Clara Peeters invita a un banquete en El Prado

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Clara Peeters inunda la pinacoteca madrileña con algunos de sus mejores bodegones, fechados entre 1611 y 1621.

La artista del siglo XVII fue una maestra a la hora de representar alimentos, vajillas, platos y viandas cargados de costumbrismo y misterio.

El Museo del Prado reúne quince de las escasas obras que se conservan de la creadora flamenca, en una exhibición que ya obtuvo notable éxito tras su paso por la ciudad de Amberes.

Clara Peeters alcanzó cierta notoriedad en su época, a pesar de intentar triunfar en un mundo de hombres/ Foto: Museo del Prado
Clara Peeters alcanzó cierta notoriedad en su época, a pesar de intentar triunfar en un mundo de hombres/ Foto: Museo del Prado

La historia del Arte está plagada de mujeres que quedaron en el olvido, ante la imposibilidad de plantar cara a un universo donde únicamente destacaban los hombres.

Pese a que el talento plástico de muchas féminas con espíritu de trementina y pigmentos estuviera en un plano semejante al de sus colegas varones, la sociedad tendía a menospreciar el ingenio y el esfuerzo de las herederas de Eva.

Sólo unas pocas aguerridas y esforzadas amazonas de las telas (Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola) consiguieron que sus cuadros rozaran el honor de la profesionalidad reconocida. Una distinción que igualmente obtuvo, aunque con los regañadientes habituales de la incomprensión, la belga Clara Peeters (Amberes, 1594- La Haya, 1657).

Coetánea de Jan Brueghel el Viejo, Rubens y Van Dyck; la reina de las naturalezas muertas supo acuñar un amor sepulcral hacia los bodegones, desde los que expandió guiños visuales hacia los gustos y hábitos de su época.

Clara Peeters acuñó un estilo propio y reconocible por sus perfección formal/ Foto: El Museo del Prado
Clara Peeters acuñó un estilo propio y reconocible por su perfección formal/ Foto: El Museo del Prado

Alejandro Vergara (Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuela del Norte del Museo del Prado) ha podido juntar quince de las imágenes de la amberina, para montar la primera gran muestra dedicada a una lady pintora en la casa de Velázquez y Goya.

CLARA PEETERS MARCÓ ESTILO

Los escasos datos biográficos que se conservan de la autora de Bodegón con Halcón peregrino y su presa señalan que la paisana de Anton van Dyck elaboró su primer trabajo a la temprana edad de catorce años (Bodegón de galletas). Y lo hizo con tal técnica y apreciación por el detalle, que el lienzo fue alabado por reconocidas autoridades del momento.

En la manos de Clara, los productos surgidos de su paleta adquieren un componente sensitivo, que adiciona la vista, el olor, el sabor y el deseo de poseer. Y con ellos confecciona escenas en las que cualquier elemento denota un significado más profundo, que el meramente colorista o decorativo.

Clara Peeters orquestó todo un lenguaje oculto de simbolismo misterioso/ Foto: El Museo del Prado
Clara Peeters orquestó todo un lenguaje oculto de simbolismo misterioso/ Foto: El Museo del Prado

El recorrido propuesto por El Museo del Prado redunda en esa necesidad de acercarse sin reservas a las obsesiones de una mujer que no se contentó con ejercitar el preciosismo vacuo, considerado el terreno apropiado para las damas de silenciadas ambiciones que poblaron la Edad Moderna.

Centrado en los años de 1611 y 1621, el viaje al mundo de Mrs. Peeters hunde sus evocaciones en un realismo de voluntariedad ilustrativa, que oculta pistas para descubrir toda una galería de símbolos de raigambre religiosa o simplemente existencial.

De esta manera, algunos estudiosos han creído atisbar una implicación de las concepciones espirituales de la flamenca con el apego de ésta hacia las representaciones de pescados cocinados o frescos (elementos asociados con el Cristianismo, más que con el consecuente disfrute gastronómico).

Un juego en el que llama especialmente la atención la forma en que Peeters incluía de refilón bocetos de su propia faz, camuflados entre porcelanas brillantes cual espejos, e impresionados sobre cuberterías relucientes.

El tiempo transcurrido ha hecho que los ojos de los amantes del Arte vean a la señora del vanguardismo alimenticio como a una más que digna representante de un Barroco dado a los bodegones y a las naturalezas muertas.

Aunque, en los años en que Clara Peeters tuvo que defender sus sueños de caballete y pincel, la ansiedad por asegurar un mínimo de reconocimiento se viera mutilada por la creencia general de que las mujeres únicamente servían para situarse por detrás de los hombres.

Error histórico que, al menos, quince pinturas pueden ayudar a reparar.

CP y sus compañeras se lo merecen…

Nota.- La exposición de Clara Peeters estará abierta al público hasta el próximo 19 de febrero de 2017.

Clara Peeters es la primera mujer a la que El Museo del Prado ha dedicado una muestra/ Foto: Museo del Prado
Clara Peeters es la primera mujer a la que El Museo del Prado ha dedicado una muestra/ Foto: Museo del Prado

Más información, entradas y horarios en

https://www.muesodelprado.es

 

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