Ian McEwan da la palabra a un feto

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Ian McEwan realiza una pirueta creativa en Cáscara de nuez: título de la decimocuarta novela del literato inglés, publicada recientemente en España por la editorial Anagrama (dentro de la colección Panorama de Narrativas).

El autor británico monta una delirante historia, en la que un nonato es la voz que explica los hechos, relacionados con el asesinato que su madre perpetra para acabar con la vida de su padre.

Una ágil prosa de inspiración hamletiana sirve al responsable de Expiación para convertir el relato en una caja de sorpresas sobre la existencia, el sentido de la vida, y la necesidad de asomarse al mundo real con gafas de espejo de feria.

Ian McEwan profundiza en su capacidad como literato con este texto hilarante e imaginativo
Ian McEwan profundiza en su capacidad como literato, con este texto hilarante e imaginativo

Dentro de una sociedad en la que el secreto es una especie en extinción, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y se planea. Especialmente, si el que habla tiene pensado envenenar a alguien.

Primero, es un deber necesario comprobar la no existencia de micrófonos en la sala donde se proyecta el homicidio. Una acción que lleva a la consiguiente, de neutralizar todas las cámaras de grabación en un radio considerable. A su vez, es obligatorio conversar muy bajo; ya que las paredes de los edificios en el siglo XXI tienden a fortalecer la sensación de compartir con la vecindad hasta de los gemidos amatorios. Pero, aún con todas estas precauciones, no es seguro que nadie se entere.

Ian McEwan demuestra en su novela Cáscara de nuez que es posible detectar ojos y oídos que son imposibles de invalidar. Unos testigos fiables y contundentes, que el literato nacido Aldershot identifica con el feto de la principal implicada en el citado asesinato.

Ian McEwan revela su dominio de las situaciones extrañas
Ian McEwan revela su dominio de las situaciones extrañas

Así lo experimenta Trudy, cuando el fruto que lleva en su vientre toma buena nota del complot con el banal Claude (amante de la futura mamá) para cargarse a su papá John.

Esta es la tesis generadora de la acción; aunque, a lo largo de los capítulos, la rocambolesca situación da para alguna borrachera de placenta, cuestionamientos antes de ver la luz, o filosofías de cordón umbilical e identidades imprecisas.

Elementos que McEwan hornea con sagacidad y picardía socarrona, sometidos a las llamas insinuantes de un William Shakespeare acentuado por el nihilismo contemporáneo.

IAN McEWAN JUEGA CON LOS FLUIDOS

A modo de trama detectivesca, Cáscara de nuez arranca con un decorado de sainete triangular y aburguesado. Un espacio mediatizado por Trudy (la mujer infiel), Claude (el amante dado a los excesos en todos los órdenes y cuñado de ella) y John (el sensible y engañado marido).

Trudy se lo monta a lo bestia con Claude, mientras John vive en las nubes de la poesía de vaporosas rimas. Pero Trudy y Claude no tienen suficiente con el “aquí te pillo, aquí le mato“; y deciden ir un paso más allá: envenenar al ingenuo John.

Muchos pensarán que el motivo del tenebroso acto puede ser el de un amor desinteresado; aunque, en realidad, lo que domina la mente de los adúlteros homicidas es hacerse con la mansión georgiana -valorada en ocho millones de libras esterlinas- que Trudy heredaría en caso de muerte repentina de su esposo.

Ian McEwan a arrancado los elogios de la crítica y el público con "Cáscara de nuez"
Ian McEwan ha arrancado los elogios de la crítica y el público con “Cáscara de nuez”

Con semejantes intenciones ponzoñosas, los malignos lovers  se reúnen en la silenciosa casa londinense donde vive la mujer. Sin embargo, alguien está al tanto de sus maquiavélicos propósitos: el feto que esta lleva en su vientre. El nonato -o nonata- no puede mandar mensajes a la sagaz detective que se encarga del caso, una vez consumado el delito. No obstante, la situación puede cambiar en el momento en que nazca y pueda hablar.

Mordaz, ágil, acerado, inteligente y sumamente divertido; Ian McEwan consigue construir una febril trama de múltiples lecturas, mucho más ligera que las visiones deterministas de Philip Roth  y otros de sus compañeros de generación. Tragicomedia en la que los ecos del clasicismo heleno aparece tamizado por la irracional sombra de las genéticas respondonas.

Un campo que el escritor isleño domina como pocos…

Ian McEwan ha optado por un humor existencial para su decimocuarta obra
Ian McEwan ha optado por un humor existencial para su decimocuarta obra
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