Olga Kurylenko despide a Stalin

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Olga Kurylenko se une al extenso reparto de la película que prepara el televisivo Armando Iannucci (Veep), sobre el fallecimiento del dictador soviético Iósif Stalin.

The Death of Stalin, que está siendo rodada entre Inglaterra y Francia, narra los dos intensos y angustiosos días tras los que las autoridades del país hicieron pública la muerte del líder comunista.

Aunque el guion sigue la homónima novela gráfica de Thierry Robin y Fabian Nury, los responsables del largometraje han extremado la verosimilitud para escenificar los hechos descritos en el argumento.

Olga Kurylenko (en la imagen) encarna en la película a la pianista Mariya Yúdina
Olga Kurylenko (en la imagen) encarna en la película a la pianista Mariya Yúdina

El 2 de marzo de 1953, el brazo de acero de la represión soviética cayó al suelo (literalmente fue sobre la cama), víctima de un ataque al corazón. La conmoción ante los inesperados acontecimientos sembró el temor entre los miembros de su gobierno, y prendió la dacha del dirigente con la pólvora del nerviosismo reinante.

En una sociedad tan cerrada y dogmática como la creada por Iósif Stalin, cualquier cambio en la parte más elevada de su cúpula rectora olía a revolución inminente; y la tabla de la Guerra Fría no estaba -según el politburó– para iniciar la anhelada apertura, con la que soñaban los miles de presos políticos y de intelectuales eslavos.

¿Silencio o comunicación respecto a la defunción del aparentemente indestructible responsable de la Gran Purga? Tales diatribas de actuación enloquecieron a los que esperaron encerrados en la habitación del dictador de la Hoz y el Martillo, mientras preparaban una continuidad castrante, a base de encarcelamientos masivos en los gulag y de perseguimiento policial de cualquier brizna de disidencia con el régimen.

Olga Kurylenko ha destacado la imaginación vertida en el desarrollo de "The Death of Stalin"
Olga Kurylenko ha destacado la imaginación vertida en el desarrollo de “The Death of Stalin”

Thierry Robin y Fabien Nury vieron las inmensas posibilidades dramáticas de esas horas de vacío, en las que la U.R.S.S. sufrió el abismo de la próxima libertad, recogido en la capilla ardiente del mandatario de los campos de trabajo perdidos en Siberia.

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Y, con semejante material, la pareja de dibujantes elaboró una novela gráfica, cargada de humor y de pretérito determinante: un volumen de ilustraciones fantasmagóricas, titulado The Death of Stalin.

El escocés Armando Iannucci devoró literalmente el cómic de Robin y Nury. Y con sus líneas narrativas escribió un guion -junto a David Schneider– que mezcla en dosis elevadas el rigor analítico, con una capa de fino humor polisémico y de sarcasmo medioambiental (elementos que también estaban presentes en las viñetas).

OLGA KURYLENKO Y LAS DESERCIONES RUSAS

El británico Adrian McLoughlin es el encargado de dotar de físico al moribundo Stalin, quien aparece en la trama casi de refilón (por lo menos, desde el punto de vista de los personajes vivos). Pese a que la presencia del dirigente de setenta y cuatro años se mantiene a lo largo de la acción como un espectro constante, los intereses fílmicos se centran en el backstage de la lucha por alzarse con el poder que éste deja vacante.

Algunos historiadores han apuntado que el hombre que ordenó el asesinato de León Trotski fue en realidad ejecutado con sutileza, por compañeros de su propio círculo político (tales como Beria). Pero Robin y Nury únicamente pasan de puntillas por semejantes sospechas, y prefieren quedarse con el surrealismo de posicionamientos y peleas, que se vivió en el Kremlin durante esas inciertas jornadas de 1953.

"The Death of Stalin" gozó de una acogida en librerías bastante notable
“The Death of Stalin” gozó de una acogida en librerías bastante notable

Iannucci toma el momento de la defunción de Stalin como si fuera una versión cosaca de la Casa Blanca: el escenario en el que el director se ha movido durante más de un lustro, como el cerebro de la serie Veep. Y nutre a la galería de personajes con un toque casi de vodevil, siempre marcados por un comportamiento tragicómico y de opereta contemporánea.

Entre la fauna existente en el libreto de The Death of Stalin, el espectador puede toparse con versiones más o menos acertadas de Vasily Stalin (Rupert Friend), Svetlana Stalin (Andrea Riseborough), Nikita Khrushchev (Steve Buscemi), Gregory Malenkov (Jeffery Tambor), Vyacheslav Molotov (Michael Palin), Lavrentiy Beria (Simon Russell Beale) y la concertista internacional Mariya Yúdina (Olga Kurylenko), entre los más destacados.

Un completo plantel de célebres luminarias que preside alguien de cuerpo presente: un señor con malas pulgas y mucho acero en su nombre, al que dota de físico el veterano Adrian McLoughlin.

Olga Kurylenko interpreta a una de las pocas personas que se atrevían a proclamar su disidencia con Stalin, sin por ello ser ajusticiada
Olga Kurylenko interpreta a una de las pocas personas que se atrevieron a proclamar su disidencia con Stalin, sin por ello ser ajusticiada

 

 

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