It Takes a Thief (Ladrón sin destino)

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It Takes a Thief voló por los televisores estadounidenses entre 1968 y 1970, con Robert Wagner como estrella absoluta de los sesenta y seis episodios.

La serie fue creada por Roland Kibbee, e inspirada en el personaje que Cary Grant encarnó en la película Atrapa a un ladrón, a las órdenes de Alfred Hitchcock.

La primera temporada de esta activa producción ha sido comercializada recientemente en España, en formato de DVD.

It Takes a Thief
It Takes a Thief fue estrenada en USA el 9 de enero de 1968, en la cadena ABC

A finales de los sesenta, Robert Wagner era un galán con proyección mediática a nivel planetario.

Sus amoríos con la célebre actriz Natalie Wood habían relanzado la carrera de un actor dotado con un físico envidiable y un encanto especial para seducir a la cámara; y de eso se percataron los cazatalentos de la industria audiovisual norteamericana.

Wagner no poseía la naturaleza galopante y efervescente de Paul Newman, ni la magia escénica de Steve McQueen; pero sí que acreditaba un charme de primera categoría, que le llevaba a salir siempre airoso de cualquier interpretación que se propusiera.

A los treinta y ochos, el protagonista de El príncipe Valiente era el ideal para liderar una serie capaz de plantar cara al carismático Simon “El Santo” Templar, del amable Roger Moore; y de paso desarrollar tramas cercanas al barroquismo imaginativo de Misión: imposible.

Y así surgió Ladrón sin destino, como un híbrido de muchas producciones coetáneas y anteriores, en el que RW ejercía de héroe socavado por las sombras de un pasado delictivo, muy en consonancia con el papel que el intérprete había exhibido en 1963, con su encarnación del atractivo y mentiroso George Lytton, en La pantera rosa de Blake Edwards.

It Takes a Thief centraba parte de su atractivo en la excelente fotografía
It Takes a Thief centraba parte de su atractivo en la excelente fotografía

Con el visto bueno de Wagner, la serie arrancó con un episodio piloto emitido el 9 de enero de 1968; y las sensaciones fueron tan buenas, que los responsables de la empresa se atrevieron a prolongar la aventura durante tres temporadas, distribuidas en sesenta y seis entregas.

Un camino trufado de colaboraciones glamurosas, trabajadas por iconos del séptimo arte como Fred Astaire (quien hizo del padre del protagonista), Fernando Lamas y Joseph Cotten, entre otros.

En definitiva, un espectáculo de nostálgicos tintes y atmósferas elegantes que se vio recompensado con varias nominaciones a los premios de la televisión más ambicionados en el país de la Estatua de La Libertad (Los Globos de Oro y Los Emmy).

IT TAKES A THIEF Y LA CULTURA DE LOS SESENTA

Ladrón sin destino apareció en una época en la que la pequeña pantalla reclamaba temas un poco alejados de los habituales culebrones del Far West, que dominaban las parrillas a todas horas. El público quería ver algo más que los duelos a cara de perro de El Virginiano y El Gran Chaparral; y en tal hueco es donde fijaron su mirada los nuevos cerebros del negocio, tales como Glen A. Larson.

It Takes a Thief se nutrió de ilustres secundarios, como Fred Astaire (en la foto, a la izquierda)
It Takes a Thief se nutrió de ilustres secundarios, como Fred Astaire (en la foto, a la izquierda)

 

Kibbee tomó buena nota de las necesidades de los estudios y de la hornada de productores jóvenes. Y, a tal efecto, vistió con los ropajes del exotismo sorpresivo su idea de inventar las gestas caballerescas de un mangón de guante blanco, con las referencias de Cary Grant, en Atrapa a un ladrón, y de David Niven, en La pantera rosa.

Un escaparate en el que también estaba reflejado en un sitio privilegiado el éxito en Italia del genuino Diabolik, que había comenzado con sus multitudinarias viñetas en 1962.

De esta manera, el respetado Roland Kibbee hiló todas esas hebras; y de ellas emergió el tapiz de It Takes a Thief. Una obra que respiraba el aire de los dramas de acción, y que versaba sobre un profesional de los golpes de altura, quien debía plantearse un giro en su vocación y habilidades tras ser detenido por la policía. Aunque puesto en libertad posteriormente, a cambio de su colaboración con una agencia gubernamental llamada irónicamente la SIA (Secret Intelligence Agency).

Este individuo con traje a medida hasta en la trena no era otro que Alexander Mundy, al que puso rostro el fotogénico Robert Wagner.

Acompañado de la popera sintonía de Dave Grusin y de unas localizaciones de elevada factura, el serial no logró mantenerse en antena tanto como su imbatible competidora de Gran Bretaña (la mencionada El Santo).

Pero sí que dejó un poso de reconocimiento afectivo en la audiencia, al que la industria audiovisual estadounidense ha vuelto a recurrir con Ladrón de guante blanco, donde el papel que encarna Matt Bomer (Neal Caffrey) guarda más de una similitud con el sesentero afanador de joyas -y reventador de cajas fuertes- bautizado Alexander Mundy.

It Takes a Thief guarda más de un parecido razonable con "Ladrón de guante blanco"
It Takes a Thief guarda más de un parecido razonable con “Ladrón de guante blanco”

Tema musical de It Takes a Thief, por The Rap Sheet

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