David Lynch, su “gran sueño” viaja por la carretera del blues metafísico

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"The Big Dream" salió a la venta el pasado mes de julio
“The Big Dream” salió a la venta el pasado mes de julio

Las atmósferas inquietantes del responsable de El hombre elefante y Terciopelo azul dejaron de expandir su turbador aroma por las salas de cine en 2006. Inland Empire fue la última pesadilla audiovisual que el surrealista creador de Cabeza borradora legó a sus fans en formato de celuloide. Sin embargo, el voluntario retiro del fogueado cineasta no significó para nada una jubilación absoluta de sus ínfulas artísticas; ya que el otrora filmmaker ha continuado explorando las diferentes parcelas del pensamiento a través de la pintura, el vídeo on-line, la gastronomía, la enología y la música. Precisamente, la parcela en la brillaron Bach y Mozart es la que ha devuelto al genuino director de Carretera perdida a la actualidad mediática: escenario que nunca abandonó del todo, y al que acude de vez en cuando para soliviantar a las conciencias cinceladas estoicamente con el punzón de la racionalidad.

Lynch vuelve a colaborar con Dean Hurley en este tercer álbum de su carrera/ Photo Credits: David Lynch
Lynch vuelve a colaborar con Dean Hurley en este tercer álbum de su carrera/ Photo Credits: David Lynch

The Big Dream (álbum editado en Europa por Sunday Best , y en USA por Sacred Bones Records) es el título de esta esperada obra, elaborada por David Keith Lynch (Missoula, Montana, Estados Unidos, 1946) en los angelinos estudios de Asymmetrical; singular trabajo con el que el alumbrado en el país de las barras y estrellas completa un ciclo iniciado por los acordes sorpresivos y envolventes por Blue Bob (2001), y que secundó dos lustros después el altamente recomendable Crazy Clown Time (2011).

La atmósfera del CD recuerda a las bandas sonoras de Angelo Badalamenti
La atmósfera del CD recuerda a las bandas sonoras de Angelo Badalamenti

El blues tiene estrías electrónicas

Los doce cortes que conforman el nuevo producto del amigo y colaborador de Angelo Badalamenti discurren con cadencia de crepúsculo hacia horizontes nostálgicos y espectrales, como sacados de un episodio de Twin Peaks. Paisajes cargados en cada ripio con una energía transformadora, capaz de relajar el espíritu y de actuar como carburante necesario para transitar por esta arteria metálica, deudora de Mulholland Drive y aliñada con asfalto rítmico.

Aparte de cineasta y músico, David Lynch ha cultivado la pintura/ Photo Credits: David Lynch
Aparte de cineasta y músico, David Lynch ha cultivado la pintura/ Photo Credits: David Lynch

Desde las notas preliminares incluidas en el tema que da título al compacto, el oyente tiene la sensación de asistir a un espectáculo hechizado, cuyo protagonista resulta ser un fantasma híbrido entre Tom Waits, Jack White y Chris Isaack. Un continente circular de zozobras sonoras en el que Lynch demuestra su conocimiento de las hipnosis pactadas, como si fuera un mentalista con micrófono, dispuesto a fotografiar el alma nómada de los individuos que se introducen en su peculiar cosmos.

En el álbum participa la cantante sueca Lykke Li
En el álbum participa la cantante sueca Lykke Li (derecha)

Lejos del rock aparentemente violento y pendenciero de Crazy Clown Time, el estadounidense se refugia en los recuerdos de antaño, vestidos para la ocasión con las telas evocadoras de sus películas más memorables. Así, las bases instrumentales (para las que recibe el apoyo impagable del estimulante y polifacético Dean Hurley) parecen describir en tono calmado los edenes madereros de Twin Peaks; las noches insomnes de El hombre elefante; las pasiones adúlteras de Terciopelo Azul; o las esperanzas existenciales, escondidas tras las ruedas del tractor de Una historia verdadera.

"The Big Dream" es la continuación del frenético "Crazy Clown Time"
“The Big Dream” es la continuación del frenético “Crazy Clown Time”

Al hilo de los surcos de The Big Dream, la evolución profesional a la que está asistiendo David Lynch se atisba como mucho más profunda de la pudiera ofrecerle la mera sucesión de imágenes en movimiento, cuya industria y mercado empezaban a darle la espalda por su condición de outsider. A lo que aspira el norteamericano con sus variadas aventuras creativas, es susceptible de tildarse a través de las coordenadas de un crecimiento con raíces de misticismo universal, en el que la palabra multimedia sobresale por encima de cualquier otro tipo de catalogación. En esta etapa de transmigración y peregrinaje, el ahora compositor y vocalista (aunque también exhibe su dominio de las guitarras somnolientas) empieza a reciclar para sí el aprendizaje llevado a cabo con artistas de la talla enigmática y underground de Julee Cruise (para la que produjo y escribió los discos Floating Into The Night y The Voice Of Love) y Jocelyn Montgomery (quien le debe a DL la construcción de Lux Vivens). Unas lecciones con las que el de Missoula lustra su uniforme de conductor de orquesta, galones en los que se nota –no obstante- el peso del mencionado Badalamenti.

El afamado director ya hacía sus pinitos como compositor en sus primeros trabajos cinematográficos
El afamado director ya hacía sus pinitos como compositor en sus primeros trabajos cinematográficos

Si hubiera que destacar una emoción constante a lo largo de la docena de tracks de este “gran sueño”, ésta podría ser la de las cadencias ilusorias; melodías en las que el padre de Austin Lynch enuncia sus líricas con el tono de un psicoanalista en estado de duermevela. Con ellas esboza un dibujo de abstracción sinfónica, en el que adquieren rasgos de himnos señeros las canciones de poéticas urbanas, como la definitoria I’m Waiting Here (que el cineasta interpreta al lado de la portentosa vocalista sueca Lykke Li), la etérea Are You Sure? y la identificable The Ballad Of Holis Brown (versión de la song de Bob Dylan estrenada en 1964, y a la que el realizador de Dune le añade los rigores estilísticos de Nina Simone).

Antes de lanzarse a su carrera como solista, el autor de "Dune" produjo y escribió discos para Julee Cruise
Antes de lanzarse a su carrera como solista, el autor de “Dune” produjo y escribió discos para Julee Cruise

Nunca se sabe qué camino van a tomar las aspiraciones artísticas de un espíritu tan abiertamente inclasificable como el de David Keith Lynch; aunque, independientemente del formato en el que se propaguen sus ideas, seguro que la indiferencia no forma parte de los mimbres esenciales de sus proyectos.

El natural de Montana debutó en el circuito con "BlueBob"
El natural de Montana debutó en el circuito con “BlueBob”

Más información en http://www.davidlynch.com

 

 

 

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