Madama Butterfly enamora al Met

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El próximo 7 de febrero, The Metropolitan Opera House de Nueva York estrena el regreso de Madama Butterfly, según el montaje que produjo el cineasta Anthony Minghella (El paciente inglés) antes de fallecer.

El espectáculo viene procedente del Lyric Opera House de Chicago/ Photo Credits: Met
“Madama Butterfly” viene procedente del Lyric Opera House de Chicago/ Photo Credits: Met

Cio-Cio-San esconde en su quimono un cuchillo. Mientras, en la sala, la orquesta entona los fúnebres acordes de Un bel dì: aria amarga, hasta en los silencios, que marca el destino de la heroína con ojos rasgados.

Así, entre los quejidos por el amor no correspondido, Madama Butterfly acaba con su vida noche tras noche. Un poema sinfónico para alcanzar la eternidad, que vio su primera representación en el Met en 1907, con los inolvidables Geraldine Farrar y Enrico María Caruso en los papeles principales.

Más de cien años después de ese mítico montaje, la directora y coreógrafa Carolyn Choa desembarca en el templo escénico de la ciudad que nunca duerme, para regalar al público una versión altamente visual y evocadora. Trabajo donde la muchacha japonesa de espíritu frágil -conocida como la Sra. Mariposa– posee el físico de la soprano Amanda Echalaz.

La soprano Amanda Echalaz encara su primera ópera en el Met/ Photo Credits: Met
La soprano Amanda Echalaz encara su primera ópera en el Met/ Photo Credits: Met

El debut de una prima donna

Cuando el compositor Giacomo Puccini ideó a principios del siglo XX el drama musical de Madama Butterfly, poco podía suponer el genial maestro italiano que la fémina de la seda ardiente se iba a convertir en un icono del bel canto.

La tragedia en tres actos, que sigue el libreto original de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, es de las que dan pie a interpretaciones tendentes a las emociones a flor de piel, muy del gusto de las divas de los gorgoritos de cristal. Por eso, los nombres más sobresalientes en la historia del arte operístico han querido desde su nacimiento pautado hacer suya, aunque sólo fuera por una temporada, a esta fina dama residente en la urbe portuaria de Nagasaki.

La dirección del montaje corre a cargo de Carolyn Choa/ Photo Credits: Met
La dirección del montaje corre a cargo de Carolyn Choa/ Photo Credits: Met

La última en sumarse a ese grupo de damnificadas con el papel ha sido la esbelta Amanda Echalaz, una reconocida soprano que –pese a haber causado ya sensación en auditorios como el de la Royal Opera House de Londres– debuta en el Met con esta obra.

Aunque en su labor, la admirada cantante encuentra el apoyo cercano y competente de un excelente elenco, formado por el tenor Bryan Hymel, Philipe Augin, Marco Armilato y Fabio Luisi, entre otros.

La escenografía, diseñada por Han Feng, es una de las apuestas más novedosas de la versión/ Photo Credits: Met
La escenografía, diseñada por Han Feng, es una de las apuestas más novedosas de la versión/ Photo Credits: Met

Todos ellos se dejan llevar por la construcción de un escenario (diseñado por Han Feng) repleto de telas de diferentes colores, que marcan la evolución del insano matrimonio de Cio-Cio-San y el teniente Pinkerton. Un decorado en el que incluso hay lugar para el protagonismo de un sorprendente número de marionetas, elaborado por Blind Summit Theatre.

Por lo demás, la historia continúa tal cual la concibieron Puccini, Giacosa e Illica, quienes a su vez se basaron en la pieza Madame Butterfly, redactada por el dramaturgo David Belasco.

El tenor Bryan Hymel interpreta a Pinkerton/ Photo Credits: Met
El tenor Bryan Hymel interpreta a Pinkerton/ Photo Credits: Met

Según el libreto, la acción comienza cuando B. F. Pinkerton (perteneciente a la marina de Estados Unidos) desembarca en Nagasaki. El individuo recala en el Japón de la primera década de 1900, un país aferrado a demasiadas costumbres injustas y crueles para con sus ciudadanos.

Esperanzado por las posibilidades comerciales que le ofrecía la tierra del Sol Naciente, el marinero pacta una unión marital con la joven Cio-Cio-San. Con una visión completamente diferente del ideal romántico, la pareja se establece en la casa proporcionada por el alcahuete Goro. Sin embargo, al poco tiempo, Pinkerton se marcha con destino incierto.

Durante la ausencia de su esposo (que se prolonga por tres años), la casi adolescente Madama Butterfly alumbra un hijo de ambos, mientras espera la vuelta de su idolatrado norteamericano. Pero, cuando éste regresa, lo hace con su mujer de USA.

Ante la afrenta, y sin esperanzas de alcanzar mejor futuro que el que le deparaba su pasado como geisha, la triste heroína nipona no halla otra solución que la de practicarse el hara-kiri.

El decorado exhibe el estado anímico de los personajes a través del color/ Photo Credits: Met
El decorado exhibe el estado anímico de los personajes a través del color/ Photo Credits: Met

La bella partitura de esta mariposa humana de Puccini resonará hasta el 9 de mayo en el interior del Met; y, entre las escalas de adagios y crescendos, estará sin duda la imagen de Anthony Minghella: el hombre que, con sensibilidad de rapsoda sonoro, hizo posible el trabajo que ahora conquista la urbe de la Estatua de la Libertad.

Más información, entradas y horarios en http://www.metoperafamily.org

Vídeo creado por la Lyric Opera House de Chicago

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