Antonio Scurati y el fascismo

El profesor y escritor napolitano novela los aspectos más ocultos respecto a la ideología y la política del denominado Il Duce, en "M, el hijo del siglo" (Editorial Alfaguara).

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Antonio Scurati
Antonio Scurati sorprende a la crítica y al público, con su acercamiento a la historia de Benito Mussolini

Antonio Scurati no quería publicar un ensayo compuesto por una sucesión de datos y hechos, sino que los lectores se adentraran en la personalidad de Benito Mussolini a través del mismo dictador transalpino.

Más o menos como si el fundador del fascismo se transformara en una puerta de singulares elementos y notables dimensiones, desde la que acceder al interior de una psique altamente ambiciosa y hambrienta de poder.

Bajo semejante fórmula creativa, el profesor de la universidad de Milán (IULM) ideó una especie de documental dramatizado con rigor, en el que todo lo narrado pudiera ser localizado en las fuentes y los archivos pertinentes; mientras la imaginación daba pie a diálogos supuestos, que estuvieran cargados de veracidad histórica.

Así nació M, el hijo del siglo (Editorial Alfaguara): una extensa obra de apasionante recorrido, en la que no hay juicios de valor ni interpretaciones partidistas; y donde prima el sentido de la objetividad, carente de matices y guías emocionales.

De esta manera, cuando el texto salió publicado en Italia, tanto los fascistas como los demócratas se sintieron reconfortados con lo que esta novela exponía, parapetada tras una eficaz máscara de ensayo académico.

Aunque, más que con lo que cuenta, sería más exacto puntualizar que el foco de atracción para los lectores de uno y otro signo estriba ante todo en cómo el autor trata la delicada materia que alimenta los capítulos del libro. Un estilo que no menosprecia las diferentes ideologías, y que tampoco adjetiva la adscripción a tendencia alguna.

Antonio Scurati
Antonio Scurati retrata a Mussolini (en la imagen) como un hombre obsesionado con el poder

Scurati refleja la capacidad de Mussolini para atraer a las masas, con sus discursos abiertamente populistas. Y es esa impostada cercanía atomizadora la que consiguió hipnotizar a millones de transalpinos, que no se sentían atraídos por las arengas más intelectualizadas de otros políticos.

Fuerza y llaneza, tales fueron las armas  que llevaron al gobierno de la nación de La Bota al dictador nacido en Predappio, según el autor de El hijo del siglo; y con ellas, este individuo colmó su anhelo de ser el hombre más poderoso del país, al que dominó a base de miedo y violencia.

ANTONIO SCURATI HUYE DEL SIMPLISMO

Hace unos meses, Leo Bassi confesó a TLCM que uno de los puntos claves del éxito de la política de Mussolini se circunscribió a la vehemencia de sus mensajes. La comunicación se convirtió de esta forma en una de las máximas para el fundador del fascismo, cuyos mítines estaban ensamblados a través del lenguaje del pueblo; algo que queda ampliamente explicado en el libro de Scurati.

El autor de Una historia romántica asume que Benito Mussolini verbalizaba públicamente los deseos de la mayoría de los italianos, sin importar que fueran medidas imposibles de llevar a cabo, o que estuvieran destinadas a una existencia de corto recorrido. Todo valía para alzarse con la victoria en las urnas, y para mantenerse en lo más alto de la política transalpina.

A este respecto, Antonio Scurati recuerda en el libro que BN no tenía un programa determinado, y que sus bazas en el campo de la batalla dialéctica se nutrían de la falta de racionalidad, al igual que de ideología. Esto queda patente en el cambio de rumbo de la organización de Mussolini, desde el dogmatismo anticlerical y casi socialista, a un conservadurismo monárquico de rancia prestancia. Posturas que asumió para seguir en la senda de la popularidad y de los capitales inversores (en la línea del dinero, el vaivén fue de los pequeños burgueses a las grandes fortunas).

Antonio Scurati
Antonio Scurati alcanzó notoriedad como autor, con la brillante obra “Una historia romántica”

Con ese esqueleto analítico, M, el hijo del siglo arranca en el año 1919, cuando Mussolini era un joven radical, dentro del ala socialista. Ese comienzo explica de manera gráfica una de las mayores causas que permitieron al fascismo anidar en el espíritu de los compatriotas de Garibaldi. Los miles de muertos ocasionados por la Primera Guerra Mundial y la desafección emocional de los partidos de la época permitieron a los aliados del futuro Duce sembrar la semilla de las regeneraciones populistas. Un espejismo que nacía de las medidas irrealizables, y que únicamente se saciaba con las aspiraciones agresivas y ambiciosas de su líder.

Puede que la novela sorprenda por su tendencia a no juzgar, y a no caer en lo caricaturesco. Sin embargo, esas fueron las coordenadas de Scurati desde el principio: huir del simplismo a la hora de analizar fenómenos de adscripción absolutamente emotiva, para no caer en elitismos que dejaran fuera del radio de acción a los que no gozan de una preparación intelectual previa.

Nota: M, el hijo del siglo ha sido galardonada con el Premio Strega 2019.

Más información en

https://www.megustaleer.com/editoriales/alfaguara/AL

 

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