Hirozaku Kore-Eda triunfa en Cannes con su crónica sobre la pobreza

"Shoplifters" se alza con la Palma de Oro, en la 75 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes.

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Hirozaku Kore-Eda impresionó al jurado por la humanidad que desborda su película
Hirozaku Kore-Eda impresionó al jurado por la humanidad que desborda su película

Hirozaku Kore-Eda no se ha visto deslumbrado por las luces de neón, ni por los destellos metálicos de las últimas novedades en robótica con sello del país del Sol Naciente.

La mirada del veterano cineasta nipón ha preferido situarse en la faz más real de la nación de Junichiro Tanizaki: esa que dibujan los rostros ajados y angustiosos de miles de japoneses, que tienen que deambular por las calles y avenidas de su ciudad con la urgencia del hambre en su estómago, y la desesperanza como mochila de amarre.

Kore-Eda toma a una de esas familias de desheredados del bienestar, víctimas de la salvaje recesión económica, para protagonizar el sorprendente y conmovedor drama costumbrista titulado Shoplifters; obra con la que el director de Like Father, Like Son ha convencido al jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes, que le ha otorgado por unanimidad la ansiada Palma de Oro (el máximo galardón del certamen).

Hirozaku Kore-Eda
Hirozaku Kore-Eda centra la historia en un clan sumido en la pobreza

El guion gira en torno a la familia Shibata: un grupo consanguíneo que sufre una situación de emergencia social, en la industriosa urbe de Tokio.

Este clan le sirve al responsable de El tercer asesinato para plantearse ¿cuál es el pegamento que une a los miembros que comparten el mismo apellido, cuando el entorno que les rodea es hostil y les condena a una existencia carente de futuros halagüeños?

HIROZAKU KORE-EDA DA VOZ A LOS HUMILDES

Con una puesta en escena sencilla y casi minimalista, Kore-Eda afronta un problema que azota a todos los países del denominado primer mundo: el de la creciente desigualdad social. Un nuevo clasismo que deja en la cuneta de los programas gubernamentales a los que se ven obligados a soportar trabajos precarios, y a los que no están avalados por sumas importantes de capital.

Japón abre la ventana a su aspecto menos glamuroso a través de Osamu, su esposa Nobuyo, y los hijos de la pareja. Osamu perdió el tren de los contratos indefinidos hace tiempo, y malvive con ocupaciones ocasionales caracterizadas por la temporalidad; mientras, Nobuyo aporta lo que puede a la economía familiar, con su puesto pagado de forma mísera.

Tal situación hace que Osamu y su hijo Shota tengan que alimentarse y vender verduras de manera soterrada. Sin embargo, y pese a la pobreza extrema que padecen los protagonistas, aún se conmueven ante la realidad que experimenta una joven mendiga, a la que adoptan como un miembro más del clan.

Hirozaku Kore-Eda
Hirozaku Kore-Eda retrata la faz más oculta del Japón actual

Kore-Eda consigue con sus planos y secuencias que Tokio transmute su paisajismo humano en Madrid, París, Londres, Berlín… Paraísos endémicos de políticas eficaces para mermar la brecha entre ricos y pobres, en los que el estado de bienestar presenta de una salud precaria y defectuosa.

Los trazos argumentales de Shoplifters hacen del filme un vehículo necesario para radiografiar un mundo anclado en el hedonismo económico y la opulencia; un escenario cada vez menos interesado en las desgracias de los demás.

En tal universo de amargura circundante, las interpretaciones de Lily Franky (El chico y la bestia) y Sakura Ando (El tercer asesinato) ayudan a diseñar el estremecedor cuadro de unos seres cercanos, y sumamente comprensibles dentro de la llamada aldea global.

Teaser de Shoplifters, por GagaIntl

 

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