Francis Bacon humaniza el Guggenheim

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Francis Bacon brillará con el fulgor carnoso de sus figuras en el Museo Guggenheim de Bilbao, a partir del 30 de septiembre.

El pintor irlandés desembarca en el País Vasco con noventa obras, entre las que se encuentran muchas de sus piezas más conocidas.

La institución norteña quiere, con la muestra, explorar las influencias españolas y francesas de uno de los creadores más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Francis Bacon tenía una clara obsesión por la pintura velazqueña/ Foto: "Tres estudios para una crucifixion"/ The Estate of Francis Bacon y El Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York
Francis Bacon tenía una clara obsesión por la pintura velazqueña/ Foto: “Tres estudios para una crucifixion”/ The Estate of Francis Bacon y El Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York

La mirada acerada del Papa Inocencio X tenía sulfuro de inquisición, impuesto sabiamente por el pincel de Diego Velázquez.

Sentado en su sitial, y con las arrugas apergaminadas de los espíritus rectos y ferrosos, el Santo Padre siguió con su retina de oscuridades insondables al joven Francis Bacon, cuando éste se enfrentó a la imponente pintura por primera vez, en la Galería Doria Pamphilij de Roma.

El artista dublinés contaba en ese momento con el acerbo de un aprendizaje cosmopolita, y sus heridas de trementina ya habían dado al mundo imágenes de claridades secretas. Pero lo mejor estaba aún por llegar.

Febril y aterrado por la grandeza asfixiante del retrato del autor de Las Meninas, el isleño se colocó sin protección ante la violencia salvaje de la humanidad pletórica de poder. Y todo ello conjugado en los rasgos hieráticos de un hombre con sotana del siglo XVII, el cual aceptaba simbólicamente cualquier duelo de voluntades, aferrado a la armadura de la inmortalidad invisible.

La imagen persiguió desde entonces al colega generacional de Henry Moore, y le impulsó a elaborar una serie de aproximaciones a la misma dominadas por una técnica fantasmagórica y sobrenatural.

Francis Bacon sentía una admiración sin límites hacia el Barroco español
Francis Bacon sentía una admiración sin límites hacia el Barroco español

Sin embargo, no solo de Velázquez se alimentó el caudal visual de Bacon.

Una perpetua catarata de emociones deformadas e insinuantes alentaron el pulso del irlandés, manantial en el que cupieron con holgura Picasso, Manet, Degas, Van Gogh, Ingres, Matisse, Zurbarán, El Greco y Goya, por mencionar algunos de sus maestros destacados.

Una colección de grandes nombres implícitos, que el el Museo Guggenheim de Bilbao pondrá sobre la palestra en la exhibición De Picasso a Velázquez, que la institución bilbaína piensa inaugurar el próximo 30 de septiembre.

FRANCIS BACON BEBÍA ARTE A TODAS HORAS

Según los biógrafos de FB, el compatriota de James Joyce inició su carrera con las paletas y los lienzos después de visitar la exposición Cent Dessins, en la que las obras colgadas estaban firmadas por un tal Pablo Picasso. La conmoción sufrida en el interior del hijo del militar fue tal, que no pudo por menos dejar escapar las ansiedades profundas de su ser de oleosas metamorfosis.

Francis Bacon nunca escondió las inspiraciones que conformaron su trayectoria profesional
Francis Bacon nunca escondió las inspiraciones que conformaron su trayectoria profesional

Tras semejante experiencia, los viajes necesarios del entonces muchacho fructificaron en forma de anhelo por inventar mundos pictóricos, casi pesadillas. En las manos de Bacon, el pincel se convirtió en un estilete de sudor y sanguíneas complicaciones, a través del cual intentó captar la esencia de la humanidad, siempre tan escurridiza como estimulante.

Un simple rastro de aliento fogoso, tal vez algo de dolor resquebrajado por la espátula, o quizá unas pizcas de sentimiento sublimado por líneas borrosas y en duermevela… Metas como las descritas fueron emblemas de seducción en la mente del creador irlandés, que le llevaron a emular a sus ídolos de museo y galería.

Las más de cincuenta variaciones del Retrato del Papa Inocencio X que elaboró a lo largo de su carrera el que fuera pareja de George Dyer (siempre a través de fotografías y nunca frente al original) dan un ejemplo del motor que encendió las obras de uno de los mejores maestros plásticos del siglo XX.

Gasolina de elevado octanaje creativo, que también ayudaron a engrosar las religiosidades contrastadas de Zurbarán, los sueños espectrales de Goya, las naturalezas alucinatorias de Van Gogh o el perfeccionismo psicológico de Ingres.

Cada uno de ellos acudirá con calma y atención al Guggenheim de Bilbao, evocados con agotamiento desaforado por el pintor de los terrores reconocibles. Un señor de legendario fuste, llamado Francis Bacon.

Francis Bacon estuvo preso durante décadas por El Retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez
Francis Bacon estuvo preso durante décadas por El Retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez

Más información, entradas y horarios en

http://www.guggenheim-bilbao.es

 

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