El Guggenheim de Berlín se transforma en un moderno fabulador

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"First Woman on the Moon", de Aleksandra Mir, 1999
"First Woman on the Moon", de Aleksandra Mir, 1999

El 21 de julio de 1969, Neal Alden Armstrong se convirtió en el primer ser humano –mientras nadie dictamine todo lo contrario- en posar la planta de su bota en la superficie lunar. Por los contornos no había selenitas, ni monstruos amenazadores que pudieran arriesgar la misión del Apolo XI. Así, sin más limitación que la meramente física y orbital, el estadounidense pudo explayarse con lo del “gran paso para la humanidad”; mientras sus compañeros de nave y aventura –Michael Collins y Edwin Aldrin– aplaudían enfervorecidos ante el histórico momento.

"Whose Utopia", de Cao Fei, 2006
"Whose Utopia", de Cao Fei, 2006

Sin embargo, para muchos terrícolas los pilotos enviados por la NASA no estaban completamente solos. Tal pensamiento no solamente prendía fuegos incendiarios en las mentes de Ray Bradbury y Arthur C. Clarke –además de las de los guionistas de Expediente X-; sino que también anidó con fuerza en las telarañas de la imaginación de gran parte de los artistas que componen la muestra videográfica Once Upon A Time. Desde el próximo 8 de julio hasta el 9 de octubre de 2011, el museo Guggenheim de Berlín (Unter den Linden, 13-15) llena su espacio con las fantasías y fabulaciones de un grupo de creadores en los que el nexo de unión es su capacidad para generar historias, evocar mundos subterráneos; y, por qué no, encender la luz en la cúpula celeste que contemplaron hace aún cuarenta y un años (dentro de unas semanas se apagarán las velas del 42 aniversario) Armstrong y sus colegas.

"Dough", de Mika Rottenberg, 2006
"Dough", de Mika Rottenberg, 2006

Subtitulada con el sugerente epígrafe de Fantastic Narratives In Contemporary Video, la exposición de arte y ensayo comisariada por Joan Young se abre con la estimulante obra de Aleksandra Mir. En ella, la realizadora -con dotes excepcionales para la plasticidad en la escenografía y para pintar la realidad en un poliedro con múltiples caras y sentidos- imagina e inventa cómo habría sido el alunizaje del Apolo XI, si en el puesto de una tripulación masculina hubiera viajado un terceto de mujeres. Esto es lo que narra, de manera poética y con el lirismo de los turbadores paisajes de una playa en Holanda, First Woman On The Moon (1999), en lo que se puede atisbar una reivindicación de naturaleza más femenina que feminista, más sensitiva que política.

"First Woman on the Moon", de Aleksandra Mir, 1999
"First Woman on the Moon", de Aleksandra Mir, 1999

Sin duda, el espectador saldrá con muchas preguntas y escasas respuestas tras contemplar el montaje de Mir; una sensación de desahogo emocional e injusticia sexista que aprovecha para expandir la contundencia de su mensaje el vídeo siguiente: When Faith Moves Mountains (2002), de Francis Alÿs. En este cortometraje, cerca de quinientas personas se dedican a cavar en la arena –llevándola de un sitio a otro- que compone una montaña artificial con forma de duna, localizada en Lima (Perú). Finalmente, y después de muchos sudores y esfuerzos, la masa consigue desplazar la elevación unos diez centímetros, en lo que supone una metáfora sobre la superación de los problemas de arreglo aparentemente imposible.

Francis Alÿs, "When Faith Moves Mountains", 2002
Francis Alÿs, "When Faith Moves Mountains", 2002

Después de estos prolegómenos esperanzadores o de sueños anhelados, la exhibición se adentra en los monstruos que se esconden en las pesadillas de hombres y mujeres. Janaina Tschäpe echa mano para ello, en su Lacrimacorpus (2004), de las evocaciones más sobrenaturales de la literatura de Jorge Luis Borges; aparte de recoger las emanaciones de una célebre leyenda popular de Centroeuropa. El Lacrimacorpus Dissolvens viene a ser, según la creadora, una extraña criatura -o ente de complicada existencia- que, cuando se siente acorralada, se disuelve en el elemento acuoso a través de sus lágrimas. Según este cuento, semejante espectro habita en las inmediaciones de Buchenwald (Alemania).

Janaina Tschäpe, "Lacrimacorpus (Ettersburg III)", 2011
Janaina Tschäpe, "Lacrimacorpus (Ettersburg III)", 2011

Una vez cubiertas estas tres etapas de la muestra, Pierre Huydeh opta por regresar al enlace de conexión con la película de Mir. Un millón de reinos (2001) erige su curso narrativo en torno a una entrevistadora, que responde al nombre de Annlee; y que charla profesionalmente  -con la voz distorsionada- con el astronauta Neal Armstrong. En el transcurso de la conversación periodística, Huydeh aprovecha también para incluir algunos pasajes de la novela Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne.

Con motivo de la exposición, el museo alemán ha editado un completo catálogo
Con motivo de la exposición, el museo alemán ha editado un completo catálogo

Como postre, y para finalizar el existencialista laberinto del atractivo muestrario audiovisual, Young ofrece a los visitantes adentrarse en el universo de las fábulas infantiles; aunque lo hace con un tema tan adulto como el de las consecuencias del capitalismo salvaje. En La utopía de quién (2006), Cao Fei examina con inteligencia los efectos del liberalismo económico en los trabajadores de una fábrica instalada en el delta del Río de la Plata: la OSRAM China Lighting Ltd. Por su lado, Mika Rottenberg completa este apartado -de cuento de hadas con nómina y hechiceros vestidos con traje y corbata- con Dough (2006), un titulo que despliega una historia sobre la deshumanización de las tareas laborales en la contemporaneidad; y lo hace dando el protagonismo a diversas excreciones físicas.

El Guggenheim de Berlín incluso ha ideado un programa de las obras en formato de revista
El Guggenheim de Berlín incluso ha ideado un programa de las obras en formato de revista

Una vez que el público accede a la salida del Guggenheim berlinés, tras degustar Once Upon A Time, la sensación que queda latente es la de que la imaginación infantil no está vetada a los individuos cuando ya no llevan pantalón corto o no juegan con muñecas. Las brujas continúan bailando sobre las cabezas de los seres humanos hasta la llegada de la muerte; y las magas de varitas relucientes, de vez en cuando, se aparecen transformadas en princesas de la noche, dando la mano a las víctimas inocentes golpeadas en el cuadrilátero de la supervivencia. Porque, a fin de cuentas, pocos pueden pregonar -sin riesgo a equivocarse- que no viven en un continuo e interminable cuento del siglo XXI esbozado por los Grimm, Christian Andersen o Perrault.

Más información, venta de entradas y horarios en http://www.deutsche-guggenheim-berlin.de

Nota.- Las fotografías para este artículo tienen el copyright del Museo Guggenheim de Berlín, la Fundación Solomon R. Guggenheim y de los autores de las piezas expuestas.

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