Max Beckmann regresa a 1950

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Max Beckmann inunda, con su expresionismo de trazos psicológicos, el Metropolitan Museum de Nueva York.

La muestra, que estará abierta al público hasta el próximo 20 de febrero de 2017, recuerda la exhibición que el artista no pudo inaugurar en la Gran Manzana en 1950, a causa de su repentino fallecimiento.

Entre las obras seleccionadas están los autorretratos y paisajes, que el pintor germano elaboró durante su estancia en la urbe del Empire State.

Max Beckmann realizó en USA algunas de sus piezas más recordadas/ Foto: Metropolitan Museum
Max Beckmann realizó en USA algunas de sus piezas más recordadas/ Foto: Metropolitan Museum

Un hombre con chaqueta azul y cigarrillo a lo Francis Scott Fitzgerald rehuye la mirada de los curiosos, mientras observa receloso congelado en su postura entre afectada e interesante. Los ojos de este individuo parecen rematados con el charol gastado de las vidas peregrinas, sepultados en las pieles porosas a los dramatismos silenciados.

De tal guisa se pintó Max Beckmann a sí mismo, en uno de los últimos autorretratos que salieron de su paleta de asfixiantes colores y líneas oblicuas. Una imagen de abultadas venas y huesos de metal que preside, con la dignidad de las historias apasionantes, la exposición que el Met de Nueva York dedica al inolvidable creador nacido en Leipzig.

Max Beckmann se hizo famoso por sus célebres trípticos, inspirados en El Bosco/ Foto: Metropolitan Museum
Max Beckmann se hizo famoso por sus célebres trípticos, inspirados en El Bosco/ Foto: Metropolitan Museum

Las catorce pinturas, elaboradas por el teutón durante su breve estancia de un año en el Upper West Side, lucen como eje central de un laberinto visual en el que lo importante es captar el espíritu de un amante de las inspiraciones diversas, tal cual fue Herr Beckmann.

Y de ahí fluye un caleidoscopio de estilos y pinceladas, en el que caben destellos reconocibles de maestros de la talla de El Bosco, Edvard Munch o Paul Cézanne.

MAX BECKMANN CAPTÓ EL SENTIR DE NY

Procedente de St. Louis, el responsable de Autorretrato con chaqueta azul se afincó en la ciudad que nunca duerme en septiembre de 1949.

Un apartamento en el Upper West Side, donde horneó algunos de sus trabajos estadounidenses más admirados, acogió el exilio del artista, después de que este abandonara su Alemania natal ante la persecución de la que fue objeto por parte del régimen nazi.

Desde que las esvásticas destrozaron los lienzos de Max Beckmann, al considerarlos como arte degenerado, la mente viajera del antiguo estudiante en Italia y Francia volvió a activarse. Y, con sus maletas de tinturas volcánicas, el germano recaló en el Nuevo Mundo, en busca de una proyección internacional para sus visiones libertarias.

Max Beckmann avaló el Expresionismo como arma para reflejar la realidad/ Foto: Metropolitan Museum
Max Beckmann avaló el Expresionismo como arma para reflejar la realidad/ Foto: Metropolitan Museum

Según las crónicas de la época, MB calificó a Nueva York como un lugar que le recordaba vivamente al Berlín del período de entreguerras: un paraíso urbano en el que confluían las culturas del planeta, todas con el mismo peso para desarrollar propuestas cosmopolitas y transversales. Un ecosistema de alta calidad intelectual y plástica, en el que los centroeuropeos pudieron alicatar los mimbres del Expresionismo y de la Nueva Objetividad (movimientos a los que Beckmann se adscribió con plena convicción).

El Metropolitan Museum recoge esos años de efervescencia talentosa, con los 14 cuadros producidos en NY; y los acompaña con otros 25 más de etapas anteriores, y que se encuentran en colecciones neoyorquinas de distintas instituciones.

Sin embargo, e independientemente de las coordenadas artísticas del recorrido, el centro ubicado en la Quinta Avenida también ha recuperado la figura del inmortal alemán para otorgarle el honor que la fatalidad le robó en su momento. En 1950, cuando Max Beckmann trabajaba para preparar su primera antológica en el Metropolitan Museum, un ataque al corazón acabó con su vida, entre la calle 69 y el oeste de Central Park.

Sesenta y seis años después del triste acontecimiento, Nueva York da una oportunidad más al genial expresionista de Leipzig, para triunfar en la urbe de los rascacielos.

Sin duda, y aunque sea en espíritu, el pintor de Falling Man no rechazará el laurel de las inmortalidades unánimes, el cual se ha ganado por méritos propios.

"Max Beckmann in New York" está acompañada de un completo y razonado catálogo/ Foto: Metropolitan Museum
“Max Beckmann in New York” está acompañada de un completo y razonado catálogo/ Foto: Metropolitan Museum

Más información, entradas y horarios en

https://www.metmuseum.org

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