Samuel Beckett y Billie Whitelaw, el maestro y la musa

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Samuel Beckett y Billie Whitelaw nunca fueron marido y mujer, pero su relación profesional arrancó algunas de las mejores páginas del teatro contemporáneo. La muerte de la actriz, ocurrida el pasado 21 de diciembre, ha refrescado una de las amistades más prolíficas de la escena en el siglo XX.

Samuel Beckett y Billie Whitelaw se conocieron en 1963
Samuel Beckett y Billie Whitelaw se conocieron en 1963

El número veinticinco aparece como una triste elegía clásica, cuando alguien se acerca a la biografía compartida entre la mejor Josefina de la historia de la televisión (interpretación efectuada para la serie “Napoleón y el amor”, en 1974) y el autor de “Esperando a Godot”.

Un cuarto de siglo es lo que duró la amistad mantenida por este par de seres canibalizados por el arte; y el mismo lapso es el que ha mediado entre la muerte de uno y de otro.

Un día antes de la fecha en la que se cumplían los veinticinco inviernos de la desaparición de Samuel Beckett (Dublín, Irlanda, 1906- París, Francia, 1989), el cruel destino ha querido que la actriz Billie Whitelaw (Coventry, Warwickshire, 1932- Hampstead, Londres, 2014) falleciera en su colectiva residencia capitalina: rodeada por recuerdos de plateas y aplausos, de directores generosos y caracterizaciones memorables, de sueños frente a los focos y reseñas admirativas.

Samuel Beckett escribió varias de sus obras pensando en Billie Whitelaw
Samuel Beckett escribió varias de sus obras pensando en Billie Whitelaw

Lo que sentimos fue una confianza al primer vistazo”; así definió la terrorífica niñera de “La profecía” el pálpito que la embargó en 1963 (traducido directamente de la biografía de la actriz, publicada en 1996 bajo el título de “Who He?”), momento en que BW tuvo el contacto iniciático con Beckett. Un lazo invisible de inspiraciones portentosas, que se mantuvo inalterable hasta el momento de la defunción del dramaturgo y novelista.

SAMUEL BECKETT Y BILLIE WHITELAW, EVOLUCIONES A GOLPE DE MONÓLOGOS

No resulta nada exagerado afirmar que Billie Honor Whitelaw fue para el creador de “El innombrable” el alter ego femenino de Jack MacGowran. El cofundador con Eugène Ionesco de lo que se vino a llamar Teatro del Absurdo (calificación un tanto estrecha para incluir todo el universo que configuró la inmensidad del legado del dublinés) se sintió subyugado por la belleza esquiva de la muchacha de Coventry, a la que conoció en el momento en que esta contaba tan solo veintinueve primaveras.

"Play" fue una de las primeras piezas que Samuel Beckett elaboró para Billie Whitelaw
“Play” fue una de las primeras piezas que Samuel Beckett elaboró para Billie Whitelaw

Las facciones de tintes helenos y mediterráneos de Whitelaw no reproducían los típicos rasgos de las Rosas Inglesas, sino que eran más bien todo lo contrario. Una mirada capaz de desarmar los argumentos de los espíritus dubitativos y la actividad inteligente de un timbre deslumbrante fueron suficientes complementos para que la joven se transformara en musa, y para que el Nobel de  la Literatura en 1969 rindiera su pluma a los afectos profesionales que le transmitía esa chica tocada con la varita del ingenio.

Beckett nunca prefirió a otra intérprete antes que a Billie, e incluso se mostró un tanto decepcionado cuando la dama tuvo que ofrecer -por cuestiones de agenda y asuntos privados- su papel en “Eh Joe” a la no menos perfecta Siân Phillips, para la versión de la pieza que se efectuó al calor de la BBC2, en 1965.

en "Not I", Samuel Beckett utilizó a Billie Whitelaw como boca reflexiva
En “Not I”, Samuel Beckett utilizó a Billie Whitelaw como boca reflexiva

Fruto de ese amor declarado hacia el trabajo de BW, el literato isleño obsequió a su pupila rubia y de ojos claros con un ramillete de escritos, que harían las delicias de cualquier estrella con hálito de triunfo. Un conjunto de títulos que incluían las visionarias percepciones de “Play”, “Eh Joe”, “Happy Days”, “Not I”, “Footballs” y “Rockaby”.

Sin embargo, Mrs. Whitelaw nunca fue una mujer especialmente interesada en los honores multitudinarios. El ADN de la colaboradora de gente como Alfred Hitchcock (para el que actuó en “Frenesí“) y Orson Welles (quien la utilizó como voz en off para “Mr. Arkadin“) se movía más por los impulsos de las aventuras arriesgadas, que por el éxito vacuo de lo simplemente mediático.

Al final, cuando la efervescencia dejó de hacer el efecto hipnótico en su ánima y el público excesivo comenzó a congelar su energía, la propia Billie decidió alejarse de los escenarios voluntariamente, sin resentimientos ni exclusivas.

Esto ocurrió un tiempo después de la muerte de su admirador Samuel Beckett.

Tras la marcha de ambos, únicamente queda el fulgor de los esplendores en la hierba, dormidos con el rumor activo de los monólogos robados a la sinrazón de lo inverosímil… coloreados con los pinceles de la imaginación eterna…

"Happy Days" ya estaba en circulación cuando Samuel Beckett conoció a Billie Whitelaw, pero su relación ayudó a dotar al texto de su fisonomía actual
“Happy Days” ya estaba en circulación cuando Samuel Beckett conoció a Billie Whitelaw, pero su relación ayudó a dotar al texto de su fisonomía actual

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