Pedro Miguel Lamet: “Jesús es narración, mientras que Pablo es Teología”

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Pedro Miguel Lamet extrae la humanidad escondida de Pablo de Tarso, en El resplandor de Damasco (La esfera de los libros). El texto recorre la existencia del polémico ideólogo del Cristianismo, desde una perspectiva cercana y comprensible.

Pedro Miguel Lamet ha investigado durante un tiempo considerable la figura de San Pablo
Pedro Miguel Lamet ha investigado durante un tiempo considerable la figura de San Pablo

Corre el año 64, y Roma reduce a ascuas su fulgor pretérito, en un incendio de dimensiones considerables. Las llamas explotan alimentadas por las maderas imperiales, mientras la lira de Nerón descerraja notas inconexas. Pronto, los dedos acusadores del césar y de sus correligionarios apuntan hacia los cristianos, como los causantes del desastre…Y la venganza se desata con la sinrazón de la violencia. Sumido en este decorado de cenizas desenfrenadas, Pablo de Tarso espera en una prisión provincial para escapar al mundo, con la palabra de Jesús de Nazareth en los labios y un sinfín de epístolas que redactar.

Así comienza El resplandor de Damasco (La esfera de los libros): la obra que el periodista, escritor y jesuita Pedro Miguel Lamet acaba de presentar en el circuito editorial. Un volumen con poros de vitalismo escénico que huye de las hagiografías de cartón piedra, y que revela al santo de la iluminación como alguien humanizado y verosímil. Actitudes que -sin embargo- no merman su famosa rabia dogmática, heredada de su tradición farisea.

Página a página, Pablo adquiere el porte de un ser paradójico y complejo, fuerte y vulnerable, tierno y duro, amable y severo…

El libro está orquestado desde la perspectiva de un soldado llamado Marco Julio Severo. ¿Por qué optaste por esta fórmula?

En otras novelas he utilizado mucho la primera persona; es decir, personajes testigos. Sin embargo, esta no está escrita así. Quizá al final, cuando el personaje de Julio relata su encuentro con Pablo en el viaje famoso del naufragio y demás… Toda la primera parte de la novela es investigación de él; pero está escrita en tercera persona, como un relato. Aunque sí es cierto que diríamos que he elegido el personaje de Julio como motor, porque conoció a Pablo y le trató con muchísima consideración. Era muy importante conseguir ese grado de confidencialidad, porque en esta obra he querido dar un aspecto que la mayor parte de las biografías de Pablo no dan: hacer vivo el mundo greco-romano que él experimentó. Y hacerlo de forma que fuera un texto casi televisivo, que se viera al leerlo.

Pedro Miguel Lamet: "He querido hacer vivo el mundo greco-romano que Pablo vivió"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “He querido hacer vivo el mundo greco-romano que Pablo experimentó”/ Photo Credits: Jesús Martín

Pablo de Tarso guardaba en su interior un background de culturas diversas (judía, helénica, romana, cristiana…) ¿Ese mestizaje fue determinante para que el Cristianismo dejara de ser una religión local?

En ese tiempo se vivía una especie de globalización. Lo que hoy conocemos como Europa y Oriente Medio era una sola entidad del imperio romano, cruzado por unas vías extraordinariamente bien hechas, y con una organización cultural importante… Con los circos, los anfiteatros, los dioses…. Eso fue esencial, porque en  Pablo se da una conexión de todas esas muestras. Por una parte es judío casi fanático y fariseo, y se pavonea de ello. Por otra, es ciudadano romano, porque muy posiblemente sus padres pertenecieran a la diáspora y se ubicaran en Tarso. Y además, tiene una cultura griega. Es decir, ha estudiado a los griegos y habla y escribe en esa lengua. Por lo tanto, es un hombre equivalente a una persona del Renacimiento: un hombre de la globalización, que viaja a todas partes….

Tu protagonista ha sido siempre un santo bastante controvertido. ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de él?

Lo que más me asombró fue que, si Pablo era un converso, habría ido a los pies de los apóstoles para aprender el Cristianismo de sus labios, y luego predicarlo. Pero no fue así. Es un caso verdaderamente sorprendente, porque estuvo solo quince días con Pedro, Juan y Santiago. (Reflexiona un momento para continuar con el argumento) Siempre era un poco peligroso, por lo apasionado que era. Él recibe realmente todos los conocimientos por una visión, por lo que llamaríamos una iluminación… directamente de Dios. Por eso algunos, que no son creyentes, afirman que estaba loco. Pero Pablo hace una campaña de marketing impresionante por todo el mundo. Y él es el enlace más eficaz posible. Fundó el Cristianismo de una forma práctica y real. Jesús es el inspirador, pero su trabajo es de de tipo histórico, de hechos. Es decir, Jesús es narración; mientras que lo que transmite Pablo es Teología…

Pedro Miguel Lamet: "Pablo fundó el Cristianismo de una forma práctica y real"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “Pablo fundó el Cristianismo de una forma práctica y real”/ Photo Credits: Jesús Martín

Algunos historiadores piensan que Pablo sí pudo conocer mínimamente a Jesús cuando este fue crucificado, sin embargo en tu texto queda claro que no fue así…

Yo creo que no; por una razón muy sencilla, porque él no da cuenta de eso. Pablo es un judío estricto, y sigue escrupulosamente todas las normas judías. Pienso que el problema de Pablo es que es un apóstol que se reivindica continuamente como tal, y eso sin haber conocido a Jesús, sin haberlo tratado, y sin haber sido de los testigos directos de su palabra. Y eso está presente en todas las cartas que escribe.

Uno de los puntos más oscuros en la vida del autor de Epístola a Filemón es su iluminación. ¿Realmente fue tan inmediata como se nos ha contado?

Hay escrituristas y biblistas que dicen que eso pudo ser un proceso, que a lo mejor no fue de una manera tan instantánea. Sin embargo, algo brusco debió pasar. Puedes decir que no crees en eso, pero lo que no se puede negar es que ese hombre cambió 180 grados su vida; se dedicó completamente a sus nuevas creencias; e hizo un trabajo de difusión encomiable, distinto y completamente superior a sus fuerzas. Allí (en el camino hacia Damasco) pasó algo fuerte. Aunque no sabemos exactamente qué.

Pedro Miguel Lamet: "La de Pablo fue una iluminación sorprendente"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “La de Pablo fue una iluminación sorprendente”/ Photo Credits: Jesús Martín

En lo que nos ha llegado de su existencia, ¿cuánto hay de verdad y de mentira respecto al predicador de Tarso?

Pues mira, lo que hay de verdad es la base del carácter. Cuando empecé a escribir este libro tenía un problema con la complejidad del personaje. Pero sobre todo, porque en gran parte hasta me caía gordo. (Sonríe para recapitular) Esa especie de orgullo que tenía y esa manera de tratar a la gente… un poco dura en los textos… Te da la sensación de que es un personaje bastante intratable y difícil. Sin embargo, después de profundizar, he matizado algunos aspectos. Por ejemplo, el tema de la mujer… Hay que darse cuenta de cómo estaba la mujer en la época, que no podía ni hablar… Sin embargo, Pablo hace tantas migas con las mujeres que su red de implantación del Cristianismo es una red basada en iglesias domésticas, familiares, en casas, a veces en talleres; lugares donde la mujer tiene un papel preponderante. Por ejemplo, se sabe de mujeres que sí celebraban las reuniones de los cristianos. O sea, que eso la mala fama de Pablo en ese sentido es relativa. En cuanto a su carácter, es de contrastes. Pero su manera de ser le ayudó en su tarea. (Para un momento para enfatizar su discurso) Luego he descubierto también un Pablo enormemente tierno con sus amigos y con su gente, a los quiere y que está pendiente de ellos. Esto lo muestra La Carta a Filemón, donde defiende a un esclavo con una ternura extraordinaria. En definitiva, es un tipo complejo, con mucho carácter y mucha fuerza; pero con un corazón tierno al mismo tiempo. Y ese Pablo no se conoce tanto. Por ejemplo, su famosa Carta del Amor es un maravilloso tratado. Además, él consigue un marketing extraordinario para el Cristianismo. En esa época, la religión era muy compleja; y Pablo simplifica tanto el mensaje, que dice que lo único que hay que hacer es amar: uno se salva por la Fe y por el Amor, y ya está. El único rito que hay que hacer es comer con dos manos a Cristo. Y eso facilita las cosas.

Pedro Miguel Lamet: "Pablo dice que lo único que hay que hacer es amar"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “Pablo dice que lo único que hay que hacer es amar”/ Photo Credits: Jesús Martín

Sin embargo, esa violencia interior le llevó en su juventud a ser miembro activo de los fariseos, participando implícitamente en la lapidación de San Esteban…

Sus padres eran judíos y él fue educado a la vez en la ley mosaica y en la cultura griega. Él estaba lo mismo tirando la jabalina con sus amigos, que en el estadio oyendo a los filósofos, que en la sinagoga… Pero ya te digo, hay tantas teorías… Ahora hay varios libros que defienden la tesis de que nunca dejó de ser judío, y de que lo que pretendía era abrir el Judaísmo una vez llegado el Mesías; pero que seguía siendo judío. Yo no creo eso, porque a pesar de que él no rompe con el Judaísmo, sí le añade la visión de Cristo: esa visión universal y rompedora que extiende los brazos a todo el mundo, incluso a los esclavos. Eso no es judío.

¿Es acertado afirmar que los apóstoles primitivos construyeron el armazón del Cristianismo y San Pablo lo amuebló?

A mí, la palabra amueblarlo no me gusta, porque creo que hay como dos vertientes. Jesús y los apóstoles son el núcleo vivencial y casi encantador, por la sencillez y humildad que llevan los evangelios. Pero, una vez construida esa casa, lo que pone Pablo no son solo muebles; sino que añade datos esenciales al edificio. (Piensa un momento) Él convierte el pensamiento inicial en teoría y en Teología. Diríamos que es hacer la gran difusión: llevar a las masas de entonces la ideología cristiana, y abrir las puertas del mundo judío a la universalidad de ese momento y a toda la geografía.

Pablo era un hombre culto, y se puede afirmar –por su oratoria con los sabios y sus prédicas públicas- que Jesús también. Si esto es así, ¿por qué Cristo no dejó ningún evangelio?

Suele decirse que fides ex auditu: la Fe viene por la palabra, es person to person, es una cosa vivencial. No es algo que se produzca por la mera cultura. Eso es lo que ve Pablo. El evangelio es sobre todo vida; desde nuestro punto de vista creyente, es el Dios que se hace hombre y la Palabra que se hace carne y habita entre nosotros. Pero Jesús no era un rabino ilustrado, era un hombre del pueblo. Lo que pasa es que tenía la difusión de su conexión con el Padre, con Dios. Esa relación la transmitía al modo del predicador de la época, y un predicador rural que va muy poco a Jersusalén. Luego lo transmiten los evangelistas. Pero Pablo es al revés. La vida que recibe por la iluminación, la transmite a través del escrito.

Pedro Miguel Lamet: "Jesús no era un rabino ilustrado, era un hombre del pueblo"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “Jesús no era un rabino ilustrado, era un hombre del pueblo”/ Photo Credits: Jesús Martín

¿Por qué los apóstoles tenían esa fijación de expandir su doctrina desde Roma y no a partir de Judea?

Porque era la forma de romper, Pablo sintió esa llamada. Gracias a eso, el Cristianismo dejó de ser una cosa de gueto judío, para ser algo universal y de todos los hombres. Fue realmente una llamada en su iluminación. Pablo tuvo problemas, porque fue perseguido, fue apaleado… Tuvo toda clase de dificultades. Cuando estuvo preso en Cesárea es porque el mundo judío no lo acepta y quiere matarlo. Se salva porque apela al César. Y lo hace porque en el fondo lo que quiere es ir a Roma y a las civilizaciones occidentales. Sabe que Roma es el centro de difusión del mundo culto de la época, y que lo que haga allí lo puede difundir a todas las partes conocidas. Por eso escoge Roma y no Jerusalén, y eso es lo que hace que se amplíen los horizontes del Cristianismo. Luego hay también una discusión de si vino o no a España, pero ese es otro asunto…

Sin embargo, la actitud de los romanos al principio no era de condena ni de persecución…

Sí, los romanos con los judíos tienen una cierta tolerancia, pero también tienen problemas. Creo que esas dificultades vienen de enfrentarse con la idea de un Dios único, que les espanta. Aparte, es la religión más desarrollada que hay: la del Dios único y la del Dios Rey. Y eso empieza a molestarles. Pienso que el tema fundamental es que, para los romanos, los cristianos representan una secta peligrosa y secreta, que desestabilizaba la sociedad de la época. También coincide con el imperio de Nerón, que estaba como una cabra, y que atribuye el incendio de Roma a los cristianos. Y claro que hay persecución. Todos los historiadores de la época cuentan cómo se atribuyó a los cristianos el delito de la destrucción de la ciudad; y cómo lanzaban historias sobre que se comían a los niños y tenían constantes bacanales… Esto demuestra que se les temía. (Calla unos segundos) Pero en el fondo estaba la línea del Dios único y de la ruptura con la esclavitud y la forma de vida de crápula del romano. Al principio no hacen ni caso a ese predicador rural al que se han cargado (Jesús); pero, cuando aquello empieza a crecer como una mancha de aceite…

Después de la instauración del Cristianismo en el imperio parece que hubo una especie de pérdida de los valores tradicionales. Según tú, ¿a qué se debió?

Bueno, creo que el problema viene desde que Constantino convierte el Cristianismo en religión oficial. Diríamos que es lo que en España llamábamos Nacionalcatolicismo. En ese momento empezó a entrar el poder en la Iglesia. Y ese poder ha sido la causa de la Inquisición y de muchos de los males. Sin embargo, yo creo que a partir del Concilio Vaticano II hay un esfuerzo por volver a la Iglesia como pueblo de Dios, y por regresar a esa Iglesia doméstica, de cédulas, de cristianos que se reúnen a partir el pan y a recordar la palabra de Dios y a vivirla… como en las primeras comunidades que visitaba Pablo. Ahora vamos a vivir la beatificación del mártir Romero, en mayo: esa es una prueba de una Iglesia volcada hacia el pueblo, y testimonial. Esa es una vertiente de nuevo presente en la Iglesia. Y con la llegada del Papa Francisco, no digamos. Es una vuelta a la misericordia, al amor… Y no es un problema de izquierdas o derechas, de progresistas o conservadores… Es un problema de testimonio, de volver a las raíces de los evangelios y a Pablo.

Pedro Miguel Lamet: "A partir del Concilio Vaticano II hay un esfuerzo por regresar a esa Iglesia doméstica de Pablo"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “A partir del Concilio Vaticano II hay un esfuerzo por regresar a esa Iglesia doméstica de Pablo”/ Photo Credits: Jesús Martín

¿Puede ser la Teología de la Liberación la puerta a través de la que se acceda a ese cambio en la senda espiritual que me comentas?

Bueno, es una de las teologías que están en esa línea. Está también la Teología Popular… En general, todo lo que sea volver a las raíces, al pueblo y a la gente… Es decir, arrancar de la vida de los individuos y hacer a partir de ahí una teología…(Retoma el argumento) Esa Carta a Filemón de Pablo sería una práctica de la Teología de la Liberación de esa época.

¿Es posible semejar las acciones del Papa Francisco con las que llevó a cabo Pablo de Tarso?

El Papa Francisco tiene personalidad, pero no tanto carácter como Pablo (Sonríe). Es decir, es más dulce. Yo creo que el Papa es mezcla de muchas cosas. Por una parte: de la centralidad del evangelio, de la palabra de Jesús… Es también un predicador en la calle, es un hombre que descentraliza la Iglesia y que se da cuenta de la importancia del Concilio Vaticano II y del pueblo de Dios. Creo que más que una ideología, es una manera de vivir el Cristianismo… Ojalá Dios le dé fuerza y vida para concluir esta misión. Francisco sintetiza los evangelios y a Pablo; y, sobre todo, es un rostro creíble y comprensible de la Iglesia de hoy. Al Papa se le entiende, cosa que con otros pontífices y obispos era imposible, ya que se dedicaban simplemente a condenar. Francisco tiende la mano y da alegría a la gente.

¿Ese rumbo confuso del Vaticano, hasta la aparición del actual Papa, puede ser la causa de la evidente desconexión de la Iglesia con los problemas derivados de la crisis?

No hay que simplificar. Hay una iglesia que está en Cáritas, en las ONGs, y en la calle; trabajando codo con codo en pos de la solidaridad en el mundo. Ha habido curas muy comprometidos con la cuestión social, que se mueven por los derechos humanos. Hemos vivido últimamente verdaderos mártires de esos deseos. (Toma un respiro) Sin embargo, también es cierto que es posible que la jerarquía, o un sector de ella, y algunos papas hayan estado dando unos criterios muy generales y no comprometiéndose… Yo creo que Francisco se juega el pellejo en algunas de las denuncias que hace, y está volviendo a la calle. Durante el pontificado de Juan Pablo II se produjo un regreso a los castillos de invierno, y se volvió a la Iglesia siempre a la defensiva contra los males del mundo. La de ahora es una Iglesia más pensada para ser vivida y compartida. Evidentemente, muchos obispos eso aún no lo han comprendido; pero no son todos.

¿Benedicto XVI fue clave para iniciar ese viraje?

Ratzinger era un intelectual. Durante el período de Juan Pablo II, se convirtió un poco en martirio de herejes porque él se lo pidió. Pero era un hombre muy inteligente que, cuando fue nombrado Papa, dio un salto haciendo a la Iglesia un poco de todos; no quedándose solo en unos movimientos concretos. Y, aunque era un hombre más de gabinete -al que lo que más le gustaba era investigar-, dio ejemplo de universalismo. Sus textos son muy valiosos, y pienso sinceramente que fue honrado consigo mismo al renunciar. Además, es quien ha propiciado todo este cambio. A esto se suma el hecho de que él fue quien denunció con su actitud los problemas de corrupción, de pederastia, de situaciones difíciles dentro de la Iglesia.

Pedro Miguel Lamet: "Francisco se juega el pellejo en algunas de las denuncias que hace"/ Photo Credits: Jesús Martín
Pedro Miguel Lamet: “El Papa Francisco se juega el pellejo en algunas de las denuncias que hace”/ Photo Credits: Jesús Martín

Tras la elaboración de El resplandor de Damasco, ¿cómo percibes ahora a Pablo de Tarso?

Para mí, realmente lo más importante de Pablo es su centralidad en Cristo. Creo que es un enamorado de Jesucristo. Se me ha humanizado la figura, porque he encontrado muchos matices que hay de tipo afectivo, cariñoso, de encuentros con personas que le quieren, su amistad con Áquila y Priscila, por ejemplo… Y luego esa capacidad enorme de seguir adelante, de gran estratega, de sentido del marketing, de ir a las grandes ciudades para difundir la Palabra y ahorrar tiempo. Y también diría que me quedan puntos no comprendidos de Pablo, como el de esa especie de aguijón que tiene, que muchos piensan que es por la malaria o por el tema de la sexualidad… Siempre hay un misterio en él. Al final, cuando has profundizado un poco más, siempre hay un misterio… La tremenda soledad de este hombre… Y luego el contraste de un tipo realmente feo: un poco patizambo, con las piernas arqueadas, cejijunto, la nariz larga, barba de chivo, poco pelo… Pero, pese a sus condicionantes físicos, era capaz de emanar un magnetismo y un atractivo que vienen de su interioridad, de esa aura extraordinaria que tenía. Y, por último, está su mezcla de debilidad y valentía. Esa mezcla de orgullo y fragilidad, esa complejidad. Así como los santos son como monolíticos, como piezas hechas de una sola línea; Pablo se presenta en toda su humanidad: es un santo con toda su fragilidad, con todos sus miedos, con toda su grandeza, con toda su fuerza… Una mezcla muy apasionante.

Pedro Miguel Lamet escoge el medallón de la Catacumba de Priscilla en Roma como la imagen más fiel de San Pablo
Pedro Miguel Lamet escoge el medallón de la Catacumba de Priscilla en Roma como la imagen más fiel de San Pablo

San Pablo ha sido modelo de muchas obras de arte a lo largo de la historia. En tu opinión, ¿qué artista es el que mejor ha captado la esencia de ese hombre tan misterioso?

Creo que el rostro más auténtico que hay de Pablo está en La Catacumba de Priscilla, en Roma, que es un medallón donde se puede ver su rostro auténtico, según los testimonios de la época. Pero, desde el punto de vista artístico, de la creación, estoy convencido de que el que más se parece es el del Greco. Ese retrato transmite magnetismo y fuerza, y tampoco es un personaje guapo. Justo como debió ser Pablo de Tarso.

Pedro Miguel Lamet piensa que El Greco fue quien mejor captó la humanidad de Pablo de Tarso
Pedro Miguel Lamet piensa que El Greco fue quien mejor captó la humanidad de Pablo de Tarso

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