Blade Runner 2049 resta las emociones

Blade Runner 2049 desarrolla un engranaje de tecnología profunda, aunque su frialdad y el escaso ritmo narrativo lastran el resultado de esta secuela ideada por Denis Villeneuve.

Los personajes de nueva creación no pasan de ser meras carcasas comparados con los de los de la cinta de 1982, y los espectadores solo están pendientes de atisbar un mínimo reflejo que les remita a la película original de Ridley Scott.

Ryan Gosling realiza un brillante esfuerzo de mimetismo con el ambiente, para dotar de carnalidad al confuso agente K; mientras que la cubana Ana de Armas consigue extraer todo su jugo a la mujer virtual a quien encarna.

Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 transmite unas sensaciones extrañas

Recuperar un clásico de la ciencia ficción como Blade Runner era de por sí una tarea sumamente complicada para cualquier director con ganas de aportar algo distinto, respecto de la obra elaborada por Ridley Scott en 1982.

Desde la inolvidable banda sonora de Vangelis a los asfixiantes decorados inspirados en Moebius, la adaptación libre del relato ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?  rodada por el creador de Alien se ha convertido en un filme de culto a través de las décadas; y eso que la crítica de la época procuró derribar el talento impreso a lo largo de sus fotogramas.

Denis Villeneuve fagocita la grandeza de la obra de Scott, y somete su visión a los parámetros marcados por el cineasta británico. Pero lo hace con una fórmula de excesiva dependencia con el largometraje ochentero, sin conseguir el despegue en solitario de una historia demasiado redundante y laberíntica, males que aqueja de principio a fin.

Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 gira en torno a un argumento confuso y algo redundante

Carente de la entidad suficiente desde el punto de vista argumental, el guion diseñado por Hampton Fancher y Michael Green adquiere solidez cuando trata asuntos ya descritos en la movie de 1982; y se pierde en el vacío de la inconsistencia dramática, en las escenas donde el protagonista (el amargado y triste agente K) procura dar algo de coherencia a su pasado, huérfano de humanidad.

BLADE RUNNER 2049 Y SU DEPENCIA DE BLADE RUNNER 2019

La primera imagen de Blade Runner 2049 (compuesta por un ojo parpadeante) remite esperanzadoramente a un universo altamente conectado con el que retrató el replicante Roy Batti (Rutger Hauer), al final de la parte precedente.

Tal hilo dramático sirve para que la historia subyacente tenga su sentido en las míticas palabras del citado androide. Sin embargo, algo empieza a fallar rápidamente en la ecuación simbolista que despliega el inteligente Villeneuve.

Sin saber a ciencia cierta si rescatar las esencias del texto de Philip K. Dick o resguardarse en el experimento cinematográfico de Scott, el responsable de La llegada opta por concentrar la propuesta en torno a una ciencia ficción de cuño reflexivo; con lo que cierra la puerta al añejo componente noir de enganche seductor, que había hecho de Blade Runner un auténtico disfrute con ritmo preciso e hipnotizador.

Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 tiene uno de sus puntos más atractivos en la relación mantenida por K y Joi

Dentro de semejante bosque de insinuaciones deformantes, los personajes de esta secuela no poseen el lustre dramático de los antiguos Roy Batty (Rutger Hauer); Rachael (Sean Young); Pris (Daryl Hannah); J. F. Sebastian (William Sanderson) o Eldon Tyrell (Joe Turkel). Ni siquiera la presencia de Harrison Ford (quien repite como el activo Rick Deckard) y de Edward James Olmos (testimonial, su aportación como el misterioso Gaff) es capaz de apagar un poco el fulgor pretérito, desatado por la granítica condición del nuevo plantel de roles.

Villeneuve parece envolver el filme en una aureola de trascendencia que no le beneficia en absoluto, y que tiende a narrar -casi a cámara lenta- una trama que no necesitaba los más de 160 minutos de los que consta la producción.

No obstante, y a pesar de las evidentes diferencias entre la película actual y la ochentera, esta segunda parte sí que logra elevar el listón del interés y la calidad por la excelente fotografía y el diseño de decorados (heredados muchos de ellos de la cinta de 1982, aparte de otros títulos señeros de la ciencia ficción, como La fuga de Logan y El planeta de los simios). Unos escenarios que albergan la sorprendente relación sentimental que mantienen el oficial K (Ryan Gosling) y el holograma llamado Joi (excelente la exhibición de ternura que practica de Ana de Armas, en un papel de complicaciones inmensas).

La conclusión que se extrae tras ver este segundo episodio de Blade Runner es que, aunque han pasado treinta y cinco años desde el estreno del título inaugural de la saga, la sombra del largo de Ridley Scott todavía es demasiado inmensa y potente; incluso para un creador de la talla de Denis Villeneuve (tal miedo por no poder ir más allá en el cosmos planteado por el director de Gladiator se percibe, por ejemplo, en la clónica banda sonora; la cual sigue con precisión la senda marcada por Vangelis).

Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 no consigue superar la banda sonora original de Vangelis

Tráiler oficial de Blade Runner 2049, por Sony Pictures España

 


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