Georgia O’Keeffe pinta el Thyssen

La artista estadounidense, conocida popularmente como la madre del modernismo en USA, es objeto de la primera retrospectiva en España. Una muestra antológica, que recorre cerca de siete décadas de trabajos suscritos a las naturalezas salvajes y a las metamorfosis paisajísticas.

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Georgia O'Keeffe
Georgia O’Keeffe captó, con su técnica poliédrica, las transformaciones que experimentaban las realidades y los objetos que solía recrear en sus obras/ Foto: “Lucero de la tarde nº VI”, 1917/ Georgia O’Keeffe Museum, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Georgia O’Keeffe probablemente se habrá adaptado bien a las comodidades higienizadas y capitalinas de la sede madrileña del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, acompañada en cántico vecinal por algunos de los más laureados e ilustres camaradas de caballetes inmortales, como Chagal, Pizarro o Juan Gris. Aunque, en medio de tanto rigor institucional y palaciego, es más que seguro que la creadora norteamericana prefiriera su estudio rodante a semejante boato capitalino, en sincronía perfecta con el ruido de los neumáticos sobre los asfaltos agrietados de los senderos de Nuevo México.

La artista nacida en Wisconsin siempre ambicionó poder encapsular en las medidas de un lienzo las ansiedades de los colores rebosantes de euforia pigmentada, las naturalezas de salvajismo inclasificable que nutrían la fisonomía de los lugares en los que recalaba, la degradación de la existencia en los seres vivos, o el paso del tiempo que difumina las ilusiones de cartón piedra.

Semejante mosaico de emociones desaforadas acontece en la Villa y Corte desde el pasado 20 de abril, con los aperos de las paletas profundas y cegadoras; siempre estimulados por los impulsos creativos que anidaban en la cabeza de esta amazona de la plástica, de esta maestra de la abstracción, y de esta defensora de bodegones carentes de clasicismo reductor.

Desde sus obras iniciáticas anteriores a la Primera Guerra Mundial, con carboncillos curiosos y pinceles confesionales, a sus mediáticas flores de sinuosas curvas y tallos, la exposición concebida por la comisaria María Ruiz del Árbol exhibe el impactante talento de O’Keeffe, con el que marcó diferencias con cualquier moda o corriente de su época. Una realidad que queda mediatizada por su percepción de la pintura, enlazada hasta el momento de su muerte con las imágenes que percibía de su ecosistema más inmediato, y de los lugares por los que transitaba con su caballete revolucionario y sus tinturas desbocadas.

Georgia O'Keeffe
Georgia O’Keeffe se hizo famosa por sus mediáticos cuadros de plantas y flores/ Foto: “Amapolas orientales”, 1921/ Georgia O’Keefe Museum y Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Ese componente de peregrinación voluntaria dota de carácter propio a las escenas recreadas por la autora de Flor blanca nº1 (obra con la que entró en la lista de los artistas más cotizados en el mercado, al ser vendida por cuarenta y cuatro millones de dólares, en una subasta celebrada en Sotheby’s, en 2014).

Tal elemento, relacionado con sus viajes determinantes, se antoja como imprescindible en la visión de la creadora, y alumbra la comprensión de una pintora que nunca se cansó de probar nuevas soluciones y temáticas, para enriquecer su interminable compromiso con el cambio.

GEORGIA O’KEEFFE Y LA MIRADA DE VAN GOGH

Pese a la diferencia en el estilo y en las intenciones plásticas, no resulta arriesgado afirmar que existe una especie de conexión entre la pasión paisajística de Georgia O’Keeffe y las obsesiones atmosféricas de Vincent van Gogh. Ambos se mantuvieron sujetos a una cruzada de colores desafiantes y categóricos, y los dos apostaron por la explosión de los aglutinantes.

Esta invisible cadena de búsqueda en la naturaleza circundante a través de los pigmentos tiene en la estadounidense también un cierto ingrediente homérico, de odiseas creativas en pos de descubrir un ligero primitivismo pictórico. Ansiedades que se traducen en la demanda de una pureza absoluta, muy acorde con los estudios de Jackson Pollock, cuando se empeñó en plasmar la idiosincrasia de los pueblos indígenas en la zona de Nuevo México.

Precisamente, México se convirtió en el refugio último de la creadora de Sun Prairie, donde diseñó un compendio de piezas quemadas por los rayos asfixiantes y polvorientos del desierto. Lienzos protagonizados por laberintos cromáticos y claustrofóbicos, compuestos bajo la lupa de su peculiar microscopio de naturalezas metamorfoseadas.

Georgia O`Keeffe
Georgia O’Keeffe es una de las artistas más reconocidas de la abstracción en USA/ Foto: “Lirio blanco nº7”, Georgia O’Keeffe Museum y Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha conseguido reunir cerca de noventa trabajos de esta impresionista de la abstracción y el vanguardismo; conjunto de imágenes que deja atisbar los continuos y sustanciosos cambios que O’Keeffe abordó a lo largo de su carrera, motivados por su evolución personal y sentimental.

Un recorrido que muestra sus secuencias neoyorquinas, dotadas de una fuerza angulosa que se acerca a las vanguardias cubistas, o sus cráneos de animales en descomposición (carcasas de nostálgicos acordes, que reflejan la degradación del vitalismo hedonista de sus años en la Gran Manzana). Un itinerario que igualmente contiene sus famosas plantas y flores, las mismas que han marcado hitos históricos en las subastas planetarias.

Nota: La exposición dedicada a Georgia O’Keeffe estará en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza hasta el próximo 8 de agosto.

Más información, entradas y horarios en

https://www.museothyssen.org

 

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