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Javier Montesol: “No hay cosa peor que las obras efímeras”

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Javier Montesol expone sus últimos trabajos en la Sala Correos del Palacio Cibeles de Madrid, a beneficio de AdEla: la Asociación Española de Esclerosis Lateral Amiotrófica.

Javier Montesol ha mezclado tres de sus temas favoritos: Madrid, Barcelona y las Tauromaquias/ Foto: Jesús Martín
Javier Montesol ha mezclado tres de sus temas favoritos: Madrid, Barcelona y las Tauromaquias/ Foto: Jesús Martín

Un Madrid de ceniza y agua riega la fachada mañanera del Palacio de Cibeles, surcado de vallas en el acceso a la sala expositiva de Correos. Allí, bunkerizados por matasellos sangrantes, vigilantes pétreos, sobres lacrados y balanzas oscilantes, los cuadros de Javier Ballester Guillén (más conocido como Javier Montesol) dialogan con los visitantes a través de su antifaz de trazos sueltos y pinceladas abigarradas, como viajantes de puentes aéreos imaginados.

El creador catalán ha seleccionado una veintena de escenas, que desprenden el vitalismo de este apasionado de la Historia del Arte. Un hombre de paleta siempre apoyada en las experiencias sensibles, que interioriza las calles y los edificios, para sacar el esqueleto anímico de las urbes que pasan por su estudio.

¿Cómo surgió la oportunidad de montar esta muestra a favor de los enfermos de ELA?

Todo esto salió por la utilización de las redes sociales. Yo soy muy activo en Facebook, aunque la gente considere que es una pérdida de tiempo. (Reflexiona un momento) Tenía a una persona que pertenecía a la asociación de ayuda a enfermos de ELA, y me propuso hacer una exposición conjunta. Y, a través de un contacto, me salió la oportunidad de utilizar la sala de Correos en el Palacio de Cibeles, que es un espacio extraordinario…

Javier Montesol
Javier Montesol ha contado para la exposición con la colaboración de la comisaria María Dolores Jiménez Blanco/ Foto: Jesús Martin

¿Has usado solo obra inédita, o hay también cuadros de épocas anteriores?

Como pasa con todo, vas a contrarreloj. En realidad, fueron seis meses de trabajo. La exposición tenía que estar acabada a mediados de octubre o finales de noviembre. Entonces, tuve que tirar de obra que tenía hecha, que iba para Barcelona, que es lo que se ve. Y obra inédita, sobre Madrid. Esta exposición había que hacerla bien, y eso significaba tener un buen criterio. Un criterio que implicaba contar con la opinión de una comisaria de prestigio, y esta fue María Dolores Jiménez Blanco, que ha sido la comisaria de la, para mí, mejor exposición de este año en el Reina Sofía, que es Campo Cerrado: un recorrido sobre la creación artística en España en los años de la Autarquía, desde el 45 al año 52. Esta mujer vino al estudio, vio la obra que yo estaba haciendo y dijo: “¿Por qué no haces Barcelona en blanco y negro, y Madrid en color?” (Calla un instante) La idea era hacer dos ciudades en que había vivido. Yo viví hasta los cuarenta años en Barcelona, y en el año 92 me fui, justo antes de empezar las Olimpiadas, porque era una etapa de mi vida cerrada. Entonces, me fui a vivir a Francia, y luego a Madrid, en el 99. Me establecí en Villanueva de la Cañada; y allí empezó para mí la madurez, como persona y como artista.

Se nota una gran diferencia de sensaciones entre tus obras de Madrid y las de Barcelona…

Es curioso, el Madrid que yo conozco es de llegar con el autobús, que te deja en Moncloa. Siempre voy a pie, porque es la manera de vivir Madrid. Mi ciudad son los bulevares, la  estación de Bilbao, Alonso Martínez, la Castellana, todo el Paseo de Recoletos hasta Cibeles, todo el Paseo del Prado, el barrio de las Letras, La Gran Vía, Chueca… Ese es el Madrid que respiro, porque las ciudades cambian constantemente. Uno tiende a hacer suya la ciudad, a identificarse con ella; pero uno envejece, y las ciudades al contrario. Con las ciudades solemos emprender una carrera a contrarreloj, que siempre ganan ellas.

¿Y la Ciudad Condal?

Ya no vivo allí; y, cuando voy, lo hago como un turista. Ya no voy a mis viejos barrios, ni hago los mismos circuitos, sino que me ubico en un hotel y tengo otro recorrido. Tengo encuentros con mis amigos, y me llevan a sitios que no conocía. Entonces, es otra visión. Barcelona se ha convertido desde el año 92 en una ciudad completamente turística. Antes el turismo estaba en las zonas de la costa, y Barcelona era una ciudad comercial, donde el acceso al mar era a través de la Rambla, y la franja del litoral estaba ocupada por fábricas. Desde el 92, todo eso ha cambiado. Han cogido el tipo de desarrollo de Lloret, Salou… Y son riadas de turistas que viven en apartamentos, que montan festorros en las terrazas de los hoteles… Es una locura. Entonces, Barcelona la pinto casi con una visión literaria. Es como si escribiese sobre ella, mientras que Madrid es lo que vivo. Ahí está la diferencia.

Javier Montesol
Javier Montesol conserva la huella de los maestros de la Historia del Arte/ Foto: Jesús Martín

Cuando lo normal es el mestizaje artístico, ¿por qué apuestas por la pintura en un sentido puro?

Pienso que sigue habiendo pintores con una formación académica estupenda, y vienen de los países del Este. En Cuba, creo que también había una buena escuela. El problema no es la gente que pinta, sino dónde ha aprendido a pintar. Es la pérdida de los maestros. En mi época, en los setenta, había una gran crisis de la enseñanza de la pintura en las universidades. El alumno de Bellas Artes se encontraba una docencia en crisis, donde les interesaba más el concepto que el aprendizaje. No hay cosa peor que esas obras efímeras, hechas por pintores que no tienen formación. Sólo tienen el valor del día de la inauguración, o cuando las cuelgas en las redes. Yo fui consciente de esa pérdida de la enseñanza, y me empeñé por mí mismo en tener un aprendizaje clásico.

JAVIER MONTESOL: “YO PERTENEZCO A LAS ÚLTIMAS VANGUARDIAS”

¿Ha perdido el arte su capacidad revolucionaria?

Es que ha habido un hecho muy importante, que ha sido el de la revolución digital. Esta se fragua en los años setenta, con la aparición del vídeo y las primeras computadoras; y explota en los noventa. Y cambió completamente la sociedad. Algo que se llevó por delante fue la prensa escrita, que era una fuente muy importante para los ilustradores, que a la vez eran pintores. Esos artistas han sido sustituidos por la fotografía. Eso cambió la sociedad tremendamente, y también a los chavales. ¿Quién va estar aprendiendo a tener una formación clásica en pintura cuando no hay profesores, y encima el mercado en España se hunde? Sin embargo, por suerte ha nacido poco a poco una conciencia de eso, y yo en Facebook tengo conectados a pintores jóvenes que han vuelto al aprendizaje que te comento. Crisis, la ha habido siempre. Gente perdida, la ha habido siempre… El problema es saber buscar qué es lo que te interesa. Yo pertenezco a las últimas vanguardias, la revolución contracultural de los setenta fue para mí la última vanguardia… (Piensa unos instantes, mientras unos visitantes a la exposición aprovechan para acercarse. Y, tras la breve charla, Javier continúa con su razonamiento). Recuerdo que cogíamos a Picasso y lo asociábamos con los dibujantes contraculturales norteamericanos, o mezclábamos la vanguardia de Stravinsky con la música que nos venía de Estados Unidos: Lou Reed, The Velvet Underground… Estoy seguro de que, mientras haya una persona con espíritu crítico, siempre habrá creación y arte.

Javier Montesol
Javier Montesol fue dibujante de cómics contraculturales antes que pintor/ Foto: Jesús Martín

¿El pintor tiene que ser como una esponja de lo que percibe en el mundo real?

El pintor debe ser como cualquier hijo de vecino, y mantener el espíritu crítico y lúcido. El reto está en preservar la lucidez y la libertad, Me he encontrado a gente muy confusa y contaminante en el mundo del arte, y me he encontrado a gente muy lúcida, muchas veces en clientes o gente normal. Por ejemplo, en esta exposición he tenido conversaciones muy interesantes con un guardia jurado, y me ha contaminado mucho una charla con un crítico de arte, que me ha contado cosas que no me interesaban para nada. (Sonríe) Si voy a hacer caso a los críticos, no pintaría.

Tú empezaste en el arte como ilustrador y creador de cómics, ¿por qué decidiste cambiar de rumbo?

Hubo un momento, en los años ochenta, que parecía que la industria del cómic español se iba a incorporar a la europea. Las dos editoriales con las que trabajaba, una era La Cúpula, que editaba El Víbora, y la otra era Norma Editorial, que publicaba Cairo, establecieron alianzas con editores europeos. El Víbora hasta sacó una revista, que se llamaba Europa Viva; y Cairo iba también iba a hacer una alianza con un editor belga. Esa era la única salida para los dibujantes de cómics: romper el mercado nacional, entrar en el europeo y hacer coediciones. Pero eso no cuajó. Entonces, la salida fue la de que muchos de los dibujantes se pasaron a Prensa. Lo que yo publicaba en Cairo funcionaba si ibas de autor maldito; pero, como padre de familia, la cosa no daba para tanto. En esos momentos comenzamos a hacer lo del Supermercado del Arte, y ese fue mi aprendizaje como pintor. La idea fue de un marchante francés, que tenía una agencia de ilustradores. Cuando murió, la idea la siguieron otros galeristas, y la reventaron. Pero a mí, me dio tiempo para curtirme.

Javier Montesol
Javier Montesol contrasta sus visiones en blanco y negro de Barcelona, con los paisajes en color de Madrid/ Foto: Jesús Martín

Tu estilo es una mezcla de muchas inspiraciones, del Impresionismo a Goya. ¿Dónde te sitúas mejor?

Lo que no puede hacer un artista es olvidar primero el tiempo en el que vive; y, segundo, la Historia del Arte. No obstante, sería un absurdo intentar pintar como Velázquez. El mundo que tú conoces es diferente, por el cambio de época. (Para un momento, mientras el mostrador lejano de Correos adormece con el pasar de los segundos) Todo está en el aprendizaje. Eso se refleja en la actividad de todo profesional. Cuando trabajas, te puedes expresar con el conocimiento de los maestros, pero también tienes una información añadida. Con esa mezcla, fraguas tu propio estilo.

¿Piensas que existe relevo generacional para la pintura en España?

Si. Hay un pintor, que se llama Miquel Wert pero ahora no recuerdo a más. Siempre habrá relevos generacionales. Lo que pasa, es que vivir de esto no es fácil (Sonríe abiertamente).

Javier Montesol
Javier Montesol ha recibido muchas críticas por mantener el tema de la tauromaquia en su producción/ Foto: Jesús Martín

¿Qué papel juegan las instituciones en esa falta de seguridad, a la hora de plantearse la profesión de la plástica como salida?

No sé, para las estrategias de mercado no tengo respuesta. Yo antes era muy crítico con ARCO y, sin embargo, conocí un día a un coleccionista que me dijo que gracias a la estrategia de ARCO venían muchos compradores. Ahí desconozco completamente. (Reflexiona un instante) Lo que no puede pretender el artista es ser un funcionario, porque para eso ya están los opositores.

¿Cómo ves el arte que se hace en Internet?

Aquí hay que distinguir entre lo que es la obra original y la copia. La obra original es la que hace el pintor en su estudio, hace una sola sobre papel o sobre tela. Y la copia es la creación que hace con Internet o Facebook, que da una dimensión bestial. Puedes hacerla con Photoshop, o con IPad, o con las tablets, con cantidad de herramientas… Pero aquí ya entramos en otras plataformas. Por ejemplo, se me ocurre la gente que trabaja para el cine de animación en USA. Ahí el original no existe, pero son verdaderos artistas…

Javier Montesol
Javier Montesol confía en la existencia del relevo generacional en la pintura en España/ Foto: Jesús Martín

Nota: La exposición de Montesol & adEla. Pintando para una causa estará en la Sala Correos, del Palacio Cibeles de Madrid, hasta el próximo 31 de diciembre.

 

 

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