Edward Hopper, costumbrismo emocional en el Thyssen

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La muestra estará abierta al público del 12 de junio al 16 de septiembre
La muestra estará abierta al público del 12 de junio al 16 de septiembre

Cuando la soledad resquebraja la carcasa ósea del esqueleto, y el silencio se convierte en el único interlocutor válido entre la retina del espectador y el lienzo o la acuarela, es el momento en que la paleta de este genio alumbrado a finales del siglo XIX adquiere la corporeidad de la carne; alimentada con pigmentos de hemoglobina digerida por pinceles hipnóticos. El maestro de la rutina poliédrica, de las escenas de diarios desmembrados y del realismo tamizado por la perfección de los objetos y los puntos de fuga, es el protagonista absoluto de una de las exposiciones estrella del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid para este verano: exhibición que del 12 de junio al 16 de septiembre desvelará el cosmos arrebatador de este hechicero de las formas y las geometrías reveladoras.

La pinacoteca con sede en Madrid posee la mayor colección de obras del norteamericano fuera de Estados Unidos
La pinacoteca con sede en Madrid posee la mayor colección de obras del norteamericano fuera de Estados Unidos

En colaboración con Réunion del Museés Nationaux de France-Grand Palais de la capital francesa, la pinacoteca asentada en la Villa y Corte desplegará un laberinto intrincado –preparado para la ocasión por Tomàs Llorens, director honorario del Thyssen, y Difier Ottinger, director adjunto del MNAM/Centre Pompidou– en el que los amantes de la plástica hallarán el panorama siempre sorpresivo de Edward Hopper (Nyack, 1882- Nueva York, 1967), solamente identificado por sus abstracciones figurativas, sin trampa ni cartón.

El recorrido expositivo se dividirá cronológicamente en dos partes
El recorrido expositivo se dividirá cronológicamente en dos partes

Una muestra bicéfala es lo que define el ambicioso y artístico proyecto; un mecano partido en dos que ofrece claridad cronológica y evolutiva con respecto a la obra  y las influencias, que marcaron el devenir de uno de los más reconocidos creadores de la primera mitad del fenecido siglo XX. Así, en el inicio, la pareja mencionada de expertos se esmera en reflejar los comienzos del entonces joven pintor. De 1900 a 1924 es el periodo que recoge este entrante, en el que se alternan los bocetos, las pinturas, los dibujos, los grabados y las acuarelas de un portentoso Hopper en ciernes; alumno aventajado de excelentes mentores, como Robert Henri (de la relación profesional mantenida con él, germinó la necesidad de liberarse del academicismo). Por esa época, el retratista de la faz más vulnerable de la enigmática metrópoli neoyorquina buscó asociaciones que abrieran el camino a sus sueños cromáticos, senderos o atajos que le llevaron a instalarse en movimientos como el de la Escuela Ashcan (esa corriente diferenciadora que surgió en USA abanderada por Arshile Gorky). Por esas intensas jornadas de espongiforme naturaleza, el norteamericano apuntaló sus acercamientos a las luces y a las sombras, a las secuencias congeladas en el tiempo y el espacio a través de la postura de una dama, la mirada perdida de un individuo o un paisaje que se sustrae de la identificación fotográfica por su profundidad psicológica.

Las escenas de Hopper despliegan sus matices a través de la combinación de las luces y las sombras
Las escenas de Hopper despliegan sus matices a través de la combinación de las luces y las sombras

Precisamente, el lapso que concurre en esta etapa de aprendizaje, o de construcción prematura del mito, coincidió con los viajes de EH a París, Roma, Londres y Madrid; lugares de los que sacó las lecciones necesarias con las que arropar sus visiones oleosas. De los impresionistas (sobre todo Edgar Degas, Manet, Monet y Toulouse Lautrec) al salvajismo boscoso de Pisarro y Courbet; sin olvidar la omnipresencia fantasmagórica de Goya o la encendida precisión analítica y simbólica de Sisley y Walter Sickert, cualquier virtuoso de las imágenes le inspiraba emulsiones experenciales. Tales influjos se materializaron en nociones regurgitadas frente al caballete y la lámina de papel, para generar una amalgama de la complicaciones conceptuales y sensitivas con la que el artista diseñó sus encendidos trabajos bautismales.

El creador nacido en Nyack cultivó una pintura más sensitiva que meramente realista
El creador nacido en Nyack cultivó una pintura más sensitiva que meramente realista

Después de este conocimiento de los cimientos de la producción de Hopper, el Thyssen se adentra en la etapa de madurez, donde confluyen los temas y las obsesiones más transitadas por este seguidor confeso de la sugerencia figurativa; siempre ajeno a la fiebre por la abstracción que albergaban muchos de sus coetáneos. De 1925 hasta prácticamente su fallecimiento, en 1967, Mr. Edward se dedicó a representar su particular perspectiva de la nostalgia humana en el siglo XX; y lo hizo con el lirismo del desencanto, sin disfraces mediáticos ni paños húmedos que suavizaran el mensaje. En sus lienzos hay emoción reflexiva, ajuste milimétrico a los detalles, monólogos en los que los modelos parecen gritar su desconsuelo, eternamente conjugados por la serenidad compositiva. Dentro de esta selva de colores cálidos, y pinceladas en pos de las debilidades de los hombres y mujeres, se yerguen pletóricos sus paisajes desérticos -a veces atrapados por la desazón de alguna figura confusa e inmanente-, sus interiores de dolorido canto, sus contrastes sublimados por una utilización perfeccionista del claroscuro, sus playas de sinuosos vacíos, sus acantilados de pétreos oleajes…

En la exhibición colaboran dos prestigiosas instituciones francesas
En la exhibición colaboran dos prestigiosas instituciones francesas

Más información, horarios y entradas en http://www.muesothyssen.org

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