Daniel Radcliffe aleja su privacidad en NY

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Daniel Radcliffe viaja a Broadway con la obra Privacy, después de su triunfal paso por el Donmar Warehouse de Londres, en 2014.

La historia sigue la extraña relación entre un escritor en crisis, y el mundo derivado de la dependencia de Internet y de las redes sociales.

Josie Rourke dirige esta atípica propuesta escénica, en la que el público participa a través de sus teléfonos móviles.

Daniel Radcliffe (en la imagen, con camisa y camiseta de color azul) es el máximo polo de atracción de la obra/ Foto: Dnmar Warehouse y Joan Marcus
Daniel Radcliffe (en la imagen, con camisa y camiseta de color azul) es el máximo polo de atracción de la obra/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus

Más de un asistente a las representaciones de Privacy, en el neoyorquino Public Theatre (situado en el 425 de Lafayette Street), debió pensar que la dirección de la sala se había vuelto loca cuando, desde detrás del decorado, se instaba a los espectadores a mantener sus móviles encendidos.

Y, no contentos con ello, encima una voz indicaba la contraseña para poder mantener la conexión con Internet vía Wi-Fi gratis.

El motivo de tales medidas no es por excentricidad de los responsables, ni por locura transitoria de Josie Rourke y sus muchachos, sino que la explicación está en promover una de las claves del texto elaborado por James Graham: permitir a los anónimos viewers poner su granito de arena, para formar parte del libreto.

Según el prestigioso dramaturgo británico, la sociedad ha cambiado a pasos agigantados después de la aparición en el universo mediático de Edward Snowden y de la red de Wikileaks.

Semejantes transformaciones en el corazón social han sido convenientemente interiorizadas por los individuos, cada vez más determinados a concebir la conectividad online como algo primordial en la naturaleza de los tiempos presentes.

Daniel Radcliffe construye su personaje con la información que recibe cada noche en la sala/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus
Daniel Radcliffe construye su personaje con la información que recibe cada noche en la sala/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus

Daniel Radcliffe sube a escena las cuitas existenciales de los llamados seres tecnológicos, surgidos de la mencionada metamorfosis grupal. Y las focaliza en la frágil actitud de un tipo perdido, dentro del laberinto de las relaciones mediadas por pantallas y teclados.

De los pensamientos y acciones de este individuo es de lo que se nutre la trama de Privacy, cuyo diván colectivo estará en Broadway hasta el próximo 19 de agosto.

DANIEL RADCLIFFE CONFIRMA SU BUENA ESTRELLA

Una figurada consulta en el norte de Londres es el lugar donde comienza el binario libreto ideado por Graham. Allí, un joven conocido como El Escritor (ingenioso alter ego del autor de la pieza) se tumba ante su psicoanalista, para contarle la difícil situación que atraviesa tras romper con su novia.

A partir de este hecho, el héroe monta una nueva personalidad en versión cibernética, destinada a recuperar a la mujer de sus sueños. Aunque, de paso, también se plantee temas de candente modernidad, como el del control excesivo que los ordenadores hacen de los hombres y mujeres del siglo XXI, y el de la acumulación peligrosa de información personal que generan páginas como Facebook y Twitter.

Daniel Radcliffe está brillante en su caracterización como The Writer/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus
Daniel Radcliffe está brillante en su caracterización como The Writer/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus

En este resbaladizo apartado, Privacy adquiere una atmósfera extraña, con la aparición de testimonios de personajes como Edward Snowden o del periodista del rotativo The Guardian (Ewen MacAskill) que aireó los documentos aportados por el citado agente estadounidense.

Con esos elementos videográficos y entrevistas grabadas en audio, la obra toma el giro de los rompecabezas arriesgados, con sus constantes saltos entre la realidad y la ficción. Juego de narraciones febriles, al que se une la participación literal de algunos de los que se sientan en el patio de butacas.

Interactividad y frescura es lo que propone Privacy. Y todo para dibujar las difuminadas líneas del mundo alumbrado tras el caso de Snowden: un planeta sin secretos infranqueables, y en el que la vida privada se atisba como un sinsentido voluntario, como un sueño anclado en el pretérito.

Ya no hay cerrojos en el terreno de las combinaciones virtuales…

Daniel Radcliffe ha madurado mucho como profesional con trabajos como el de "Privacy"/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus
Daniel Radcliffe ha madurado mucho como profesional, con trabajos como el de “Privacy”/ Foto: Donmar Warehouse y Joan Marcus

Más información, entradas y horarios en

http://www.publictheatre.com

 

 

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