Series míticas: Diana

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El 1984, la BBC produjo Diana: una serie de alto contenido romántico con la que Kevin McNally, Jenny Seagrove, Patsy Kensit y Stephen J. Dean consiguieron entretener a los británicos durante diez semanas.

 

La ficción se basaba en la homónima novela de R. F. Delderfield.
La ficción se basaba en la homónima novela de R. F. Delderfield.

Una música envolvente con dos aves aliándose en el aire, mientras el azul teñía el cielo aliñado con unas cuantas nubes. Momento celestial en que aparece el nombre del escritor londinense Ronald Frederick Delderfield (1912- 1972), como para firmar la calidad del relato que se va a visionar en la pantalla del televisor.

Una aventura desarrollada a lo largo de diez capítulos (de aproximadamente una hora de duración cada uno de ellos) que llevaba por título el nombre de la diosa romana relativa a la caza y la naturaleza: Diana.

La acción comenzaba en la Inglaterra de los años veinte
La acción comenzaba en la Inglaterra de los años veinte

Esta creación audiovisual acudió a los hogares británicos en 1984, con el sello difícilmente mejorable de la BBC; y, desde el primer episodio, el público se quedó prendado con una historia altamente romántica, alimentada con pizcas autobiográficas de su narrador capitalino, y cuya acción iba de los alocados años veinte al final de la Segunda Guerra Mundial.

El argumento contaba la imposible historia de amor entre Diana y John Leigh
El argumento contaba la imposible historia de amor entre Diana y John Leigh

Al repasar las obras de Delderfield (un autor injustamente ninguneado por los editores en español), el libro sobre la aristócrata Diana Gayelorde-Sutton y el joven periodista John Leigh se erige como una especie de mascarón de proa resaltable y omnipresente, como si se tratara de la bandera señera de una producción plagada de personajes vulnerables, costumbrismo de campiña, y alardes virtuosos de singularidad heredada de maestros del tipo de Thomas Hardy y James Herriot.

Kevin McNally y Jenny Seagrove hicieron de los protagonistas en su etapa adulta
Kevin McNally y Jenny Seagrove hicieron de los protagonistas en su etapa adulta

Las páginas del book elaborado por el vecino del Támesis rezuman sentimiento doloroso, visceralidad anticlasista y mensajes parejos a un futuro donde no importara tanto la heráldica. En definitiva, una realidad en la que se primara más la libertad de los individuos que la alcurnia de su nacimiento.

La famosa Patsy Kensit encarnó a la aristócrata Diana Gaylorde-Sutton durante la adolescencia de ésta
La famosa Patsy Kensit encarnó a la aristócrata Diana Gaylorde-Sutton durante la adolescencia de ésta

Tal cúmulo de emociones sentimentales, contadas por un hombre y una mujer que lo único que desean es vivir juntos, convencieron a los ejecutivos de la cadena pública en el Reino Unido: un medio de comunicación cuyos espacios dramáticos copaban entonces los primeros puestos en las preferencias de la audiencia.

El autor del libro construyó su obra con ingredientes tomados de "Cumbres borrascosas" y "Lorna Doone"
El autor del libro construyó su obra con ingredientes tomados de “Cumbres borrascosas” y “Lorna Doone”

En ese sentido, Diana pudo beneficiarse de experiencias previas en el terreno romántico, como las materializadas por la BBC en en Poldark y Penmarric.

Bajo semejantes trazas arroparon el proyecto,  nada más presentarlo a los financieros correspondientes, los directores Richard Stroud y David Tucker y el adaptador Andrew Davies; y, de la misma manera, trabajó sus papeles el competente elenco interpretativo; en el que destacaron las caracterizaciones de la entonces adolescente Patsy Kensit (la rubia de Eight Wonder acreditaba 16 primaveras, cuando encarnó a Diana en versión teenager), Stephen J. Dean (John Leigh antes de los 19 años), Kevin McNally (John Leigh) y Jenny Seagrove (Diana).

La producción fue un éxito a lo largo de su emisión en 1984
La producción fue un éxito a lo largo de su emisión en 1984

Casting muy eficaz

El atractivo tema, y su evolución a través de algunos de los acontecimientos más importantes acaecidos en la primera mitad del siglo XX, era sin lugar a dudas uno de los puntos a favor para el consiguiente triunfo del serial; aunque, en el apartado de los recuerdos, el cuadro artístico no le iba a la zaga en la implicación con el éxito obtenido.

Uno de los puntos básicos del enganche del serial fue el de la química exhibida entre Seagrove y McNally
Uno de los puntos básicos del enganche del serial fue el de la química exhibida entre Seagrove y McNally

La adecuada elección de los rostros capaces de dotar de vida a la atrayente galería de roles definidos por Delderfield fue una obsesión constante, por parte de los responsables; quienes debieron ver la luz al toparse con una pareja de veinteañeros compenetrada al máximo y acreditada con el toque necesario de seducción. Un dúo formado por Kevin McNally y Jenny Seagrove.

La ambientación recreó la Francia ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial
La ambientación recreó la Francia ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Kevin ya era un profesional conocido en los estudios de la BBC antes de recalar en Diana: un muchacho de Birmingham que -pese a contar en ese instante con solamente 26 primaveras-  poseía sobrada experiencia teatral y un currículo que incluía también excelentes avales televisivos, como los efectuados en Poldark (Drake Carne),Yo, Claudio (Cástor)The Devil’s Crown (Henry) y Maria Marten (Bill Corder).

No obstante, el actor aún esperaba la oportunidad para dar el do de pecho como protagonista, algo que aprovechó en sumo grado con su más que notable transformación en el periodista John Leigh.

"Diana" mezclaba con eficacia el costumbrismo con la tragedia
“Diana” mezclaba con eficacia el costumbrismo con la tragedia

Por su lado, Seagrove llegó a la adaptación de la novela de Delderfield después de haber lucido su belleza en películas de diversa factura, tales como Los piratas de las islas salvajes (Ferdinand Fairfax, 1983) y Un tipo genial (Bill Forsyth, 1983). Experiencia que le sirvió, a la espigada fémina alumbrada en Malasia, para demostrar que su imponente físico iba al lado de su talento dramático.

Tanto McNally como Jenny llevaron el peso del argumento (ambos salieron en ocho de las diez entregas); y, en la totalidad de las escenas que compartieron, exhibieron una innegable química, que dotó de verosimilitud la apasionante relación sentimental mantenida entre JL y la heroína perteneciente a la baja nobleza. Unos personajes que en los dos capítulos iniciales estuvieron identificados con los rasgos de Patsy Kensit (la londinense estaba en el circuito audiovisual desde que era un bebé) y el desconocido Stephen J. Dean.

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La totalidad de actores y técnicos que colaboraron en esta intensa producción contribuyeron con sus aportaciones para equilibrar las virtudes de una serie mágica, que también supo regalar su punto estelar a un Devon de caballete y acuarela: escenario esencial de la trama, que aparece grabado con la dignidad y emoción de un paisaje galerístico, siempre idóneo para soportar las acometidas de los amores eternos e imposibles.

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Más información en http://www.dianaforum.proboards.com

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