Kirchner distorsiona los amaneceres madrileños con sus imágenes de sol y sombra

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La Fundación Mapfre dedica una extensa retrospectiva al fundador del grupo El Puente
La Fundación Mapfre dedica una extensa retrospectiva al fundador del grupo El Puente

Hay ocasiones en las que los flecos de la emotividad desbordada roba protagonismo a la perfección, a esas técnicas de hierro y horma intelectual que los especialistas suelen sustentar mediante sesudas tesis de manual. Sin embargo, cuando el pincel corre apasionadamente detrás de las luminosas transparencias de pieles de cristal y paisajes con aroma a tomillo y campo, es casi imposible separar materia y sentimiento, corrección y creatividad libertaria. A esos niveles de la posesión autoral es a los que llegaba cada obra de Ernst Ludwig Kirchner (Aschaffenburg, 1880- Davos, 1938), hombre de impetuosos bríos cromáticos al que la sala madrileña de la Fundación Mapfre (Paseo de Recoletos, 23) le dedica una importante retrospectiva, hasta el próximo 2 de septiembre.

La exhibición estará abierta al público hasta el 2 de septiembre
La exhibición estará abierta al público hasta el 2 de septiembre

153 trabajos, pertenecientes a 27 instituciones entre museos y colecciones privadas, conforman el recorrido propuesto por las diferentes vidas de un individuo atormentado por el entorno, unas veces relajador y amable y en otras mortalmente hiriente y cruel. En semejante contexto, la existencia artística de Kirchner se balanceó desde la neurosis a la paz interior, de la negación de la urbanidad alienadora a la adopción de la naturaleza como madre de todas las cosas y seres.

Entre las novedades, el centro ha reunido un gran número de fotografías tomadas por el pintor/ Photo Credits: Ernst Kirchner
Entre las novedades, el centro ha reunido un gran número de fotografías tomadas por el pintor/ Photo Credits: Ernst Kirchner

Diferentes partes intentan embutir el inmenso espíritu con el que el centroeuropeo marcó la genética de sus evocaciones de trazos voluntariamente imprecisos, de subliminales concentraciones de pigmentos que requiebran la retina, hasta hacerla partícipe de la fiesta colórica que dibuja los más heterogéneos estados de ánimo.

La cita se compone de 153 piezas
La cita se compone de 153 piezas

Estudiante de arquitectura en sus inicios, la exposición comienza su curso de luminiscencias y oscuridades en el lejano reposo de Dresde, donde el portentoso maestro nacido en Aschaffenburg comenzó su andadura de paleta. Todo ocurrió durante una escapada del cartabón y la escuadra que, el entonces joven Kirchner, realizó a Múnich. Allí, en la ciudad bávara, fue donde se introdujo en los laberintos de la composición y la plástica; clases sorprendentes para un ánima que buscaba romper perspectivas, y alcanzar la belleza de nuevos Prometeos. En esos años de dominio emocional, los detalles cedieron su dictadura de la escena a las insinuaciones y los sueños, generados por interpretaciones diversas. Esta postura fue la que llevó al teutón a formar –al lado de Fritz Bleyl, Erich Hackel y Karl Schmidt-Rottluff– el grupo Die Brücke (El puente), en 1905: una asociación en la que se impuso la libertad absoluta en el ejercicio creativo.

El recorrido se vertebra a través de las distintas etapas del artista centroeuropeo
El recorrido se vertebra a través de las distintas etapas del artista centroeuropeo

Tras este intervalo de huellas deudoras de un expresionismo cadente, Mapfre se adentra en la época berlinesa de Kirchner, que va de 1911 a 1915. El primitivismo y los contrastes sociales se suceden en las secuencias congeladas en el tiempo que surcan la mente y el pulso del europeo. La figura humana se convierte así en un juguete roto por el submundo hedonista que la rodea, y la sensación de desasosiego se deja sentir mezclada con un discurso visual altamente depresivo y desquiciante. En la capital germana, y con la inminencia de la Primera Guerra Mundial, el titulado en arquitectura plasma en el lienzo sus noches de insomnio y alcohol, que le propician un deterioro progresivo que esclavizaría su salud hasta su muerte.

La figura humana fue uno de los motivos recurrentes en sus imágenes
La figura humana fue uno de los motivos recurrentes en sus imágenes

Esto enlaza con un cubículo concretado por el periodo de crisis, que va de 1915 a 1917. En este lapso, las pinturas del amigo de Emil Nolde se tornan desesperanzadoras, como estiletes conscientes de la destrucción colectiva a la que se asomaban sus congéneres, en un conflicto para el que el propio artista había sido declarado inútil como soldado.

La Naturaleza le sirvió de refugio a su neurosis provocada por su estancia en Berlín
La Naturaleza le sirvió de refugio a su neurosis provocada por su estancia en Berlín

Sin embargo, tanta desidia por enfrentarse cara a cara con sus demonios (no siempre interiores) contribuyó a que el pintor, escultor y grabador anhelara un remanso, en el que recuperar un poco de la inocencia sacrificada. Este motivo le hizo recalar en Davos, entre 1917 y 1922. El internamiento en una clínica mental le ayudó a congraciarse con sus nociones metafísicas de la ordenación del mundo perceptible; y lo hizo mediante naturalezas suculentas de armonía y caos, en las que los campesinos interpretaban las notas mágicas con las que ensalzar cobres desafiantes y azules de compasión excelsa.

Sus obras fueron retiradas de los museos durante el nazismo
Sus obras fueron retiradas de los museos durante el nazismo

En ese abandono a la calma, los acontecimientos relativos al ascenso del nazismo en Alemania y la calificación del Arte de Kirchner como degenerado hicieron que el líder de El puente accediera a una abstracción que versaba sobre la desintegración reinante. Una persecución desde las más altas instancias gubernamentales que obligó al irrepetible creador a acabar con su vida, hecho acaecido un 15 de junio de 1938 en Davos.

La constante de su producción fue la libertad absoluta
La constante de su producción fue la libertad absoluta

Pero la Fundación Mapfre no se ha contentado simplemente con mostrar la grandeza y contundencia del legado pictórico e impreso del compatriota y colega de Otto Müller; ya que junto a sus lienzos y láminas se ha sumado la incorporación de una recomendable colección de fotografías (tomadas por el propio protagonista), que inmortalizan rostros de facciones comprensibles y paisajes de líricos contrastes, con independencia de la posible perfección técnica. Tal vez ahí resida la genialidad: en la incorrección premeditada.

La cotidianeidad tiene surcos de lacerante sufrimiento en la paleta de Kirchner
La cotidianeidad tiene surcos de lacerante sufrimiento en la paleta de Kirchner

Más información y horarios en http://www.exposicionesmapfrearte.com

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