Paul Verhoeven la lía en el convento

El cineasta de "Instinto básico" rueda "Benedetta": un retrato fímico de la conocida como la primera monja lesbiana de la época renacentista.

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Paul Verhoeven llevaba tiempo con la intención de contar la vida de Benedetta Carlini
Paul Verhoeven llevaba tiempo con la intención de contar la vida de Benedetta Carlini

Paul Verhoeven es un cineasta que conoce bien cómo bombardear el puritanismo conservador de gran parte de la sociedad actual.

En los noventa, el cineasta holandés logró sonrojar a legiones de espectadores de todo el mundo con el cruce de piernas de Sharon Stone, en Instinto básico (1992); al tiempo que se dio un sonoro batacazo en Hollywood con las eróticas andanzas de una bailarina de striptease, narradas en Show Girls (1995).

El paso de las décadas no ha conseguido apagar la llama pasional y abiertamente sexual de las obras de este director abigarrado y voluntariamente obsesivo, al que le agrada sentar cátedra en los terrenos audiovisuales en los que otros se arrugarían. Tales accesos, hambrientos por boicotear los discursos prohibitivos de las mentes dogmáticamente correctas de la industria del séptimo arte, han dado en los últimos años dos largometrajes tan salvajes como excelentes, titulados El libro negro (2006) y Elle (2016).

Por todo lo resaltado, y por el currículo que acredita el creador neerlandés, no es extraño que el responsable de Robocop haya fijado su mirada en la existencia de la que se considera la primar monja lesbiana, reconocida por la iglesia Católica: la religiosa del siglo XVII llamada Benedetta Carlini.

Y, con las pesadillas de sueños inconfesables protagonizadas por la citada heroína de las libertades necesarias, el director de Los señores del acero ha construido el filme Benedetta.

Paul Verhoeven ha basado el guion en el libro "Immodest Acts", de Judith C. Brown
Paul Verhoeven ha basado el guion de la película en el libro “Immodest Acts”, de Judith C. Brown

El guionista David Birke (Elle) es quien firma el impactante libreto de esta cinta, cuyas escenas pueden remitir a las incluidas en obras de la fuerza narrativa de Extramuros (Miguel Picazo, 1991) e Interior de un convento (Walerian Borowczyk, 1978).

Un laberinto secuencial de sensualidades encubiertas, que describe el peligroso y agresivo viaje por el universo de los sentidos condenados de una mujer herida, incapaz de dar rienda suelta a sus tendencias sexuales.

Una dama con hábito y rosario, a la que interpreta la actriz belga Virginie Efira (Elle).

PAUL VERHOEVEN PONE EL DEDO EN LA HERIDA

La historia de Benedetta Carlini (1591-1661) es la de una persona asustada por los instintos que desvelaba su propia naturaleza.

Hija de unos progenitores de clase media en la Italia a caballo entre los siglos XVI y XVII, la joven Benedetta ingresó pronto en el Convento de la Madre de Dios, situado en Pescia. Allí, el buen hacer de la hermana le deparó convertirse en abadesa a la temprana edad de treinta años. Sin embargo, algo se torció en su ascenso a los altares del poder conventual.

Angustiada por extrañas visiones de hombres ansiosos por atacarla, Benedetta fue acusada por la autoridad papal de estar endemoniada; y, por esa causa, obligada a la reclusión en su celda. No obstante, en su retiro espiritual, la monja empezó a desarrollar una relación de amor lésbico con la hermana Bartolomea.

Una actividad que la Iglesia de Roma consideró fuera de toda decencia cristiana, y ocasionó a Carlini un arresto de siete lustros, hasta el momento de su muerte en 1661.

Paul Verhoeven ha confiado el papel de Benedetta a la actriz belga Virginie Efira (en la imagen)
Paul Verhoeven ha confiado el papel de Benedetta a la actriz belga Virginie Efira (en la imagen)

La intérprete belga Virginie Efira (quien dio vida a una enfermiza católica en Elle) es la encargada de mostrar en la pantalla el calvario al que se vio sometida Benedetta. Un camino de torturas continuas, en el que Efira aparece acompañada por Daphne Patakia (Versalles), Charlotte Rampling (45 años) y Lambert Wilson (Matrix Reloaded), entre otros.

El resto de los componentes artísticos lo conforman las increíbles localizaciones grabadas en la región transalpina de La Toscana, y en la Abadía de Silvacane y de Thoronet, en Francia.

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