Emma Stone, Prometeo en mujer

La protagonista pelirroja de "La ciudad de las estrellas" lidera el elenco interpretativo de "Poor Things": la adaptación al cine de la homónima novela del escocés Alasdair Gray, en la que diseña una versión femenina de la criatura de Frankenstein.

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Emma Stone
Emma Stone (en la foto) encarna a la singular Belle Baxter

Emma Stone no acredita ninguna similitud, tanto en rasgos faciales como en cuanto a envergadura, con Boris Karloff, Peter Boyle e incluso Robert De Niro; algunos de los actores que han contribuido a nutrir la leyenda en formato de celuloide del monstruo ideado por Mary Shelley, en la novela Frankenstein o el moderno Prometeo.

La enérgica intérprete de Cruella posee una estatura de 1,68, a la vez de denotar una fragilidad facial y corporal de notable altura estética. Pero esto no ha impedido a la estrella de Zombieland: mata y remata convertirse en el experimento humano surgido de la locura científica del doctor Victor Frankenstein, ahora bautizado como el doctor británico Godwin Baxter.

Poor Things es el título de la película en la que Stone prueba lo que significa someterse a la resurrección eléctrica, de la que fue objeto la criatura de Mary Shelley; aunque, en este caso, con los toques irónicos y rompedores de la homónima novela de Alasdair Gray, vistos a través de la ingeniosa cámara del cineasta ateniense Yorgos Lanthimos (La favorita).

Con los precedentes de Elsa Lanchester y Jane Seymour (dos de las actrices más recordadas en el papel de la neurótica novia de Frankenstein) como modelos resaltados, ES se mete en la mortecina anatomía de Belle Baxter: una mujer creada a partir de un cuerpo fallecido, al que el doctor Godwin Baxter le implanta el cerebro de un niño.

Emma Stone
Alasdair Gray sorprendió en 1992, con su versión femenina de Frankenstein

Las calles de algunos enclaves de Hungría se han transformado en la cosmopolita Gran Bretaña de la Reina Victoria, para dotar de prestancia arquitectónica a los escenarios en los que transcurre la acción de Poor Things. Unos laberintos de callejas estrechas y oscuras, donde se hunden los pasos de la confusa Belle Baxter, en un mundo y una sociedad que pretenden condenarla a la extinción, sin pararse a intentar comprender su naturaleza experimental.

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El guion de Tony McNamara (La favorita) completa un relato con constantes revelaciones y paradojas morales. La primera de esas contradicciones espirituales y médicas tiene que ver con el rasgo de trascendencia egocéntrica que prima en el trabajo del doctor Godwin Baxter (Willem Dafoe): un científico ansioso por suplantar el papel de Dios, destinado a la creación de una Eva de uso exclusivo e interesado. Esta obsesión le lleva a comprar el cadáver de una mujer ahogada en el río, que le sirve para completar su gran avance profesional.

A partir de potentes descargas eléctricas, Baxter consigue resucitar a la malograda Belle, a la que previamente ha implantado el cerebro de un niño.

Ingenua por su concepción de laboratorio, y con todo un universo humano que aprender, la “criatura” adquiere poco a poco una conciencia sentimental, que la acerca a los brazos del doctor Archibald McCandless (Ramy Youssef), quien narra su relación mutua en una autobiografía de extraños y siniestros trazos existenciales.

Emma Stone
Elsa Lanchester (en la imagen) es una de las actrices más recordadas, en el papel de la entonces novia de Frankenstein

Yorgos Lanthimos ha procurado mantener a salvo el sutil juego entre el deseo machista de un tiempo de dominación patriarcal, y el hambre de independencia que surge en el interior del personaje de Belle. Una lucha de emociones controvertidas, escenificadas con el golpe situacional que supone contemplar a una dama con el alma alumbrada por la combinación de voltios y electrodos.

A lo largo de la novela de Alasdair Gray pivota la profunda cuestión de si es posible construir a la compañera perfecta a modo de un maniquí que respira, mediante interminables sesiones de laboratorio. Una pregunta que igualmente parece nutrir el libreto diseñado por Tony McNamara, y que permite a Emma Stone realizar una caracterización ajena a los corsés costumbristas de una época como la decimonónica, donde las mujeres anhelaban ser escuchadas y tenidas en cuenta.

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