David Cronenberg saborea la amarga nocturnidad de la literatura

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David Cronenberg debuta como escritor con Consumidos (Editorial Anagrama): un libro que entronca con los paraísos psicodélicos de William S. Burroughs y J. G. Ballard, y que remueve muchas de las imágenes inspiradas en la primera etapa como director del responsable de La mosca.

David Cronenberg apuesta por una historia con guiños a "El almuerzo desnudo", de Burroughs
David Cronenberg apuesta por una historia con guiños a “El almuerzo desnudo”, de Burroughs

La realidad es un extraño y oscuro objeto de deseo, en el que las lecturas son poliédricas. Nada resulta palpable por las simples leyes de la percepción en el universo imaginado por David Cronenberg (Toronto, Canadá, 1943), donde las sombras son las que otorgan profundidad de campo para componer el espejo de las pesadillas conceptuales.

Ese escenario demacrado, arropado por el espíritu de feria humana, es el que surca cada palabra de Consumidos: un texto de alquitrán cambiante, donde la prosa ambigua y falsamente directa del creador de Videodrome marca el pautado retorcido de los pentagramas figurados, con un barroquismo casi velazqueño.

David Cronenberg suele acceder a mundos paralelos a los reconocibles
David Cronenberg suele acceder a mundos paralelos a los reconocibles

Dos personajes -anclados en la aparente normalidad de los profesionales adocenados por la modernidad- arrancan el motor de la novela, la cual pronto vira hacia tramas subterráneas; en las que toman el protagonismo caníbales implícitos, enfermos de existencialismo y conspiraciones internacionales con galácticos toques de surrealismo trascendental.

DAVID CRONENBERG RETUERCE LA CONCIENCIA

Consumidos es tan inquietante, oscura y fascinante como las películas de su autor. Hay que leerla“, dice Stephen King, quien no guardó elogios hacia DC cuando este adaptó a la pantalla grande su relato La zona muerta. Sin embargo, el terror de factura mediática que suele nutrir las obras de King no es el mismo que lubrica el argumento de este book de iniciación, con el que el realizador de Crash asalta las librerías subido a lomos de una profesión que siempre le llamó la atención de los outsiders con anhelos de tenebrismo.

David Cronenberg recupera la capacidad de alterar el espíritu
David Cronenberg recupera la capacidad de alterar el espíritu

Después de más de cuatro décadas tras la cámaras, los largometrajes de David Cronenberg habían perdido gradualmente el sesgo de la sinrazón voluntaria, de los comportamientos ajenos a las normas y los cánones, de la anticipación en medio del caos y el abismo de la perdición colectiva. Este hecho preocupante se dejó notar especialmente en Cosmópolis y Maps to the Stars (las dos últimas movies del director), en las que poco o nada quedaba de los anclajes inmanentes y descorazonadores de Crash, Rabia o El almuerzo desnudo.

Frente a esta sensación de cansancio, o de asunción de una cierta madurez discursiva poco propicia, el cineasta de los decorados surgidos de los sueños deformados necesitaba regresar a su cosmos de enloquecimiento desatado. Y en ese tercio es donde Consumidos adquiere todo su significado.

A modo de novela de misterio, la trama empieza con una búsqueda: la de un intelectual francés desvanecido sin dejar rastro. Los novatos detectives son dos periodistas llamados Nathan y Naomi. Un par de seres fagocitados por la tecnología, que viajarán a Tokio y a Toronto para dar con el paradero del citado pensador.

David Cronenberg describe una prosa cargada de relaciones filosóficas
David Cronenberg describe una prosa cargada de relaciones filosóficas

Ante una madeja de descubrimientos asombrosos y sorprendentes, los informadores se topan con un plan norcoreano para secuestrar a las mentes más brillantes de Francia, una eslovena con un cuerpo diez y numerosos tumores malignos, un hombre con el pene doblado por una enfermedad, una masoquista que se extirpa trozos de carne con un cortaúñas, un cirujano megalómano que practica autopsias disfrazadas de operaciones… En definitiva, una fauna variopinta, circundada por el fantasma de Jean-Paul Sartre y los influjos malignos del esoterismo de laboratorio.

Todos estos hilos componen una sinfonía extraña y atrayente, en la que la melodía distorsionada la ponen los juicios carentes de enseñanza, como si el viaje a los infiernos se quedara enquistado en el territorio de la bestia. Precisamente, un lugar donde las frases esculpidas por Cronenberg adquieren la tridimensionalidad de las paletas incendiarias.

David Cronenberg ha declarado sentirse atraído por la literatura de oscuros trazos
David Cronenberg ha declarado sentirse atraído por la literatura de oscuros trazos

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