Crítica de cine: Los juegos del hambre

37

En la mayoría de las ocasiones, la calidad no suele ser directamente proporcional al gusto de las masas. Para comprobarlo, solamente hay que darse un garbeo por la lista de los programas más vistos de la televisión, o por muchos de los best sellers que alcanzan cifras astronómicas en números de ejemplares vendidos. Parte de esa realidad es la que se hace patente en esta película firmada por el poco prolífico director Gary Ross (bastante más conocido como guionista que en su faceta como realizador). Avalada por la saga literaria de obligada lectura entre los adolescentes más in (en similar sintonía a otras series de confección de diseño mercantilista, al estilo de Crepúsculo), la cinta elaborada por el responsable de Pleasantville y Seabiscuit es un producto preparado especialmente para reventar las taquillas del planeta, con independencia de su más que cuestionada originalidad o de su acabado cinematográfico.

El visionado previo de Los juegos del hambre posibilita que los espectadores más enterados no puedan evitar retrotraer su memoria hacia relatos mejor construidos, como el agobiante ecosistema descrito en La fuga de Logan (la novela de William F. Nolan, al igual que el homónimo largo de Michael Anderson, planteaba una situación muy similar a la de Collins, salvo que en la trama de setentera los ciudadanos eran sacrificados por sorteo al llegar a los 30 años) o hacia los páramos salvajemente isleños de la movie japonesa Battle Royale (masacre teen en clave reality, firmada en 2000 por Takeshi Kitano). Incluso, si el cliente echa su cadena de asociaciones temáticas más allá, es posible que encuentre en The Hunger Games algo de estética a lo El quinto elemento, y residuos de envoltorio de 1984. Todo esto le sirve a Ross para grabar una obra deudora de demasiados precedentes, a los que en ningún momento consigue emular o simplemente igualar.

Pero no sería justo dilapidar sin más un producto que ha sido del gusto de miles de personas a nivel planetario. Por eso, junto a sus deficiencias, sería necesario poner en la balanza sus pretendidas virtudes. Para empezar, el equipo de Los juegos del hambre logra posicionar la película por encima de otros ejemplos, englobados en la nueva hornada de cine adolescente con ansias de provocar la ingestión multitudinaria. En este sentido, el fresco de Collins alcanza una dignidad que no se encontraba por ejemplo en ninguna de las entregas de la seguida saga vampírica de Crepúsculo. Esto se traduce en unas interpretaciones por lo menos esforzadas, y un trabajo de orquestación artística de factura considerable.

Dentro de esos efectos benéficos se podría mencionar el acertado reparto, en el que destaca el protagonismo de Jennifer Lawrence (en la piel de la atlética Katniss Everdeen). Pese a estar exagerada en no pocas escenas de la primera parte, la chica de Winter’s Bone evita el naufragio conforme evoluciona el argumento, y lo materializa tras despertar el interés por los problemas campestres en los que se halla su personaje. Ella, Donald Sutherland y Wes Bentley son de lo más notable que acontece en pantalla; mientras que Stanley Tucci, Elizabeth Banks y Woody Harrelson individualizan los peores vicios mediante su indigesto histrionismo, sin generar verosimilitud en ninguno de sus diálogos. Lo mismo puede decirse de la fallida historia de amor entre Katniss y Peeta (Josh Hutcherson), en la que los supuestos integrantes de la pareja albergan unos sentimientos light y melifluos que, más que generar el dramatismo buscado, transmiten artificialidad e incomprensión.

Por lo demás, Los juegos del hambre es un largo medianamente eficaz, que entretiene sin guardarse nada en la mochila. Ante lo cual, el público que anhele pasar un rato agradable -viendo cómo unos chicos de entre 12 y 18 primaveras se emplean a fondo en una competición mortal por la supervivencia- disfrutará; aunque con algunas reservas en esta aseveración (Ross no logra encajar el mismo grado de actividad en todas las secuencias, lo que hace que el guion presente algunos flecos en los que el tiempo se ralentiza hasta límites insospechados).

Leave A Reply

Your email address will not be published.

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Choose your language