Paul Durand-Ruel sienta cátedra en la National Gallery de Londres

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Paul Durand-Ruel defiende su papel como auténtico descubridor de los grandes maestros del Impresionismo, en una impactante exposición inaugurada en la urbe del Támesis.

Paul Durand-Ruel muestra sus virtudes como descubridor de talentos en "Inventing Impressionism"
Paul Durand-Ruel muestra sus virtudes como descubridor de talentos en “Inventing Impressionism”

Hubo un tiempo en que los aquelarres cromáticos de los impresionistas no eran del gusto de la crítica especializada en el país de La Marsellesa. Tachados de lunáticos por alguno de esos sesudos señores de la intelectualidad reinante, las obsesiones de los entonces jóvenes vanguardistas -ansiosas por romper con el neoclasicismo y las tradiciones en el campo de la paleta- no alcanzaban el timbre suficiente con el que clamar en pos de la subsistencia de la modernidad.

Ante esa imposibilidad para acceder a los escenarios protagónicos de la plástica, gente como Renoir, Pissarro o Monet acumulaban decepciones económicas y profesionales. Una senda de frustraciones e injusticias a la que puso remedio la aparición del creativo e inteligente galerista Paul Durand-Ruel (París, 1831- París, 1922).

Sin la constancia de Paul Durand-Ruel muchas de los cuadros de gente como Renoir o Degas no habrían obtenido el debido reconocimiento
Sin la constancia de Paul Durand-Ruel, muchos de los cuadros de gente como Renoir o Degas no habrían obtenido el debido reconocimiento

Este hombre criado entre lienzos y marcos -abogado de formación- fue el primero en atisbar el fuego atmosférico de Édouard Manet, la irrazonable ensoñación de Alfred Sisley o la magia visual y sugerente de Berthe Morisot.

Sin la intuición del dueño de la casa de Arte situada en el número 16 de la rue Laffitte, probablemente el Musée d’Orsay no habría presumido de leyendas bohemias con el Sena, ni la historia de la pintura habría avanzado hasta romper las formas, y desintegrar las luces y las sombras en complicados juegos de aglutinaciones portentosas.

Debido a sus hazañas como salvador de escenas inolvidables, y escondido tras los nombres de los maestros a los que dio a conocer, Durand-Rue se convierte en la auténtica estrella –quizá como homenaje póstumo- de la exhibición que la National Gallery de Londres le dedica hasta el próximo 31 de mayo. Una cita a la que el aguerrido tratante ha acudido con sus mejores galas: 85 famosos trabajos que salvó del olvido y la decepción.

Paul Durand-Ruel (en la imagen, retrato de él elaborado por Renoir) estuvo a punto de arruinarse más de una vez con sus aventuras artísticas
Paul Durand-Ruel (en la imagen, retrato de él elaborado por Renoir) estuvo a punto de arruinarse más de una vez con sus aventuras artísticas

PAUL DURAND-RUEL, EL HÉROE EN LA RETAGUARDIA

Alumbrado en el seno de una familia dedicada a comerciar con obras artísticas, Paul comenzó su carrera como representante directo de los pinceles de Corot y de la mítica Escuela Barbizon.

Una labor que el parisino ejercitó con especial dedicación y soltura, hasta que en 1870 fue declarada la guerra franco-prusiana.

Sin ánimo a arriesgar su negocio, el hombre se instaló momentáneamente en Londres, donde abrió una galería en el 168 de New Bond Street. Allí, envuelto entre las brumas de la urbe del Big Ben, el afamado tratante ofreció el escaparate internacional de su centro británico -sin importarle ganar o perder con la apuesta- a unos jóvenes compatriotas desconocidos y denostados en los circuitos más selectos de la nación con la enseña tricolor. Un colectivo de rebeldes con una actitud diferente a la de los valores asentados en el mercado, y que alinearon sus tesis de naturalezas salvajes bajo la denominación de Impresionismo.

En la época en la que Paul Durand-Ruel apostó por el Impresionismo, la corriente había sido vapuleada por muchos críticos en Francia
En la época en la que Paul Durand-Ruel apostó por el Impresionismo, la corriente había sido vapuleada por muchos críticos en Francia

La gran exposición tuvo lugar en 1872; y, desde entonces, las bailarinas de Degas o los bañistas de Renoir empezaron a beber la ambrosía de un merecido éxtasis colectivo.

El público americano no se ríe, el público americano compra”, dijo en una ocasión Durand-Ruel, a tenor de la diferente actitud entre los afectados críticos de su país y las mentes más abiertas de Estados Unidos. Unas palabras en las que se intuye un ligero pesar por parte de Mr. Paul.

Las obras que cuelgan estos meses en el interior de la National Gallery parecen dar la razón a las intuiciones visionarias de este héroe sin medallas: un hombre que supo ver la genialidad oculta en las hebras de los lienzos y en los pliegues de las acuarelas. Tarea que el capitalino llevó a cabo simplemente aposentado sobre la sensibilidad impulsiva de sus emociones.

Al final, el talento vibró con el mecenazgo de Paul Durand-Ruel, y la historia del Arte siguió su camino: hermanada sin miedo con el riesgo y el descubrimiento de un nuevo mercado, el cual acaba de presentarse ante el mundo.

La exhibición de la National Gallery se compone de 85 de las piezas que apadrinó Paul Durand-Ruel
La exhibición de la National Gallery se compone de 85 de las piezas que apadrinó Paul Durand-Ruel

Más información, entradas y horarios en

http://www.nationalgallery.org.uk/

 

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