Madre! antepone la autoría por encima de la razón

Madre! conforma una pesadilla de atmósferas supuestamente inquietantes y surrealismo delirante, a la que Darren Aronofsky no aporta la necesaria consistencia dramática.

El responsable de Cisne negro toca tangencialmente géneros como el del terror y el del thriller psicológico, para narrar una historia carente de un engranaje sustancial, y sin el peso trágico que debería requerir una obra de semejante calado.

Pese a que Jennifer Lawrence realiza una interpretación esforzada y brillante, su personaje queda mutilado por la barroca puesta en escena, y por la ausencia de una verdadera intención por mostrar las causas y consecuencias de su sufrimiento.

Madre!

Madre! juega al despiste desde el inicio

La imagen de una mujer, quemándose en las llamas literales de un lugar aún por descubrir, prologa la extraña y caprichosa trama de Madre!

Aún sin saber a ciencia cierta de qué va la cosa, Darren Aronofsky presenta con toques artísticos y misteriosos la solitaria casa en la que pretende desarrollar la historia del filme; un espacio perdido en los confines de un campo interminable, en cuyo interior únicamente hay dos habitantes: la madre del título (Jennifer Lawrence) y su pareja (Javier Bardem).

Hasta aquí, el cineasta de Pi se contenta con introducir al espectador en una realidad mediatizada por altas dosis de expectación. Inquietud que personifican los citados dueños de la propiedad: una mujer movida por un estricto sentido de la responsabilidad, y con un gusto obsesivo por la restauración del inmueble; y un escritor/poeta en busca de las musas ausentes.

Los diálogos en esta parte muestran a un matrimonio en crisis, sin mayores apoyos que ellos mismos para fortalecer su relación mutua. Hasta que el decorado se complica, con la aparición inesperada de un supuesto médico en busca de refugio hogareño (Ed Harris).

Madre!

Madre! adequiere un alto grado de interés por la esforzada interpretación de Jennifer Lawrence

A partir de aquí, Aronofsky empieza a jugar al despiste en un terreno impreciso, donde las insinuaciones de los aparentes peligros a los que se asoman los protagonistas son mayores que su traslación a la pantalla.

Algo que provoca una sensación de cansancio general; lo que convierte al filme en un desesperado ejercicio por mantener el interés a base de efectismo tangencial, materializado a través de situaciones sacadas de contexto y a cual más confusa.

MADRE! CONFÍA TODO A LA PEGADA DE SU ATMÓSFERA

Si se sigue con el desarrollo de la historia, tras el mencionado médico, hacen su aparición también la desquiciada esposa del cirujano (Michelle Pfeiffer) y los dos hijos de esta peculiar pareja: un par de hombres violentos que, al igual que Caín y Abel, consuman el fratricidio bíblico de manera un tanto ridícula.

Llegados a este punto, los espectadores asisten una sucesión de imágenes y escenas carentes del más mínimo sentido lógico. Tal extrañeza en lo que se ve y se oye tiene la misión de abandonar la cámara en el espacio y el tiempo creados por el personaje que interpreta Javier Bardem, aunque ni este ni los demás tipos que pueblan la pantalla ofrezcan en ningún momento rastro alguno de que controlan lo que sucede en torno a ellos.

De esta manera, y cual camarote de los Hermanos Marx, los visitantes comienzan a multiplicarse en el ficticio hogar de Lawrence y Bardem; a la vez que ella procura sin éxito que los incómodos ocupas abandonen el sitio.

Madre!

Madre! tiene en la estética y la escenografía sus mayores virtudes

Apoyado en una fotografía más que meritoria y en una banda sonora casi minimalista, Aronofsky recorre con su analítico objetivo la lucha cruenta a la que se enfrenta el papel de Jennifer Lawrence, y en la que no halla el más mínimo punto de apoyo.

Sin embargo, y a pesar de la evidente falta de un soporte lúcido y adecuado, no se puede negar que la visión del director de Noé  (muy similar a la mostrada por Polanski en Repulsión) es rompedora y electrizante: elementos con los que el cineasta logra desencadenar una leve hipnosis de atracción hacia lo que acontece en la pantalla. Pero la insistencia en mantener el absurdo equilibrio entre abandonar el producto a lo grotesco y guardar unas formas de comercialidad forzada hace que la contundencia audiovisual y sensitiva de Madre! pierda parte de su significado.

En este aspecto, el camino emprendido por el guion de Aronofsky no ayuda a la hora de establecer conexiones con los espectadores. Un sendero que está condenado desde la confección de una galería de personajes sin entidad ni verosimilitud (solo el rol de Lawrence anima a adentrarse en el universo planteado).

No obstante, los espectadores que se queden hasta los títulos de créditos finales sí obtendrán, al menos, el beneficio de una explicación plausible a lo acontecido en la sala de proyección (ironías propias de Aronofsky).

Madre!

Madre! bien podría definirse cono un cruce rocambolesco entre “The Bed Sitting Room” y “High-Rise”

Tráiler oficial de Madre!, subido por Paramount Pictures Spain

 


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