Cunqueiro, o la fuerza de la fantasía

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Una reedición de sus obras destaca entre los actos programados
Una reedición de sus obras destaca entre los actos programados por su centenario

Periodista con miles de sombras a su alrededor; inventor de sueños medievalistas; trovador de raíces celtas enjauladas en caseríos oscuros, siempre teñidos por los nubarrones existencialistas de un norte añorado, refugio de palabras en completa libertad… Estas y otras muchas hebras de fino encaje compusieron el uniforme creativo del inmortal Álvaro Cunqueiro Mora (Mondoñedo, Lugo, 1911- Vigo, 1981).

Un siglo después de su nacimiento, la Biblioteca Castro saca a la venta una completa recopilación de sus obras en castellano más relevantes y laureadas, en un intento por mostrar la riqueza redactora de este prolífico hombre, al que se acusó de muchas cosas y que, en todo momento, supo defenderse de sus defenestradores por medio de sus geniales textos, normalmente acompañados de un aura imaginativa -como de incipiente realismo mágico- ajena a los vaivenes de las modas literarias y de los estilismos más demandados. La edición que se presenta estos días, y que coincide con los numerosos homenajes de los que será objeto el antiguo director del rotativo El Faro de Vigo, está compuesta por dos extensos volúmenes, prologados convenientemente por el periodista Miguel González Somovilla. El cuidado díptico pretende erigirse como una especie de fuente esencial relativa a la producción del escritor lucense, en la que sus surtidores recogen el caudal desbordado en novelas como Merlín y familia, Las crónicas del sochantre, Las mocedades de Ulises o Flores del año mil y pico; a la vez de hacerlo también por los intrincados fluidos de la poesía (Elegías y canciones) y del teatro (Rogelia en Finisterre).

Estudiante en su juventud de Filosofía y Letras, en la Universidad de Santiago de Compostela, Cunqueiro se mostró muy pronto seducido por el periodismo, una profesión que le acercaba a una realidad que, muy a su pesar, no se convertiría en la materia prima de las páginas construidas por su fantasiosa mente. Tal vez, esta vena o gusto por la imaginación sin cortapisas le viniera de su dedicación inicial a la poesía, en la que estableció el intenso amor por el idioma gallego a través de los versos reglados en libros como Mar ao norde (1932), Poemas do si e do non (1933) y Cantiga nova que se chama Riveira (1933). Eran tiempos en los que don Álvaro departía con soltura, entre humos de fogones y seductores aromas torrefactos, junto a gente como Gonzalo Torrente Ballester y Francisco Fernández del Riego, habtitualmente en una mesa del compostelano Café Español.

Pero la aparente felicidad de la bohemia acabó con el estallido de la Guerra Civil Española, un conflicto en el que el autor de Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca (cuyo título puede remitir vagamente a La saga fuga de JB, de su colega Ballester) se alió con el bando nacional. Adscrito al partido falangista, las ideas del natural de Mondoñedo le abrieron las puertas de los medios de comunicación del régimen; motivo por el que viajó a Madrid, donde trabajó en el diario ABC. Sin embargo, Cunqueiro no era de los que seguía con los ojos cerrados los dictados de organización alguna, y en 1943 abandonó el seno de la formación de José Antonio Primo de Rivera, para realizar su tarea sin los acomodaticios reclamos del gobierno de Franco. Esto le supuso la retirada del carné de periodista; aunque los amigos que fue ganando en su camino profesional le ayudaron a ejercer como colaborador habitual en cabeceras del estilo de El Progreso.

Tal fue la calidad de su labor que, en 1965, el cerebro de Un hombre que se parecía a Orestes (Premio Nadal en 1968) fue nombrado director de El Faro de Vigo, cargo que detentó hasta 1970. A la par, el informador ingresó en la Real Academia Gallega en 1961.

Exportador de la cultura galaica y fiel defensor de su gastronomía (publicó algunos de los mejores recetarios de su cocina), don Álvaro Cunqueiro es recordado en la fecha en que cumpliría cien inviernos (alumbró su existencia un mes diciembre) como un inmenso y prolífico escritor, cuya literatura tiene la particularidad de generar visiones suspendidas en el abismo casi surrealista de la psique humana. Un puñado de relatos de tradición boscosa y legendaria que permiten a los lectores volar por encima de la rutina, y evadirse de la insoportable pesadez del aburrimiento adocenado por falsos  intelectualismos de postín.

Más información en http://www.fundcastro.com

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