Lionel Shriver y el ansia de poseer

La escritora de "Tenemos que hablar de Kevin" recopila una serie de relatos breves sobre el comportamiento humano en el siglo XXI, dentro de la brillante radiografía social titulada "Propiedad privada" (Editorial Anagrama).

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Lionel Shriver
Lionel Shriver reflexiona sobre la necesidad de muchos hombres y mujeres, consistente en acumular posesiones a lo largo de su existencia

Lionel Shriver parece sentirse cómoda en el interior del figurado laberinto de espejos deformantes, que diseña la naturaleza cambiante y contradictoria de los hombres, mujeres y niños contemporáneos.

Tras años de ejercicio profesional como periodista, esta amante de los detalles psicológicos ha potenciado una prosa valiente y analítica, capaz de poner a contraluz las fobias, los miedos, las incertidumbres, los defectos, las esperanzas, las obsesiones y los secretos de los habitantes de la llamada globalidad planetaria. Una labor parecida  a la que ejerció Charles Dickens en el siglo XIX, y que dio como resultado un conjunto inigualable de novelas, sobre la degradación moral y ética que imperaba en la intrahistoria de la sociedad victoriana.

Propiedad privada (Editorial Anagrama) es la última obra que Shriver publica en España, aunque en su país de origen (USA) ya circula por las librerías su más reciente creación: The Motion of the Body Through Space (Harper Collins).

El texto que acaba de ser editado en la lengua de Cervantes es una brillante recopilación de diez historias cortas, relativas a la dependencia consumista de considerarse poseedor -o poseedora- de algo o de alguien. La autora estadounidense cambia de esta manera la máxima aristotélica de que el hombre es un animal social, para sustituirla por la de el hombre es un animal posesivo; y, en función de que este cumpla sus ansiedades por dominar inmuebles, objetos y personas, se considera con suficiente peso existencial como para saborear la sensación triunfo individual.

Lionel Shriver
Lionel Shriver consigue transmitir la falta de lógica en el comportamiento de las sociedades basadas en la posesión

¿Cuál es el efecto de la propiedad sobre un personaje?“, se pregunta el novelista E. M. Forster, en el prólogo de Propiedad privada. Una cuestión vital y demoledora, que genera en la pluma de la responsable de El mundo después del cumpleaños una serie de viajes emocionales, hacia la inconsistencia que transmite la denominación de propietario; aunque esta sea simplemente desde un punto de vista artístico. Algo que se plantearon antes que ella maestros de la palabra como Miguel de Unamuno (Niebla) y Luigi Pirandello (Seis personajes en busca de autor), entre otros.

LIONEL SHRIVER MARCA LOS LÍMITES

Regalos de boda envenenados con el aroma de la discordia, vecinos que sacan a relucir sus más recónditos deseos de disputa, padres que se las arreglan para echar del hogar familiar a sus vástagos adultos, carteros que se dedican a espiar las cartas que reparten, padres e hijos que pelean en espacios aeroportuarios, compras de casas capaces que quebrar la aparente felicidad de parejas supuestamente sólidas, fugados de la justicia que se alejan de los paraísos para experimentar el infierno de los juzgados, tierras en pleno conflicto atravesadas por viajeras impenitentes… La flora y fauna que deambula por Propiedad privada es variada y rica en matices, lo que aporta verosimilitud y transformación situacional al conjunto de cuentos que dibujan este mosaico desolador y dolorido. Un cuadro que puede remitir, en algunos de sus planteamientos más extremos relacionados con los inmuebles, a las tesis argumentales de Casa de arena y niebla, de Andre Dubus III.

Lionel Shriver
Lionel Shriver se cuestiona si los objetos, las personas y los inmuebles son susceptibles de ser poseídos 

Muy acorde con las tesis neoliberales de medir a los humanos por la cantidad y relevancia de sus posesiones, Shriver moldea las agrestes extensiones de un grupo de actitudes asfixiantes y descorazonadoras, ausentes muchas veces del adecuado interés en promover el bienestar de los demás.

El individualismo y la necesidad de acumular propiedades van parejos en la ecuación del comportamiento social, a lo largo de la obra de la narradora estadounidense; y muestran un decorado de engaños, obsesiones, deseos, desencuentros, infidelidades, castigos y frustraciones.

Resulta irónico que esa obcecación por colgar el letrero de “propiedad privada” que mantienen muchos de los terrícolas del siglo XXI, y que aliena a los personajes de los relatos de LSh, se produzca en un universo de crisis constantes, como el actual; donde la denominada insoportable levedad del ser transforma los deseos de comprar y mantener bienes vivos o inanimados en simples ilusiones de insatisfacción profunda, motivadas por el desafiante sueño de alcanzar el peso específico de ser alguien en el cosmos de la volatilidad permanente.

Más información en

https://www.anagrama-ed.es

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