Fran Lebowitz opina en español

Tusquets reedita en el idioma de Cervantes algunos de los mejores textos publicados por la legendaria columnista -y captadora de vicios y virtudes sociales- neoyorquina. Un libro que rezuma humor y veracidad documental, que lleva por título "Un día cualquiera en Nueva York".

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Fran Lebowitz
Fran Lebowitz retrató a la sociedad de la urbe del Empire State de los años setenta, ochenta y noventa

Fran Lebowitz, pese a que en su carné acredita setenta años, no ha perdido ni un ápice de su talante agrio y respondón. Un estilo peculiar de comportamiento, muy común en cierta parte de la intelectualidad neoyorquina que creció al calor ideológico de los movimientos contraculturales, y que imprimió miles de páginas con análisis más o menos ingeniosos sobre los errores que cometían los urbanitas de la segunda mitad del siglo XX, en la amplia geografía de USA.

A través de su columna en Interview (revista fundada por Andy Warhol) y de sus escritos en Mademoiselle y Vogue, Fran Lebowitz se alzó como una de las voces más potentes de su tiempo convulso y libertario, a la hora de fotografiar con palabras los vicios y complejos de una época de laberintos publicitarios. Una era en que las corrientes y tendencias acababan destrozadas por las reflexiones individualistas de plumas tan sagaces como la de Frances Ann “Fran” Lebowitz.

Tras las lentes de los invisibles prismáticos desamortizadores y aguerridos de FL, el mundo se antoja como un lugar desolador y absurdo, donde las actitudes más ridículas y superficiales se erigen como protagonistas de historias intrascendentes y surrealistas. Un universo de contradicciones humanas, que Lebowitz ilustra con sus experiencias personales, narradas desde la atalaya de alguien que parece estar por encima del bien y del mal, y que ejerce de juez y jurado en una dura contienda contra los pensamientos globalizadores.

Tales tesis dotan de sentido y sensibilidad a Un día cualquiera en Nueva York (Tusquets Editores): una brillante y asfixiante colección de trabajos publicados entre 1977 y 1994, que formaron parte del cuerpo de The Fran Lebowitz Radar (Metropolitan Life and Social Studies).

Fran Lebowitz
Fran Lebowitz alcanzó notoriedad con el libro “Metropolitan Life”.

No hay adoquín, tipo urbanita o comportamiento generalizado que no toque Lebowitz, con su habitual manera de interpretar los vaivenes emocionales y rutinarios de sus vecinos de la ciudad que nunca duerme. Unas costumbres que no dejan de ser un tanto singulares, tratadas con el reconocible estilo de una mujer que se hizo célebre afilando su modus operandi de neoyorquina defensora de la coherencia, y sometida contra su voluntad por el caos circundante que marca la contemporaneidad en la nación de las barras y estrellas.

FRAN LEBOWITZ NO SE DEJA NADA EN EL TINTERO

Un día cualquiera en Nueva York presenta un cuerpo argumental milimétricamente diseccionado en grupos de contenidos bien definidos, que contribuyen a mostrar la profundidad e idoneidad de las tesis sustentadas por Lebowitz.

Los parámetros de la vida metropolitana y las ciencias sociales son los que determinan el pulso discursivo de este manual de psicología colectiva y doméstica. Un campo abonado por subtemas tan misteriosos y atrayentes como el de los modales, la ciencia, las artes, las letras, las cosas, los lugares, las ideas o las personas.

Semejantes epígrafes incluyen jugosas declaraciones, relativas a guías vocacionales para tipos realmente ambiciosos; dictaduras interesadas en favor de los deportes modernos; reflexiones sorpresivas sobre la educación familiar; consejos para entrar en las discotecas de moda; posicionamientos a favor y en contra de los niños; o digresiones sobre la importancia de los bancos de uñas, los relojes digitales y las calculadoras de bolsillo.

Entre el enfado y el humor de programa televisivo (incluso es posible escuchar a lo lejos un coro de risas enlatadas), Lebowitz pone en solfa algunos de los pilares fundamentales de los valores sociales de su época, tales como el papel de la universidad como institución garante de conocimiento; la relevancia del presidente como cargo; el culto al cuerpo; o la necesidad de seguir corrientes mayoritarias a nivel estético, literario e intelectual.

Fran Lebowitz
Martin Scorsese dedicó un documental a la figura de Fran Lebowitz

Una conducta aceptable exige, por ejemplo, que la gente se abstenga de iniciar tendencias, vencer inhibiciones o desarrollar talentos ocultos“, escribe FL, al comienzo de Un día cualquiera en Nueva York, dentro del apartado de dedicado a los modales. Un simple y elocuente extracto, que deja una pincelada clara del acerado tenebrismo medioambiental que domina la totalidad del libro. Volumen en el que la neoyorquina asume afirmaciones del tipo de “no es cierto que cualquier trabajo sea digno de por sí“; “la paz interior no existe“; o “son muy pocas las personas que tienen una auténtica capacidad artística“.

Tras leer Un día cualquiera en Nueva York, resulta un ejercicio agradable y recomendable ponerse las gafas de Fran Lebowitz, solo para contemplar la sociedad informatizada y virtual del tercer milenio. Los efectos pueden llegar a ser apocalípticos…

Más información en

https://www.planetadelibros.com

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