Franco Battiato, el filósofo del pop

El polifacético cantante de "Yo quiero verte danzar" ha fallecido hoy en su casa de Milo (Sicilia), víctima de una enfermedad que le apartó de la vida pública desde 2017. Con él desaparece uno de los artistas más talentosos de los últimos tiempos, alguien que practicó diferentes disciplinas creativas, con singular capacidad para encontrar diferentes medios de expresión.

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Franco Battiato
Franco Battiato triunfó en la música, con numerosos hits en los ochenta

Franco Battiato era un músico particular, con una manera propia de componer líricas, y de seducir al público con letras de difícil comprensión al ser declamadas; pero que desencadenaban la locura colectiva, cuando entraban en unión con las partituras que él mismo montaba.

Pocos son capaces de establecer un hilo narrativo lógico en Perspectiva Nevski, o en la singladura rítmica del popular Yo quiero verte danzar; pero es lo de menos, ya que lo importante está en las sensaciones que tales tonadas transmiten, siempre envueltas en un halo de misterio conceptual, que las hace inmejorables y únicas.

Las palabras en el cancionero de Battiato son como puertas corredizas dentro de laberintos eficaces e inspirados, que tejen una delicada urdimbre de tonalidades cambiantes, aderezadas con la suave dicción de este vecino de la región de Catania. Un heredero declarado de los pentagramas multicolores, que aprendió las reglas básicas de las melodías a través de la fusión entre la música clásica de su infancia (siempre mantuvo enorme respeto por la figura de Karlheinz Stockhausen), y el rock progresivo de naturaleza estoica y épica.

Tales armas de irónica intelectualidad otorgaron a Franco Battiato un espacio determinado en la música transalpina, desde principios de los setenta; y eso que el panorama de aquel entonces estaba dominado por los potentes baladistas de eterno recorrido, del estilo de Claudio Baglioni, Umberto Tozzi y Franco Simone.

El palo que seguía FB era otro, mucho más apegado a una versión masculina de la inclasificable Mina, y hermanado en intereses folclóricos con gente del tirón trovadoresco de Angelo Branduardi y del mítico Nicola Di Bari.

Franco Battiato
Nómadas es uno de los discos en español más exitosos de Franco Battiato 

Amante de las experiencias sensibles y del aprendizaje constante, Battiato viró desde el rock sinfónico a la electrónica de emulsiones profundas. En medio queda un arco completo de variantes nutritivas a nivel sonoro, que ayudaron a conformar el pop étnico y eufórico de este seguidor de Plutarco, y de las culturas provenientes de Oriente.

FRANCO BATTIATO NO NECESITABA UN CENTRO DE GRAVEDAD PERMANENTE

Desde su infancia, Franco Battiato estuvo dominado por una pasión sin medida hacia el Arte en mayúscula, en un sentido casi renacentista. Nacido en el año en que finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945), el autor de La Voce del Padrone (1981) vivió las privaciones propias de la dura posguerra transalpina. Un tiempo convulso y duro, que animó a FB a emigrar a Milán, con solo veinte años.

La década de los sesenta en el país de La Bota era una época de furibundo espíritu contracultural, e intereses altamente experimentales. El Arte Póvera, los ajustes documentalistas del Neorrealismo, la irrupción del cine desafiante de Pier Paolo Pasolini, los happenings callejeros… Todas estas manifestaciones, aparte de un sinfín de eclosiones creativas más, permearon el caparazón lírico del entonces muchacho de Catania, quien dirigió sus pasos hacia la música por la voluntaria necesidad de englobar un enorme caleidoscopio de sentimientos audiovisuales, y encerrarlo en pequeñas cápsulas de pensamientos inspirados, y de consumo rápido y transversal.

Franco Battiato
Franco Battiatio participó en el Festival de Eurovisión en 1984

La capacidad del transalpino para transmitir elucubraciones de pretendida altura filosófica en sus canciones llamó pronto la atención, a través de recordados discos como L’Egitto Prima delle Sabbie (1977). Una fama que alcanzó sus mayores cotas cuando FB comenzó a practicar un pop electrónico contagioso e hipnotizante, a partir de los años ochenta.

Algunos especialistas señalaron en su momento que Battiato consiguió la difícil tarea de unir la música de etiqueta y la cultura popular. Sin embargo, el artista de Giarre-Riposto nunca hizo distinciones semejantes, incluso en sus composiciones dejó claro que para él no existían fronteras clasistas en la manera de ejecutar los impulsos melódicos. Máxima que ejemplificó para los escépticos y los dogmáticos con su participación en el Festival de Eurovisión, en 1984; donde consiguió un meritorio quinto puesto, con el tema Los trenes de Tozeur, que interpretó junto a Alice (Carla Bissi).

Yo quiero verte danzar, La estación de los amores, Perspectiva Nevski (basada en el homónimo cuento de Nikolái Gógol), Nómadas, o Busco un centro de gravedad permanente… El repertorio de este genial teclista es extenso en emociones generacionales. Un cancionero que nunca dejará de sonar en la mente de los aficionados, y cuya valía está lejos de cuestionamientos simplistas. No en vano, y fruto de sus hitos artísticos, Battiato fue homenajeado por los astrónomos en 1997, cuando estos bautizaron al asteroide del cinturón principal 18556 con su nombre.

Todo un reconocimiento para un compositor inmortal, minimalista, y arqueólogo de las manifestaciones sonoras.

 

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