Series míticas: Los Mallen

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Granada Television adaptó tres de las novelas de Catherine Cookson en 1979 y 1980
Granada Television adaptó tres de las novelas de Catherine Cookson en 1979 y 1980

Un mechón blanco en el cabello dibujaba la marca del diablo que perseguía  a los descendientes de Sir Thomas. El decimonónico aristócrata era un hombre degenerado y dado a los excesos, cuya crueldad tenía atemorizados a todos los habitantes de sus posesiones situadas en Northumberland (Inglaterra). Los genes que transmitía estaban destinados a la autodestrucción prematura: así había sido en el pasado, y de la misma manera sería en el presente y el futuro. Ahogado en su pecaminosa existencia, el clan que protagonizó la saga novelada más célebre de Catherine Cookson (Tyne Douk, South Shields, U.K, 1906- Londres, 1998) fue objeto de dos exitosas minieries de televisión, rodadas en escenarios naturales, en 1979 y 1980.

Los textos de The Mallen Streak, The Mallen Girls y The Mallen Litter se convirtieron en la base argumental de una producción de Granada Television que –bajo el título globalizador de Los Mallen– intentó recuperar para la pequeña pantalla made in Britain parte de los laureles obtenidos por la competencia con Poldark, de la BBC. Unas obras de carácter romántico y pasiones encontradas como las de Cookson, con intrigas familiares y odios enraizados a través de las décadas, parecían el vehículo adecuado para volver a seducir a los espectadores con una apasionada recreación del pretérito anglosajón, acentuado por los páramos sombríos y los paisajes tormentosos. Con ese planteamiento, los responsables del serial contrataron a Jack Russell, uno de los guionistas originales de las aventuras de Ross Poldark que también había brillado como autor de la genial Devil’s Crown. Tal control de la situación, animó a los financieros de Granada Tv a lanzarse a la piscina, para presentar al personal el nuevo hit a seiscientas veinticinco líneas horneado en Reino Unido. Y no se equivocaron del todo en las previsiones.

Es cierto que Los Mallen no alcanzó la fama de Poldark, pero las peleas ideadas por la narradora de The Black Velvet Gown sí concitaron a una buena legión de seguidores, que sufrieron como en sus propias carnes los padecimientos de las víctimas de Donald, Thomas y Barbara. Durante los trece capítulos –de una hora de duración cada uno- en los que se dividió la propuesta, la audiencia no defraudó a los ejecutivos de la cadena, que alcanzaron una más que interesante cuota de pantalla.

El asunto empezaba fuerte desde el episodio inicial. En una de las primeras escenas, una mujer era violada por el gigante Sir Thomas. Fruto de esta vil acción nacía un vástago: Donald, cuyo oscuro origen se erigía ufano en forma de un mechón blanco coronando su melena azabache. En los tiempos del siglo XIX -en los que se desarrollaba la trama- era casi imposible denunciar a un terrateniente por semejante acto; por lo que los Radlet criaron al muchacho bajo su seno, junto al hijo natural de estos: el dulce y bondadoso Matthew.

No obstante, el castigo por sus maltratos le iba a llegar a Thomas Mallen, cuando su heredero legal le despoja de su casa y tierras. Solo y abandonado, el hombre acaba recluído en un pequeño cottage, en compañía de sus sobrinas (Barbara y Constance Farington) y de la institutriz de las chicas, Anna Brigmore. Sin embargo, la maldad continúa constante en el aristócrata; algo que transmitirá a sus incautas y jóvenes parientes y a las relaciones amorosas de estas con los muchachos Radlet (Donald y Matthew).

Sin muchos actores de renombre en su reparto, el elenco dramático escogido por Richard Martin, Mary McMurray, Brian Mills y Roland Wilson estuvo compuesto de intérpretes que parecían ser los alter egos perfectos de sus personajes. Para empezar, el esbelto John Hallam (Lisburn, Irlanda del Norte, 1941- Clifton, Oxfordshire, Inglaterra, 2006) se hizo cargo de Sir Thomas, antes de que su rostro adquiriera notoriedad internacional a través de filmes como Flash Gordon, El príncipe de los ladrones y El dragón del lago de fuego. Liderazgo veterano en el que le acompañaron Caroline Blakiston (la actriz que encarnó a la Srta. Brigmore tiene un abundante currículum de papeles secundarios, en títulos como El retorno del jedi y Scoop) y la entonces prolífica June Ritchie (como Constance Farington de mayor). En cuanto a la parte más juvenil del equipo artístico, los creadores del casting optaron por John Dutine (en la piel de Donald Radlet; algo que le favoreció para formar una carrera en la tele con recordadas apariciones en Toda una mujer y Midsomer Murders), Pippa Guard (perteneciente a una saga dedicada a los escenarios, la escocesa dio vida a Barbara Farington, antes de mostrar su físico en Scarlett y la película Un trabajo no apropiado para mujeres), Ian Saynor (el galés se convirtió en un sex symbol tras su materialización del rubio Matthew Radlet; posteriormente se le ha podido ver en Doom Castle o, más recientemente, en Los Tudor), Julia Chambers (nacida en Bristol en 1956, la bella Constance Farington ha frecuentado las producciones televisivas más diversas, desde Poirot a la versión de 1981 de Sentido y sensibilidad), Juliet Stevenson (la encargada de meterse en la desquiciada psique de Barbara Mallen es quizá la que más fama ha logrado con posterioridad, gracias a su labor en largos como Quiero ser como Bekham y La sonrisa de Mona Lisa) y el tristemente malogrado Gerry Sudquist (el atractivo Michael Radlet tenía todo para triunfar, pero un misterioso suicidio, en una estación de tren en 1993, truncó con su currículum cuando apenas contaba 37 años de edad).

Todos ellos dieron alas a Los Mallen: un folletín de altura que marcó una época de “grandes relatos”, jornadas de disfrute mediático en el salón -en color o en blanco y negro- que fundían, con inusitada y envidiada soltura, el placer por los libros y por sus historias versionadas en formato audiovisual.

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