado sentido reflexivo

¿Es posible aceptar sin más un destino tan cruel como el que padeció el vástago de María? Esta pregunta se percibe como esencial en el desarrollo argumental de Sed, como si se tratara de una cuestión trascendental, nunca colmada por las explicaciones inmutables.

Bajo la voz en off de Cristo en su faceta más humana y terrenal, la soledad de los espacios vacíos otorga un singular abismo de aceptación del sufrimiento, que le sirve a Nothomb para establecer un ingenioso mecanismo de hipnóticos trances narrativos. Una comprensión de aspectos redentores, que pone en evidencia la ingratitud de los que estaban destinados a salvarse con el sacrificio del joven rabí de Nazaret.

AMÉLIE NOTHOMB HUYE DE LAS POLÉMICAS FÁCILES Y MANIDAS

La nueva obra de Amélie Nothomb nutre sus frases y párrafos con un ansia sincera por lograr algo de conocimiento, vertebrado a través de la imaginación de la autora. Un anhelo diseñado para despejar algunas incógnitas sobre lo que supuestamente debió sentir Jesús, cuando tuvo que soportar sobre sí mismo las crueldades de las que fue objeto tras su arresto.

Poncio Pilatos, los discípulos de Cristo, la admiración de María Magdalena, la traición de Judas… Cada uno de los personajes y secuencias que se produjeron en las jornadas de la Pasión componen el argumento central de este monólogo ideado en clave de pliego de descargo, con el que Nothomb procura acercarse a la bicefalia divina y mundana, que sintetizaba el hijo de María en su espíritu celestial y en su cuerpo maltratado.

Amélie Nothomb
Sed es una obra experimental que no procura escandalizar, sino formar preguntas trascendentales

A lo largo de las páginas de Sed no existe ni un atisbo de adoctrinamiento, ni de negación de creencia alguna. Lo que los lectores encuentran es un mosaico tenebrista y asfixiante, donde el protagonista (Jesús) pasa de la alegría al llanto, de la certidumbre a la duda, de la aceptación a los temores de no soportar la terrible condena que le espera. En semejante exposición hay lugar para la desilusión, la transgresión de los dogmatismos pétreos, los accesos iconoclastas, y para mencionar las paradojas y lagunas que presentan los evangelios en algunos de sus versículos.

Una atrayente estructura literaria, que sirve para confeccionar un volumen con el que Amélie Nothomb llevaba soñando desde hacía cincuenta años (la narradora tenía tres años, cuando su padre le habló por primera vez de Jesús de Nazaret).

Más información en

https://www.anagrama-ed.es/

 

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