Juan Eslava Galán: “Los españoles dejaban de ver tetas cuando los destetaba la madre”

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Juan Eslava Galán inicia su particular serie sobre los pecados capitales con Lujuria (Editorial Planeta), un libro sobre la historia sexual de los compatriotas de Cervantes, al que seguirá Avaricia (cuya salida al mercado está prevista para el 11 de noviembre).

Juan Eslava Galán declara que "Lujuria" ha sido una obra "fácil de escribir"
Juan Eslava Galán declara que “Lujuria” ha sido una obra “fácil de escribir”

Madrid afila sables invernales, mientras el calor sucumbe con su terracota herida al pie de La Cibeles y Neptuno. Aunque, en las tardes plomizas y capitalinas de octubre, el frío estacional parece aparcar su derrumbe imperialista ante las puertas del Café Gijón.

Dentro de este reducto de pretéritas charlas encendidas, la modernidad ágil y vacua intenta acallar los ecos sorpresivos de un pasado literario, esmaltado con sentencias de aire y fuego. Allí, sentados -cual fantasmas- en las mesas ilustres señorean los espectros ufanos de Valle Inclán y Buero Vallejo, de Dámaso Alonso y Camilo José Cela. Siempre prestos a poner la debida escarcha intelectual sobre las culturas empobrecidas.

Juan Eslava Galán cambia de estilo en "Avaricia"
Juan Eslava Galán cambia de tono en “Avaricia”

Con la mirada de los hombres electrizados por las lecturas apasionadas, Juan Eslava Galán (Jaen, 1948) espera ubicado en una de las zonas privilegiadas del mencionado establecimiento. A su vera, una infusión esparce su savia herbal a las palabras con las que el escritor andaluz aborda la publicación de su última obra: una crónica de los placeres pecaminosos titulada Lujuria (Editorial Planeta), que el autor de Misterioso asesinato en la casa de Cervantes prologa con una frase del responsable de La Colmena. “Lo he hecho para que el lector se prepare sobre lo que va a encontrar”, apunta divertido el jienense.

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

Tras las investigaciones llevadas a cabo, ¿dirías que los españoles somos especialmente lujuriosos?
No especialmente. Yo creo que todos los pueblos han sido lujuriosos, porque es una pulsión natural que tenemos los seres humanos. Quizá, nosotros lo hemos sido especialmente cuando se nos prohibía por motivos religiosos. Por ejemplo, mi generación sufrió el Nacionalcatolicismo, y el pueblo accedió a la lujuria porque era algo prohibido. (Se toma un respiro cómplice para transitar por los siglos) Sin embargo, ahora nos hemos equiparado perfectamente a Europa, e incluso puede que nos hayamos pasado de frenada.
¿Muchos de los tabúes actuales pueden tener su origen en ese pasado al que aludes?
No, yo no creo que las represiones presentes vengan de entonces. Es decir, si comparamos la sociedad española de ahora con la europea, nosotros no tenemos más represiones ni tabúes. Hemos superado ampliamente todo el desfase que había. Obviamente, ambas son sociedades que pertenecen al universo cristiano, y hunden sus bases en las doctrinas luteranas y católico-romanas, y en las escrituras de la Biblia. Por eso nos tenemos que parecer en algo. Pero no hay sociedades más avanzadas sexualmente que la occidental.
En tu libro, quizás el mensaje recurrente sea la obsesión de la Iglesia por impedir que la mujer gozase con el sexo…
Eso tiene su explicación. Una mujer decente no debía tener deseos sexuales. Esa era la moral estricta que había impuesto la Iglesia, y la sociedad la había aceptado hasta el siglo XIX, con épocas en las que había mucha más libertad, como por ejemplo en el siglo XV. (Un tenue silencio permite asimilar la idea) Pero el hombre se tenía que desfogar, y por eso la Iglesia toleraba de algún modo la prostitución, para que el individuo no se metiera con las chicas castas. Así que el establecimiento social consistía en eso: una mujer tenía que llegar virgen e ignorante al matrimonio, y el hombre era conveniente que llegara aprendido. De ahí la necesidad de la prostitución.

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

Pero esa concepción marginadora de la sexualidad en cuestión de género es contradictoria con la definición de pecado por parte de la Iglesia…
Tiene un sentido. El hombre siempre se ha guardado a la mujer porque quiere tener una seguridad de que sus hijos son suyos y no de otro. Por eso está obsesionado con preservar a la mujer del sexo. El hombre puede regar su semen abundantemente en todas la mujeres a las que tenga acceso, pero la mujer no puede hacer algo similar. Si esta quiere que después un hombre la mantenga a ella y a su prole, como era la visión tradicional, esta tiene que dar garantías al marido de que sus frutos no son de otro.
No obstante, esa férrea moral se instaló más en las costuras del comportamiento burgués, mientras que la nobleza pasaba ampliamente de semejantes restricciones.
La alta aristocracia siempre ha hecho de su capa un sayo, y el pueblo más bajo igualmente; no se han dejado manejar por la Iglesia, porque han pasado de ella. Por eso la moral restrictiva ha estado siempre en la clase media y en sus aledaños; es decir, en la clase obrera que aspira a media, y en la bien que está saliendo de la media. Y esto se ha mantenido hasta épocas muy recientes.
Tales planteamientos me recuerdan al personaje del marqués de Leguineche, de la película Patrimonio Nacional, de García Berlanga, con su colección de pelos extraídos de las vaginas de sus queridas…
Eso se basa en un señor que existió. El que fundó Marbella, que ahora no recuerdo de cómo se llamaba, y que puso el primer hotel allí. Este señor tenía una colección de pelos púbicos de todos los ligues de su vida. Era un tío interesante. Un ingeniero le hizo una de las primeras motos españolas, que llevaba su nombre…
En el prólogo de Lujuria pones que, antes meterte en faena, fuiste a La Almudena a pedir permiso espiritual para redactarlo. ¿Era una coña?
Yo soy un cachondo. Este tenía que ser un libro científico sobre la sexualidad, pero no puedo evitar que el comienzo sea a mi manera. También es un guiño que yo hago a mis lectores, que saben que soy un descreído. Miento La Almudena, y como a la salida el cura no me da noticia cierta de lo que estoy buscando, por eso recurro al diablo cojuelo, que me demuestra que lo sabe todo (Sonríe abiertamente).

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

¿Fueron las prostitutas un bien necesario para la sexualidad de los españoles?
Siempre, y lo siguen siendo. Lo lamentable es que ahora… Es decir, actualmente, el cincuenta por ciento de las prostitutas que ejercen lo hacen obligadas por mafias sórdidas. Eso no existía anteriormente. Antes, las putas podían tener un chulo que vivía a costa de ellas, pero se sentían protegidas por él. En cierto modo, había una relación de mutua confianza, era una especie de matrimonio. Pero esta explotación de ahora no se ha visto nunca. La prostitución de ahora es la más sórdida de la historia.
Incluso hubo momentos en que se obligaba a las putas a presentar un certificado de higiene, con controles frecuentes…
Sobre todo en el siglo XIX empieza a haber una especie de beneficencia en las grandes ciudades, ya que en torno al 30 o 40 por ciento de los hospitales estaban atestados de enfermos de venéreas, en mayor parte de sífilis. Por eso los gobernantes pensaron muy inteligentemente que era mejor prevenir que curar, e impusieron los carnés de prostitutas, de los que reproduzco uno en el libro. Estos papeles especificaban que las putas debían estar correctamente registradas, con unos médicos puestos a su disposición por la administración.
¿Antes era más cierto eso de que el hombre encontraba en la cama de una mujer de la calle lo que su esposa no le ofrecía?
Hay que ver también que muchos casados iban a las prostitutas porque la mujer en casa no se ponía ningún tipo de encanto, y lo cuento también en el libro. Así que para tener un sexo más comunicativo, estos hombres iban de putas. Si se contagiaban, contagiaban a la mujer y era un problema social inquietante. Por eso lo de la higiene que te comentaba…
Aunque gran parte de la culpa de que la esposa no expresara orgasmo alguno en el lecho conyugal la tenían los curas. Mientras que esta institución cerraba los ojos al placer masculino.
Porque la Iglesia ha estado siempre a favor del hombre y es muy contraria a la mujer, desde el estigma de San Pablo, que fue el inventor de la doctrina. Siempre ha estado intentando dominar a la mujer, y continuamente por el tema de la sexualidad. Como los curas no se podían casar; los tíos estaban célibes y se acostaban solos por las noches, y les daba por pensar en el sexo. Si te fijas, en la Europa protestante, donde los curas se casan, no existe la misma obsesión por el sexo que en la Europa católica.
En un capítulo del libro cuentas cómo en los internados eclesiásticos, durante la dictadura franquista, se obligaba a los críos a dormir en posición de difuntos. ¿Realmente era así?
Ahora han pasado solo cuarenta años, y lo vemos como una cosa de llevarnos las manos a la cabeza. Era así, y los médicos nos daban una charla y explicaban a los niños los males de masturbarse, porque la obsesión de los curas era la masturbación. Y nos explicaban que se disolvía la columna vertebral, que te quedabas ciego… Ahora los médicos higienistas dicen que la masturbación es una cosa sana y que alivia… (Sonríe abiertamente) Ya ves.
Resulta extraña esa tesis, ya que la masturbación es algo habitual…
Era propio de esa doble moral, y de esa hipocresía eclesiástica. Aparte, los casos de curas encamándose con señoras han sido frecuentísimos a lo largo de toda la historia. Lo que pasa es que antes no se les daba publicidad, y ahora sí.
La obsesión contra el universo femenino se refleja incluso el lenguaje; ya que la acepción de los genitales masculinos y los de las mujeres da lugar a palabras de diferente signo.
Las del hombre siempre se perciben como algo positivo; pero las de la mujer, en negativo. El coñazo es malo… Tú eres cojonudo, eso es bueno. La mujer se asocia con lo del coñazo. El lenguaje siempre expresa la sociedad, y lo hace maravillosamente. Cuando decimos que ese tío es muy zorro, se asocia con un tipo astuto; como digas que esa tía es muy zorra, estás diciendo que es una puta.
Uno de los apartados de Lujuria se refiere a Los Borbones y a su relación con el sexo. ¿Han sido tan promiscuos como los pintas?
Hay una constante desde los dos últimos siglos: a ellos les gusta cepillarse a sex symbols, a las tías deseadas por otra gente. Las tías deseadas en tiempos de Alfonso XII eran las que salían en la zarzuela, cantantes como la que tuvo como relación más larga. En tiempos de los otros, las del cine… Siempre, cuando había una señora que era admirada por su arte y la deseaba mucha gente, los Borbones pensaban que ellos encima se la iban a tirar. Te hablo de Los Borbones desde Fernando VII.
Ahí estaba, por ejemplo, Alfonso XIII con Celia Gámez
Celia Gámez, que era la sex symbol nacional: Nuestra Señora de los buenos muslos. Alfonso XIII se tiraba a toda la que tenía al lado. Era un putañero de mucho cuidado.

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

Parece extraño que, respecto a la condenación de los orgasmos femeninos de la que hablabas antes por parte de la Iglesia, los sacerdotes no fueran igual de duros con el lesbianismo que con la homosexualidad.
Tiene su sentido. Fíjate, para la Iglesia el problema o la esencia de la vida está en el semen. El hombre tiene la esencia seminal, y debe controlarla; sin embargo, la mujer no. Lo tenemos metido en el disco duro y en nuestro comportamiento. Por ejemplo, si estamos en una reunión de chicos y chicas, y dice una chica que va al servicio, casi siempre se levanta alguna más y van juntas. Pero si se levanta un tío y dice que va al servicio, descuida que no habrá otro que se levante para ir a mear con él. Observa ese detalle. Las chicas pueden ir porque el lesbianismo no tiene importancia, ya que no hay emisión seminal. Pero en los hombres es otra cosa. Por eso, la Iglesia ha perseguido muy duramente la homosexualidad masculina. Hubo unos tiempos en que la Inquisición los quemaba en la hoguera, a no ser que se tratara de algún cura. En ese caso, hacían lo de siempre: cambiarlo de parroquia, meterlo en algún convento y disciplinarlo. Pero la mujer no se contemplaba. Si dos mujeres dormían juntas, no importaba; porque no puede haber embarazos…
No obstante, pese a los dogmas contra la lujuria, hay documentación sobre conventos y monasterios donde no se practicaba precisamente la contención carnal…
Natural. Muchas veces había conventos que estaban muy próximos con monasterios, y no es ninguna leyenda que había intercambio entre curas y monjas, simplemente para follar. Incluso tenían sus abortos y sus fetos, que después se han encontrado. Eso no es ninguna leyenda; es cierto, ha ocurrido. A pesar de lo que predicaban, los miembros de la Iglesia siempre se han tenido que aliviar, porque es natural.
Durante la Segunda República, la libertad asumida en materia de sexualidad estuvo a punto de acabar con la necesidad de encamarse fraudulentamente.
Claro, en el momento en que tú estás obsesionado por una cosa, y de pronto te permiten que la hagas y ya no estás transgrediendo nada, los ánimos se serenan. Eso es así. En la Segunda República, prácticamente nos equiparamos con Europa en esa materia; porque aquí había re vistas de naturismo, con desnudos, había sociedades naturistas sobre todo en Cataluña y en Alicante y luego más en el interior… (Bebe un poco de su infusión) Siempre ha habido una división entre la España rural y la España de las grandes ciudades. Pero coño, en ese momento estábamos equiparados a Europa… Había espectáculos sicalípticos, como los llamaban entonces, donde salían señoras desnudas y tal… Y cuando Franco ganó la guerra, apoyado por representantes de la clase más conservadora y puso la moral en manos de la Iglesia, fue cuando vinieron esos años de castración que ha sufrido mi generación.
¿Cómo recuerdas el tiempo de la dictadura?
La juventud, cuando uno llega a una cierta edad, siempre la recuerdas como una época dorada, porque estabas en el vigor de tus años. Pero cuando piensas lo reprimidos sexuales que estábamos y la cantidad de misas que nos metían, como dice Terenci Moix en sus memorias: “Demasiadas misas para tan poco niño”, te das cuenta de que aquello era muy jodido. Lo que pasa es que después solo te vienen las partes positivas, pero la sexualidad era terrible. La mujer era un ente desconocido. Ahora ves que con doce o trece años la coeducación es normal, pero antes con trece y catorce años los chicos y las chicas no tenían ningún tipo de conexión. En fin, las amigas de tu hermana y tal o cual… pero siempre había una especie de barrera que, hasta que ya se formalizaba el noviazgo y se accedía al matrimonio, el tío lo único que tenía era ir de putas.

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

En un pasaje afirmas que las únicas prostitutas que todavía tienen orgasmos son las cubanas. ¿En que te basas para aportar esa información?
(Se ríe sin disimulo) Yo siempre pongo algo picante. Las cubanas son famosas porque los orgasmos son absolutamente escandalosos. Pero todas las putas fingen los orgasmos; porque, cuando lo hacen, el hombre se corre antes, y lo que quieren es despacharlo y que venga otro.
¿Y lo de la presa de Cleopatra? ¿En qué consiste?
Eso es muy antiguo. En el libro hablo de cómo lo llamaba Juan Valera. Era una técnica sexual muy normal en Oriente, e incluso allí el músculo vaginal lo desarrollan las mujeres particularmente. Aquí en Occidente, casi ninguna lo practica. Y desde el punto de vista masculino es cojonudo. Es muy placentero. Con la represión que hemos tenido no hemos accedido a esas cosas.
¿Cómo lo hacían las parejas para desfogarse en la época de Franco?
Solo iban por la calle del brazo si estaban casadas. Y los novios, como mucho de la mano. Pero el toqueteo estaba prohibido. Si a él o a ella le gustaba el asunto, se tenían que ir a un parque sin que hubiera nadie, o al cine. En los parques, el problema es que había un guardia jurado vestido de pardo y con una chapa muy grande; y ese tío se especializaba en pillar parejas. Los dejaba hasta que estaban ya en lo más cálido de la escena. Entonces, te ponían la multa y tomaban los datos. Peligrosísimo. La otra solución era la de los cines. Cuando tenías dinero para ir, te sentabas en la fila de los mancos; y, con el pretexto de que hacía frío, te ponías un abrigo o el periódico para hacer la “manipulación”. No había otras soluciones; porque a un local no podías ir, ya que te pedían el libro de familia para hospedarte. Por eso, cuando apareció la vespa, que fue el primer automóvil para el español medio, fue cojonudo; porque con la vespa podías ir al campo y echar un casquete. Y la aparición del seiscientos dio una libertad a las parejas que no existía antes.
La década de los sesenta trajo una relajación en las posturas de la Iglesia respecto al sexo, ¿no?
Fíjate, la Iglesia es la única institución que se ha mantenido durante siglos, porque sabe adaptarse a los tiempos. Mira a Francisco: cuando la Iglesia estaba desfasada surge este tío, que se adapta a los tiempos con lo que se demanda en el presente. Y por eso predica el buenismo, porque es lo que necesita la Iglesia para mantenerse. En cada momento, la Iglesia aprieta las tuercas o las afloja para seguir en pie; ya que no tiene otra misión que esa. Y siempre saben qué hacer. Antes quemaban a los herejes porque tenían el poder para hacerlo. Cuando lo perdieron, dijeron que estaba mal quemarlos. En la Guerra Civil, los curas justificaban en los púlpitos que se fusilara a una persona por motivos ideológicos… La Iglesia se adapta siempre a los tiempos, y eso es lo que está haciendo el Papa actual, en contra de muchos obispos carcas que no se quieren adaptar. Pero la Iglesia es un gran organismo y, al fin y al cabo, el que manda es el Papa.

Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín
Juan Eslava Galán frente a la fachada del Café Gijón/ Photo Credits: Jesús Martín

El tardofranquismo dio origen a experiencias como la del libro del conservador López Ibor para enseñar a los españoles a disfrutar del sexo. ¿Esto ayudó o confundió más al personal?
(Sonríe al echar la memoria atrás) Era todo a base del matrimonio, nunca se mencionaba a la pareja. Era un libro hecho por un tío del Opus. Lo que ocurre es que traía algunas fotografías que podían pasar por explícitas, aunque ahora nos parecerían ridículas. Encendía el deseo y, como hablaba de sexo, la gente fue rápidamente a comprar el libro de López Ibor. Pero era solo fruto del ansia por leer algo sobre la materia. Te pondré un ejemplo, Fernando Díaz Plaja sacó un libro titulado El español y los siete pecados capitales. Cuando yo fui a la mili, en el año 69, en el campamento había 30 o 40 volúmenes, y uno era ese. Y, cuando cerrabas el libro, había 15 o 20 páginas con el lomo negro de estar muy usadas. Se veía claramente que lo había leído todo el mundo. Era por esa avidez por localizar información sexual.
¿Tan ansiosos estaban los españoles por ver chicha al aire?
Eso era impresionante, porque los hombres dejaban de ver tetas cuando los destetaba la madre. Y en adelante no veían tetas. Es que no había manera de ver una teta, porque no había fotografías, no había pornografía. Tenías que imaginarte cómo era una teta. A lo mejor ver el canalillo, que la censura también lo reprimía y les pintaban un encaje. Son cosas que ahora resultan ridículas, pero que han existido.
Esa cerrazón por prohibir los desnudos recuerda mucho a la férrea moral existente en Estados Unidos durante algunos periodos de su historia…
Ten en cuenta que la sociedad americana tiene un origen puritano, los padres fundadores de Estados Unidos eran puritanos. Ellos tienen esa moral, y por eso hay cosas en ellos que nos chocan. Por ejemplo, había una ley –llamada código Hays– por la que en las escenas de cama la pareja los actores debían tener los pies en el suelo. Y eso ha durado en Hollywood hasta principios de los años sesenta. Es una sociedad muy puritana desde el punto de vista sexual. Ellos son mucho más puritanos que los españoles y los europeos.
También es sorprendente que en el cine no sea lo mismo mostrar los genitales masculinos que los femeninos.
Tiene su porqué. Primero, si te fijas, todos los coños se parecen: tienes que acercarte mucho para ver alguna diferencia. Todos se parecen. Sin embargo, en el hombre hay diferencias en ese aspecto. No nos damos cuenta de que esos polvos kilométricos que echan los actores porno y esos pollones impresionantes que salen no existen en la realidad. Y para rodar la escena de un polvo, a lo mejor se han tirado tres días. Estamos todos acomplejados por tener una pilila pequeñita, y creemos que todos la tienen muy grande. Existe una creencia en el varón occidental de que somos unos disminuidos.. Si te fijas, en el arte griego todas las pichas que salen son pequeñas, mínimas. Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, pinta a Adán con unas proporciones hercúleas; pero la pilila es pequeña. Las grandes no son estéticas. Recuerdo que Juan Luis Galiardo, hablando de la picha, decía que era una cosa fea, y no entendía la adoración hacia ella. Sin duda, llevaba razón… En las mujeres, esa parte es mucho más armónica.
¿No se ha genitalizado demasiado el sexo con el tiempo? ¿Se ha perdido el erotismo tras el destape?
Cuando una pareja joven se conoce en estos días, al cuarto de hora ya está follando. Se han perdido las etapas de aproximación, de observación, de acción… Todo eso, que era un ritual de cortejo como en los animales, se ha perdido. Ahora se ha genitalizado todo. El polvo es lo que importa. Sobre todo por parte del hombre. Las mujeres siempre han dicho que a ellas les gusta el antes y el después, y tienen mejores orgasmos que nosotros. Los hombres, echamos el polvo, luego un cigarro, y salimos corriendo…
¿La necesidad de recurrir a la masturbación por los estados represivos ha provocado traumas añadidos en los españoles?
Claro, en el momento en que vives masturbándote y el sexo es masturbación… Lo normal por el abuso de esas técnicas es que, cuando el tipo veía una teta o a una mujer desnuda, ya se estaba corriendo. Y eso ha generado problemas para muchos. No tantos como se ha dicho, porque eso no era tan normal. Antes, como ahora, un tío pasaba de masturbarse a follar sin problemas…
¿Qué hecho consideras como trascendental para marcar el momento de la liberación femenina?
– Yo diría que la mujer se ha liberado en España, y en otros lugares, a partir de la píldora anticonceptiva. Con ella, la mujer se queda embarazada si quiere y cuando quiere. Antes, el peligro de embarazo era un problema; y encima la mujer no trabajaba.
¿En España siempre ha habido una actitud diferente frente al sexo dependiendo de la zona geográfica?
El centro siempre estaba compuesto por comunidades más cerradas y religiosas. En el Norte, la Iglesia ha tenido más poder. Fíjate que en el País Vasco las familias han tenido, hasta hace poco, tres o cuatro curas y monjas en cada familia. Aquello era un criadero de curas y monjas. Había una moral más estricta que en el Sur. El Sur siempre ha sido mucho más tolerante. Incluso cuando más se perseguía al homosexual, en Cádiz era distinto, a pesar de lo que dijeran los curas. El mariquita en Cádiz era una persona popular, y nadie se metía con él. Mientras que en los otros lugares, los apedreaban. No olvides que en Cádiz se hizo la primera constitución española.

Juan Eslava Galán presentó "Lujuria" casi al tiempo de promocionar "Misterioso asesinato en la casa de Cervantes"/ Photo Credits: juaneslavagalan.com
Juan Eslava Galán presentó “Lujuria” casi al tiempo de promocionar “Misterioso asesinato en la casa de Cervantes”/ Photo Credits: juaneslavagalan.com

Una carta magna que el mismo pueblo tiró abajo cuando vino Fernando VII.
Eso se explica porque el español es un pueblo inculto. Tiene grandes valores, pero la incultura y el cerrilismo han sido los problemas que siempre hemos tenido, antes y ahora. Es un pueblo que se deja llevar y arrastrar, casi el único pueblo de Europa que nunca ha matado a un rey. Tenemos graves carencias.
Uno de los personajes destacados en Lujuria es el censor. ¿Cómo recuerdas esta figura tan temida como odiada?
El censor era una criatura que tenía que ganarse la vida tachando. Había muchos que no creían en eso; y otros estaban dirigidos por la moral católica, e incurrían en cosas realmente ridículas. Por ejemplo, no se podía utilizar la palabra braga; había que poner ropa interior… El término desnudarse tampoco estaba justificado… Así funcionaba esto.
¿Las excursiones a los países europeos cercanos aliviaron a muchos españoles en la dictadura franquista?
Bueno, ya sabes que había viajes a Francia para ver películas. Había una floreciente industria en Los Pirineos, adonde iban los españoles a ver películas porno o subidas de tono. Incluso se pusieron de moda las expediciones de amigos en microbús, para ver películas y comprar queso.
La llegada de los setenta, con el aperturismo, ahorraría mucho dinero a los necesitados de desfogue…
Cuando la censura cayó y vino el destape, se hicieron cientos de películas que eran una mierda, pero uno iba porque podía ver una teta. Ese cine lo ves ahora como algo patético. Por ejemplo, veías una película policiaca y, por cojones, tenía que salir una señora duchándose para que se le vieran las tetas. Eso era suficiente para llevar a la gente al cine. Incluso entre las actrices se puso de moda pensar que la que la no había hecho un desnudo era porque no se la valorada lo suficiente.
¿Cuándo sentiste tú que la represión franquista empezaba a diluirse?
Con el desnudo de Marisol. Lo de Marisol fue para mí traumático. Llevaba unos años en Inglaterra y, aunque Franco se murió, la idea que tenía de España era la de cuando Franco vivía. Naturalmente, estaba al tanto por los periódicos. Pero, cuando un amigo mío que venía de España soltó encima de la mesa a Marisol desnuda: ¡hostias!… No me creía que eso se vendiera en los quioscos, no me entraba en la cabeza.
Cuando fuiste de joven a Inglaterra, ¿fue un shock emocional compararlo con la España del Nacionalcatolicismo?
Yo, a los diecisiete o dieciséis años, ya había ido a Francia; así que conocía el tema. Recuerdo que el primero encuentro con la sociedad francesa fue un shock emocional acojonante. Ver a gente besándose por la calle… Un día, dos novios comiéndose la boca a plena luz del día, y la gente pasando… Joder, qué libertad…
Antes incluso del desnudo de Marisol, las suecas tuvieron su papel en la liberalización de los españoles.
Las suecas…. (La mirada de Juan se enciende al recordar el tema) Desde el interior, muchos chicos se peleaban con la novia por cualquier tontería cuando llegaba el verano, y se iban de camareros a la costa. Allí, se hartaban de follar con las suecas, que era toda mujer rubia, independientemente de dónde había nacido. Tras esto, el muchacho volvía y se reconciliaba con la novia, que le perdonaba porque quería casarse.
¿Cómo ves los años ochenta en ese despertar sexual de la nación?
Fueron decisivos. Coincidieron con la Movida en Madrid, que fue un fenómeno de masas y también paralela en las provincias.

Juan Eslava Galán es conocido por la ironía de su prosa/ Photo Credits: juaneslavagalan.com
Juan Eslava Galán es conocido por la ironía de su prosa/ Photo Credits: juaneslavagalan.com

Dentro de ese momento tan rompedor, ¿qué papel le adjudicas a Tierno Galván?
Tierno Galván era el típico reprimido, un salidete en secreto que se hacía un señor respetable. Era pintoresco; pero ya está. A mí no me resulta que fuera innovador en nada. Era un carca de traje cruzado…
¿Y lo de considerar la imagen de Susana Estrada como bandera de La Movida?
Hay otra foto no tan conocida en la que está Susana Estrada con el mismo vestido, en el mismo acto, intentando que se le salga la teta con Suárez. Pero no se le salió. Ella lo llevaba calculado para que se le saliera la teta. Con Galván sí se le salió, y esa es la famosa foto. Galván le dijo: “Tápese señorita”. Pero lo hizo porque estaban en público. En privado, le habría metido mano, porque el tío era un salido. Tenía que resguardar su imagen…. (Sonríe abiertamente).
Parece que había mucha falsa moral, y que luego la mayoría de los hombres conocidos eran asiduos de los prostíbulos…
Todos iban de putas. Dámaso Alonso era un putañero de cuidado. En la práctica, cuando dejaba la poesía, iba de putas, como todos, ¡coño! Por su aspecto no ligaba mucho, pero iba de putas…
¿Hay alguna parte del libro en la que hayas metido vivencias particulares?
(Ríe) He estado en Cuba, pero no fui a lo que mucha gente va. Observé la movida. Pero la única experiencia personal directa es lo de la revista de Marisol. Me encantó. Es un desnudo bellísimo, es más sensual que sexual. La chica está en su punto, no como estas tetonas siliconadas que salen ahora…
En noviembre aparece Avaricia, ¿qué va a encontrar el lector en esta segunda entrega de los pecados capitales según Juan Eslava Galán?
En realidad, entregué el libro desde hace meses; lo hice al mismo tiempo que Lujuria. Es un planteamiento muy distinto. Todo el humor amable de este, en Avaricia es un humor corrosivo, porque me he metido de lleno en toda la desvergüenza que estamos viviendo desde mediados del siglo XIX a nuestros días. Hay sarcasmo, y lo he escrito sin ningún tipo de cortapisa; con sinceridad absoluta. Sé que a mucha gente no le va a gustar, porque se van a sentir aludidos. Pero ahí está, ya está hecho.
¿Piensas que el término avaricia es el adecuado para asociarlo con un pecado?
Ahora la avaricia se ha convertido en codicia. La Iglesia lo expresó mal. La avaricia que consiste en guardar dinero y no gastar, a nadie le hace daño. La jodida es la codicia, que es el vicio asociado a la avaricia. Codicia es que no tienes suficiente con nada y te pones a robar si puedes, que es lo que les pasa a los políticos. Esa es la imagen que he dado.
Sin embargo, resulta paradójico que en muchos corrillos populares a los malversadores se les exculpe de sus acciones delictivas, e incluso sean admirados…
En el libro menciono una pintada en un retrete, que es donde se expresaban antes libremente los españoles; y ponía que el que no roba es porque no puede. Efectivamente, hay una moral completamente bajuna. Y por eso la gente sigue votando a ladrones, que es lo que ocurre en la política a nacional. Como somos un país bastante analfabeto en muchas cosas, y sobre todo en la cuestión democrática, entonces el votante consiente que haya políticos ladrones. Además, suele salir gratis: a pocos los meten en la cárcel.

Juan Eslava Galán atesora una gran colección de objetos eróticos de la historia de España/ Photo Credits: juaneslavagalan.com
Juan Eslava Galán atesora una gran colección de objetos eróticos de la historia de España/ Photo Credits: juaneslavagalan.com

Más información en

http://www.juaneslavagalan.com

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