Alejandro Sanz no arriesga

El cantante madrileño se refugia en los ritmos que mejor conoce, en "#ElDisco"

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Alejandro Sanz conjunta estilos como el pop latino, las baladas a tiempo confesional y el dance de diseño
Alejandro Sanz conjunta estilos como el pop latino, las baladas a tiempo confesional, y el dance de diseño

Alejandro Sanz empieza a parecerse a una marca registrada, dentro del universo de la música pegadiza y altamente comercial.

El cantante nacido en Moratalaz no es de los que cambian de tercio o de estrategias creativas, ya que los paisajes conocidos son los mejores refugios para sus líricas encendidas con palabras, muchas veces hambrientas de los adecuados acompañamientos sinfónicos.

Como si estuviera en un eterno bucle de “corazones partíos“, Sanz se empeña en ahondar en la huella de su voz agónica, mientras los accesos de guitarras y pianos enmudecen rápidamente, para no silenciar el tono de compadreo excesivo y adormecedor que define al autor de No es lo mismo.

Semejantes sensaciones son las que coronan #ElDisco (Universal Music Spain), el decimotercer álbum de estudio de Alejandro Sánchez Pizarro: un sucesión de temas alimentados con estrofas a media altura, en las que falta la necesaria pegada dramática, y donde se concita una artificial atmósfera millennial que enturbia el resultado final.

Alejandro Sanz (en la imagen) escogió "No tengo nada" como single de adelante de "#ElDisco"
Alejandro Sanz (en la imagen) escogió el tema “No tengo nada” , como single de adelanto de “#ElDisco”

Después del desangelado Sirope, la aparición de #ElDisco es como un brillante retorno al sendero de las canciones marca de la casa made in Sanzland; en el que las baladas se convierten en el verdadero puntal de la obra, y las extravagancias dance describen vacíos bastante notables en la manera de concitar el curso artístico de este confuso trabajo.

ALEJANDRO SANZ Y EL ESPÍRITU DE MIAMI

La producción de Alfonso Pérez y Julio Reyes, más la colaboración del poderoso e imaginativo Emilio Estefan, hacen que #ElDisco muestre unas variantes melódicas un tanto descorazonadoras, y bastante desconcertantes.

Alejandro Sanz abre el álbum con una de sus baladas habituales, titulada El trato. A través de su singular y reconocible deje supuestamente andaluz y desenfadado, el capitalino descarga una declaración de amor extremo a dos bandas, en la que parece independizar texto y música; como si las palabras fueran por un lado y las notas por otro.

Tal desacierto inicial queda más compensado con Mi persona favorita, donde comparte micrófono con Camila Cabello; en una canción divertida y sencilla, sobre la importancia de ir contra las convenciones en cuestiones de romanticismo.

En similar línea argumental se proyectan la poco atinada No tengo nada y la estimulante Este segundo (uno de los mejores temas del disco, que interpreta al lado de Judith Neddermann); pero su estela queda un tanto deslucida por las incorporaciones de cortes más bailables, que reflejan el estrangulamiento de la meliflua inspiración sensible.

Alejandro Sanz no consigue elevar el tono con sus ritmos latinos
Alejandro Sanz no consigue elevar el tono con sus ritmos latinos

Dentro de esta montaña rusa de alternancias irracionales, tracks como It’s Ok y Azúcar en un bowl someten la cortada dicción de AS a un cosmos de sones deslustrados, que recuerdan al Carlos Santana menos inspirado; y que introducen a #ElDisco en un pantano de caóticas consecuencias.

Pese a superar con creces a Sirope, el decimotercer trabajo de estudio del artista madrileño no revela nada nuevo en su estilo mainstream y un tanto repetitivo. No obstante, sí hay que reconocerle a Sanz su habilidad para dar con estribillos susceptibles de convertirse en himnos multitudinarios.

Más información en

https://www.universalmusic.es

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