Los pazos de Ulloa sacude Madrid

La genial obra de Emilia Pardo Bazán ocupa la sala Guirau del capitalino Teatro Fernán Gómez hasta el 7 de noviembre, con un montaje plagado de imaginación y momentos inspirados, a cargo de Helena Pimenta.

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Los pazos de Ulloa
Los pazos de Ulloa adquiere nuevos bríos tenebrosos, a través de la adaptación de Eduardo Galán/ Foto: Juan Carlos Arévalo y Teatro Fernán Gómez

Los pazos de Ulloa marcó con salvaje dramatismo las guías del naturalismo agreste y costumbrista que Emilia Pardo Bazán quiso esculpir con palabras, inspirada en la abismal propuesta del francés Émile Zola, y con la ironía esperpéntica de Ramón María del Valle-Inclán como singular bote salvavidas.

En una Galicia de prados surcados por las nebulosas mortecinas y de ciudades embriagadas por sombras, la obra de la creadora que fue pareja epistolar de Benito Pérez Galdós alimentó su argumento con una galería de personajes devorados por sus miedos y ambiciones, por sus vicios y virtudes, por su desgaste existencial y su determinismo social. Unos seres caricaturizados sobre osamentas agrietadas, a los que persigue un continuo aroma de camposanto enrarecido y explosivo.

Publicada inicialmente en 1886, la historia coral de Los pazos de Ulloa se ha transformado ahora en enérgica dramaturgia escénica, por medio del intenso trabajo de Eduardo Galán. Una adaptación que el madrileño Teatro Fernán Gómez alberga, en su sala Guirau, desde el pasado 8 de octubre; y cuyas representaciones sirven de sincero homenaje para recordar el primer centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán, hecho ocurrido el 12 de mayo de 1921.

Los pazos de Ulloa
Los pazos de Ulloa llega a Madrid como parte del homenaje al primer centenario del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán

La directora salmantina Helena Pimenta es la responsable de esta enriquecedora versión de la celebrada novela decimonónica; una narración en prosa, que en su día fue comparada con La regenta, de Leopoldo Alas. Aunque, el marco y las connotaciones situacionales entre ambos textos son notablemente diferentes, con un distinto tratamiento de las pasiones internas que mueven a los personajes principales.

LOS PAZOS DE ULLOA ABREN LA PUERTA A LA CONDENACIÓN VOLUNTARIA

La inteligente adaptación materializada por Eduardo Galán preserva el cosmos enfermizo y asfixiante de la narración original, que cala en los huesos de los tipos que deambulan por las oscuras y tenebrosas extensiones ideadas por Emilia Pardo Bazán. Dentro de este laberinto de condenaciones voluntarias, el papel del don Julián (el sacerdote que protagoniza la trama, al que encarna con brillantez Pere Ponce) ejerce como desencadenante de las numerosas desgracias que suceden en el escenario. Un lugar que Helena Pimenta acompaña con proyecciones de naturalezas urgidas por el viento y el frío, como si la tierra adquiriera una importancia épica en el devenir de los acontecimientos.

Como telón de fondo, la bicefalia localista entre la ciudad (Santiago de Compostela) y el campo (Los pazos de Ulloa) cincela los infiernos a los que se ven abocados los individuos que dialogan las secuencias: dos enclaves que lanzan raíces en el cuadro humano, hasta el punto de esculpir las tristezas, los anhelos, los temores y las contadas alegrías de los habitantes del texto. Unos entes que siempre esperan la condenación por sus actos y pensamientos, como si supieran que son simples mártires de una época incapaz de permitir las debilidades propias de los hombres y de las mujeres.

Los pazos de Ulloa
Pere Ponce (en la imagen) realiza una brillante caracterización de don Julián

Sometido a tales rigores artísticos, Pere Ponce (El sustituto) ajusta su rictus y fisonomía al dibujo afilado de la faz atemorizada y huidiza de don Julián: potente catalizador de un amor prohibido, hacia la esposa del cruel y violento don Pedro (Marcial Álvarez).

Ponce introduce su actuación en un sinfín de vaivenes sentimentales, que Helena Pimenta acompaña con peculiares juegos de luces y sombras, como si fueran fieles testigos de las luchas intestinas que el religioso presenta, para combatir su admiración hacia la joven Nucha.

En esos rincones de la conciencia enfermiza del sacerdote, las palabras de Eduardo Galán exhiben con acierto las profundas simas de dolor sentimental que diseñó Emilia Pardo Bazán, eternamente sujetas a los rigores climáticos y anímicos de lo que ella llamó Los pazos de Ulloa.

Más información, entradas y horarios en

https://www.teatrofernangomez.es

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