Alonso Berruguete y su huella pagana

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Alonso Berruguete inunda el Palacio de Villena de Valladolid con los rasgos contraídos de sus figuras aprisionadas en sentimientos renacentistas, dentro de la muestra Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana.

La exposición, que patrocina el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, reúne 67 piezas, entre libros, sarcófagos, relieves y bocetos del artista palentino.

El nexo común del recorrido está localizado en la influencia directa que artistas italianos, como Miguel Ángel y Bramante, ejercieron sobre uno de los mayores representantes de la imaginería religiosa en España.

Alonso de Berruguete adquiere una nueva dimensión con la exposición comisariada por Manuel Arias Martínez
Alonso Berruguete adquiere una nueva dimensión con la exposición comisariada por Manuel Arias Martínez

Las simas de mármol contraídas por la tierra del olvido tuvieron al conjunto escultórico de Laocoonte y sus hijos sepultado en los abismos subterráneos, hasta 1506.

El descubrimiento de la obra de helenismo exultante, con sus rebeldías agrietadas por los músculos mártires del que fuera sacerdote de Apolo, causó gran conmoción entre los maestros del Renacimiento, que vieron en la creación de Agesandro, Polidoro de Rodas y Atenodoro un acelerador de vanguardias agresivas, casi violentas.

Alonso Berruguete se encontraba en esos momentos por las extensiones transalpinas, y pudo imantar sus musas de plinto y punzón con los sufrimientos atenazados de Laocoonte y de sus descendientes, descoyuntados para salvarse de las serpientes gigantes que anhelan cobrarse la existencia de estos incautos seres mortales.

A través del citado triángulo de angustias militantes, el espacio y el tiempo parecen fusionarse en escorzos imposibles, siempre desafiantes de las naturalezas restrictivas.

Una lucha sin cuartel y a sudor de ánfora, en la que Miguel Ángel atisbó destellos de eternidad; y que propulsó el pensamiento de Berruguete a formular una religiosidad pagana, que vistió con los ropajes de la vulnerabilidad y el humanismo.

Alonso Berruguete se aprendió de memoria cada poro del Laocoonte
Alonso Berruguete se aprendió de memoria cada poro del Laocoonte/ Foto: Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Javier Muñoz, Paz Pastor

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid recoge esta inspiración de tintes mitológicos; y con ella se acerca a las creaciones de Alonso Berruguete, desde una perspectiva totalmente innovadora, como si la profundidad de campo adquirida pudiera explicar con determinación los rostros sufrientes de sus obras de piadosa trascendencia.

Aires de rupturas venosas, que valiera igualmente para potenciar la implacable dignidad de Cristo Redentor, o la sublime tristeza del Nazareno temblando de amor hacia sus semejantes, mientras estos contemplan sus nudosas extremidades perforadas en la Cruz.

ALONSO BERRUGUETE SE ALÍA CON LAS VANGUARDIAS

El renacentista castellano más sobresaliente en la ilustración de los episodios bíblicos siempre ha sido objeto de estudio a través del dramatismo impoluto de los evangelios, tratados por su escalofriante sentido de la gravedad; y normalmente surcados por una sensibilidad nerviosa, que impide la indiferencia del que observa (tanto si es creyente como si no).

Las tallas de Berruguete son como personas a las que se les ha robado la carne y el hueso en la oscuridad eclesiástica, y que agitan sus conmovedoras facciones ante los pecados de un mundo subversivo y malsano. Actitudes que alían su discurso con la incomprensión que Laocconte y sus dos vástagos experimentan por el injusto castigo que les habían impuesto los dioses a los que servían.

Alonso Berruguete se contagió de las líneas aguerridas de los escultores italianos
Alonso Berruguete se contagió de las líneas aguerridas de los escultores italianos/ Foto: Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Javier Muñoz, Paz Pastor

Las llamas de lo terrenal se confunden en singular amalgama con los retorcimientos santificados de expresividad realzada, sin importar que la gestualidad responda a los tratados realistas de las anatomías enciclopédicas. Así, el canon helenista se abre paso por la Cristiandad profunda que transmiten los retablos y los pasos imaginados por el hijo del pintor Pedro Berruguete.

Los 67 trabajos escogidos por el experto Manuel Arias Martínez, para componer la muestra del Palacio de Villena, reproducen la fiebre apasionada de un hombre preocupado por arrancar esquirlas de asfixia colectiva y empática, frente a la contemplación de un San Sebastián sangrante, o ante la congelación sobrenatural del Sacrificio de Isaac.

Alonso González Berruguete consigue, con esa capacidad inherente para detectar el dramatismo de una talla, reinventar su arte de capillas y catedrales; por medio de una faceta abiertamente humana y sensible, casi de coro clásico.

Un sentimiento arrancado de los mármoles griegos y romanos, como si las ninfas juguetearan tras el modelaje piadoso de su impactante pulso, y como si las sibilas anunciaran la concreción ilimitada de un hacedor de imágenes genial e imperecedero.

Nota.- Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana estará abierta al público hasta el 5 de noviembre, en el Palacio de Villena de Valladolid.

Alonso Berruguete reprodujo muchas de las soluciones heredadas del arte clásico/ Foto: Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Javier Muñoz y Paz Pastor
Alonso Berruguete reprodujo muchas de las soluciones heredadas del arte clásico/ Foto: Museo Nacional de Escultura de Valladolid, Javier Muñoz y Paz Pastor

Más información, entradas y horarios en

http://www.mecd.gob.es/mnescultura/exposiciones/ahora.html

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