René Magritte pone a pensar a París

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Magritte abre caminos de inspiración incluso después de muerto, a través de la muestra La traición de las imágenes.

La exhibición, ubicada en el Centre Georges Pomidou de la urbe del Sena, explora nuevas perspectivas para acercarse al trabajo del genial pintor belga.

Hasta el próximo 23 de enero de 2017, París se erige como la capital del arte filosófico, de la mano del autor de Las afinidades electivas en versión plástica.

Magritte descompuso las imágenes para localizar la esencia de las mismas/ Foto: Centre Georges Pompidou
Magritte descompuso las imágenes, para localizar la esencia de las mismas/ Foto: Centre Georges Pompidou

René François Ghislain Magritte (Lessines, Bélgica, 1898- Bruselas, Bélgica, 1967) no llegó a conocer los móviles, pero sin duda se quedaría absorto ante el surrealismo implícito, consistente en ver a un hombre intentando aportar la lógica pixelada de una cámara telefónica a de las pinturas firmadas por el creador de Los amantes.

En el siglo XXI, la tecnología es la puerta por la que la carne se vuelve invisible, y las privacidades honrosas de los pigmentos asaltan los dominios interplanetarios de las redes sociales.

Un simple click, y el citado espectador de La traición de las imágenes tendrá su trozo de creatividad embotellado con garantías de reproducción, dentro de las geométricas dimensiones de su smartphone.

El autor de Les Vacances de Hegel falleció antes del desembarco de la aldea global, vía a combinaciones binarias y soledades insondables. Sin embargo, sus teorías de estimular los elementos oníricos y meramente pictóricos con bases científicas y filosóficas le habrían otorgado un background lo suficientemente activo, con el que comprender el difuminado tercer milenio.

Magritte encabezó las tesis fundacionales del Surrealismo en Bélgica/ Foto: Centre Georges Pompidou
Magritte encabezó las tesis fundacionales del Surrealismo en Bélgica/ Foto: Centre Georges Pompidou

El experto Didier Ottinger reclama la mencionada notoriedad para maestro del Surrealismo alumbrado en Lessines, con el fin de demostrar que las obras de Magritte no eran simples juegos ingeniosos, ni escenas perpetradas en busca de las bellezas inmanentes, con las que sublimaban sus lienzos los compañeros de movimiento en Francia.

El arte de RM poseía, además de unas sobresalientes riqueza formal y plástica, una fuerte relación con las concepciones clásicas de la vida y del conocimiento. Matrimonio que el maestro de oleosa conciencia efectuó en el altar levantado por el histórico Paul Nougé (científico fundador del Surrealismo belga).

MAGRITTE, EN BUSCA DE LA PROFUNDIDAD DEL LIENZO

La vasta exposición, que alberga la pinacoteca parisina hasta el 23 de enero de 2017, vertebra su sentido de trascendencia en torno al poso que la ciencia y la lógica de Platón y Plinio el Viejo ejercieron en el trabajo del padre de El hijo del hombre. Senda poco explotada en retrospectivas anteriores, y que protagonizó gestas heroicas en el brillante currículo de colores visionarios, que firmó a lo largo de su existencia el ilustre flamenco.

Por el simbólico laberinto de formas y rompecabezas visuales, los visitantes de La traición de las imágenes pueden sentirse subyugados al toparse con piezas emblemáticas de Magritte, aunque no menos regusto les depararán las hermanas de paleta mucho menos famosas que éstas.

El encuentro con los libros de Foucault fueron determinantes en la vida de Magritte/ Foto: Centre Georges Pompidou
El encuentro con los libros de Foucault fue determinante en la vida de Magritte/ Foto: Centre Georges Pompidou

Desde su primerizo Surrealismo (afectado por la presencia de André Breton, y por una cierta arbitrariedad en sus obsesiones) a su apego científico y experimental, la exposición montada por Didier Ottinger adquiere la atmósfera circense de los salones de espejos, donde el intelecto es el galán que declama el dramatismo colectivo. Sensación que se hace presente conforme los pasos se acercan hacia 1923 (fecha en la que Magritte se topó con Cántico de amor, de Giorgio de Chirico).

Ese encuentro cavó una huella importante en el pulso del creador belga, y fue el detonante para que comenzara a elaborar sus cuadros de palabras, a partir de 1929. Reflexiones duales, que dotaban a la pintura de una vida más allá de la simplemente anhelada por el autor de la misma.

Ahí, entre los silogismos internos que desarrollaban las ingeniosas frases orquestadas por el compatriota de Paul Delvaux, RM conseguía hacer de la plástica una herramienta, con la que despertar el conocimiento de los que contemplaban sus trabajos. Un mecanismo efectivo en el que Georg Wilhelm Friedrich Hegel y su dialéctica tenían un protagonismo claro y estimulante; y donde el mito de la caverna de Platón adquiría una interpretación en la que quedaba manifiesta la continua traición de las imágenes.

Poliédrica y polisémica, la exhibición preparada por el Centre Georges Pompidou -con la que reivindica la marca del insustituible maestro del Surrealismo belga- deja constancia de la grandeza de uno de los máximos exponentes del Arte a nivel universal. Un señor que, además de dominar los pinceles, supo dotar a sus obras de una existencia más allá de la fisicidad objetiva.

Después de todo esto, cabe preguntar: ¿Será el hombre que porta el móvil otra traición de las imágenes? En el universo de Magritte, cualquier cosa es posible…

Maigrette consiguió erigir el Arte como una herramienta destinada al conocimiento humano
Magritte consiguió erigir el Arte como una herramienta destinada al conocimiento humano

 

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